Ginger y Greg querían vivir viajando a tiempo completo y llegar con casa rodante a los lugares más remotos del planeta que pudieran encontrar, como cuentan en su perfil de @drivetoadvertures. Para ello, se hicieron su primera camper con una Ford F-350, pero apenas llevaban una semana en carretera cuando se dieron cuenta de que no iba a funcionar: la pick-up llevaba demasiado peso.
Después pasaron a una Ford F-550 con plataforma a la que le pusieron el almacenamiento debajo, pero tampoco funcionó, pues su centro de gravedad era demasiado alto. Al final, tras tres años planificando su nueva vida dieron con la solución perfecta casi por casualidad: una ambulancia que compraron a ciegas y que se convirtió en la overlander definitiva.
Una ambulancia que salvó miles de vidas en plena pandemia de COVID
Como contó la pareja a FLORB en un extenso reportaje sobre el proyecto en 2021, tras dos intentos fallidos de su camper soñada sobre la base de una pick-up, decidieron buscar una plataforma diferente. Y tanto, porque la elección fue una ambulancia Freightliner FL60 de 2002 con motor Cummins de 8,3 l, transmisión Allison y sistema 4x4 Marmon-Herrington (con diferencial delantero) a la que llamaron ‘Ross’.
Supieron de ella mientras estaban en cuarentena en México durante la pandemia, se atrevieron a comprarla sin verla en persona y antes de volver a EEUU pasaron tres meses trabajando con CAD para diseñar posibles distribuciones para su habitáculo. La pareja quería reunir en menos de 7,62 metros, un baño completo, cocina, cama, comedor, depósitos para 379 litros de aguas limpias, y climatización alimentada por energía solar.
La ambulancia resolvía además el problema que habían encontrado con las dos pick-ups, ya que Ginger y Greg buscaban una plataforma con buena capacidad todoterreno, espacio para almacenar equipamiento y, sobre todo, un centro de gravedad bajo. En el reportaje, explican que este tipo de ambulancia les pareció ideal, ya que estos vehículos son sometidos a pruebas de choque y vuelco y que permitían aprovechar espacios de almacenamiento situados bajo los largueros del chasis sin alterar su estabilidad.
Aparte, a Ross le sumaron llantas y neumáticos de especificaciones militares Continental MPT 81, recolocaron el escape para ganar altura libre al suelo y sustituyeron el pequeño depósito original, que sólo les permitía unos 320 km de autonomía, por depósitos nuevos.
La parte trasera también está diseñada para el uso fuera del asfalto: Ginger hizo a media una estructura que sirve para llevar la rueda de repuesto, bicicletas, cajas de almacenamiento, un kayak y el aire acondicionado mini split. Sólo la rueda pesa alrededor de 136 kg, por lo que Greg instaló un cabrestante manual para poder retirarla si hace falta. También llevan planchas de recuperación en el paragolpes y espacio para herramientas y piezas de repuesto.
La diferencia respecto a su anterior camper era evidente para Ginger: “En nuestra anterior camper podíamos sentir cómo el peso situado arriba hacía que el vehículo se movía de lado a lado. Aquí hay mucho menos miedo a acabar cayendo por un precipicio”.
1.200 W solares para vivir sin propano ni generador
Entre los elementos más peculiares más peculiares de ‘Ross’ está el sistema eléctrico, diseñado y hecho por Greg, que lleva dos baterías Tesla (con su sistema de gestión y protección de las celdas), cuatro paneles Grape Solar que suman 1.200 W, un cargador-inversor y convertidores DC-DC.
En concreto, el sistema trabaja con baterías de 24 V y 932 Ah equivalentes en un sistema de 12 V, según explica Greg, y puede cargar también durante la marcha. “No tenemos propano, ni generador, todo funciona con energía solar”. Con esa instalación pueden alimentar una placa de inducción de 1.800 W, aunque sus dos zonas funcionan a un máximo de 1.000 y 800 W respectivamente, además de un horno-freidora de aire, frigorífico y congelador Isotherm y un pequeño microondas.
El aire acondicionado es un Pioneer mini split de 9.000 BTU (unos 2,6 kW de capacidad frigorífica), y cuentan que normalmente lo utilizan en modo deshumidificación: consume unos 200 W y permite mantener el interior en torno a 22 ºC. Para el agua (sólo de aguas limpias llevan 379 litros) instalaron un sistema de filtrado de tres etapas y otro ultravioleta, un calentador que puede aprovechar el calor del refrigerante del motor y electricidad, y depósitos colocados para no elevar innecesariamente el centro de gravedad.
Para el frío instalaron un calefactor diésel y suelo radiante de 24 V, mientras que el propio aire acondicionado incorpora una bomba de calor que pueden utilizar cuando disponen de suficiente energía solar.
Una casa diseñada para recibir golpes
En cuanto al diseño y la distribución a bordo, la ducha ocupa un espacio que apenas utilizaban y el plato está integrado unos 15 cm en el suelo para ganar altura. Las paredes son de plástico HDPE, el inodoro es un Airhead seco y el espacio destinado a la ropa tiene acceso tanto desde dentro como desde fuera.
En la cocina, la despensa extraíble lleva cierres para impedir que se abra en marcha, mientras que el horno y el microondas también pueden deslizarse hacia fuera para facilitar su ventilación. “Cuantos menos cajones y puertas móviles haya, menos elementos pueden romperse circulando por pistas”, explican. El comedor está elevado unos 35 cm, y funciona también como oficina para los dos: las grandes ventanas de doble acristalamiento permiten trabajar con vistas al exterior y, cuando llega la hora de dormir, la mesa baja eléctricamente hasta convertirse en la cama principal.
El colchón tiene unos 18 cm de grosor y bajo él instalaron un sistema de poleas para favorecer la circulación de aire y evitar la aparición de humedad; y para ver la tv desde la cama, está montada sobre un soporte que puede subir y bajar. En el resto del habitáculo, los objetos están sujetos con velcro o retenidos mediante pequeños rebordes para que permanezcan en su sitio cuando ‘Ross’ abandona el asfalto.
Seis meses y medio para terminarla
La transformación completa duró seis meses y medio, trabajando por las noches y durante los fines de semana. En cuanto a la inversión para semejante proyecto, su presupuesto inicial era de menos de 60.000 dólares (unos 52.000 euros), aunque al final terminó costando 65.000 dólares o alrededor de 56.000 euros.
El proyecto fue especialmente exigente para Ginger: “Para mí, la parte más difícil fue tener paciencia”. También reconoce que, si tuviera que repetirla, no intentaría terminarla en ese tiempo ni volvería a trabajar 12 horas todos los días porque el proceso fue emocionalmente agotador.
Su objetivo final estaba claro y parece que se ha cumplido, que era conseguir una vivienda capaz de acompañarlos durante viajes cada vez más extremos: “Estamos convencidos de que puede llevarnos hasta Sudamérica”, dijeron tras terminarla. Pero vivir viajando también implica trabajar dentro de la ambulancia, pasar días encerrados por el mal tiempo o acabar durmiendo en un aparcamiento del super de turno.
Por eso recomiendan visitar ferias y eventos especializados en camper antes de lanzarse a una transformación de este tipo y, si es posible, alquilar una y hacer un viaje largo para descubrir qué necesidades son realmente imprescindibles para cada uno. ‘Ross’ por ejemplo, es la respuesta de Ginger y Greg a un problema muy concreto: llegar más lejos sin renunciar a tener las comodidades de una casa.
Imágenes | FLORB, @drivetoadventures
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