Ni aire acondicionado ni paneles solares: con este truco español 340 casas dejaron de ser un cocedero sin gastar un euro en luz

La solución es tan antigua y sencilla que se utiliza en todo el Mediterréano desde la antigüedad.

Filadelfia Techos Blancos
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Daniel Murias

Las casas adosadas del norte y oeste de Filadelfia, zonas con algunas de las rentas más bajas de la ciudad, fueron reformadas para que no fueran hornos en verano de una manera muy poco sofisticada.

Nada de paneles solares y sin reformas dignas de redes sociales. Solo pintura blanca sobre la tela asfáltica negra que cubre habitualmente los tejados de esas casas. Entre 2001 y 2003, sencillamente se pintaron los tejados de blanco. Y funcionó.

La solución más sencilla y barata para el resultado más eficaz

El proyecto piloto, llevado a cabo por la Energy Coordinating Agency (ECA) de Filadelfia, abarcó unas 340 viviendas de personas mayores y bajos ingresos. La idea era sencilla, bajar la temperatura ambiente de los pisos situados justo debajo de los techos. 

Los resultados no se hicieron esperar. En las habitaciones situadas bajo los desvanes, sin usar el aire acondicionado, la temperatura del aire descendió unos 2 ºF, cerca de 1,1 ºC, mientras que las temperaturas de superficie de los tejados, que absorben directamente la luz solar, disminuyeron entre 4 y 5 °F, aproximadamente 2,2-2,8 °C.

White Roofs 1

Sin embargo, la cifra más elocuente es la económica. Cada hogar redujo su consumo eléctrico relacionado con el aire acondicionado en unos 560 kWh al año. Para una intervención limitada a la aplicación de un revestimiento reflectante sobre un tejado existente, la relación entre el coste y el beneficio es difícilmente igualable.

El cómo es posible responde a una propiedad física sencilla y que se conoce desde la antigüedad. Cuando la radiación solar incide sobre una superficie oscura, esta la absorbe en su mayor parte y la convierte en calor. Una superficie blanca o muy reflectante, en cambio, devuelve gran parte de esa radiación hacia la atmósfera sin llegar a transformarla en calor. 

Esta propiedad se mide con el albedo, un valor entre 0 y 1 que indica qué fracción de la radiación incidente refleja una superficie. Cuanto más se acerca a 1, mayor es su capacidad reflectante.

La experiencia de Filadelfia no fue un caso aislado. Ya en 1995, el Florida Solar Energy Center aplicó un revestimiento acrílico blanco en el tejado de una escuela de Cocoa Beach, con una reducción de consumo de 13.000 kWh al año siguiente y una disminución del 10 % en la demanda eléctrica punta. 

Por su parte, el Lawrence Berkeley National Laboratory midió en tres edificios comerciales de California que un albedo elevado de 0,20 a 0,60 podía hacer bajar la temperatura del tejado de unos 79 a 49 grados Celsius, con ahorros en aire acondicionado de hasta un 18 % en uno de los casos.

Investigadores como Arthur Rosenfeld, Hashem Akbari y Surabi Menon ampliaron después la reflexión a escala planetaria. Según sus estimaciones, aumentar el albedo de los tejados y las calzadas urbanas en el mundo podría producir un efecto radiactivo equivalente a compensar 44.000 millones de toneladas de CO₂, una equivalencia climática teórica, no un volumen de carbono realmente retirado de la atmósfera.

El método no está exento de limitaciones. Los tejados blancos se ensucian y pueden perder hasta un tercio de su reflectividad en pocos años, lo que obliga a un mantenimiento regular. En climas fríos, la reducción de la absorción solar invernal también puede perjudicar el balance energético global. Y un tejado frío no significa necesariamente blanco: existen membranas y pigmentos que combinan alta reflectancia solar y fuerte emisión térmica en tonos variados.

Aun así, la lección de esos 340 alojamientos sigue siendo de una simplicidad aplastante. Antes de instalar más aire acondicionado para evacuar el calor que ha entrado en un edificio, existe una opción más sencilla, impedir que se genere ese calor.

Imágenes | TET, Arkema

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