Fabricar un coche que no se quedase obsoleto en mucho tiempo. Ese era el objetivo de Henry Ford con el Model T para que sus clientes no tuvieran que comprar otro de forma innecesaria.
Su competencia tenía una visión completamente distinta del negocio y es la que se acabó imponiendo, pero, 100 años después, con una crisis de recursos y la sostenibilidad en la mente de todos, puede que Henry Ford tuviera razón.
La espiral del consumismo que intentó evitar Henry Ford
En pleno 2026, tenemos asumido, nos guste o no, que todo está hecho para que pasemos por caja. Ya sea por obsolescencia programada o por moda, lo habitual es que la mayoría de la gente compre cosas, las use durante un tiempo y las guarde o las tire para comprar algo más nuevo.
Pasa con los teléfonos móviles, con la tecnología en general, con la ropa e incluso con los coches, especialmente ahora que se quedan desfasados en tiempo récord, sobre todo los eléctricos porque enseguida llegan opciones mucho más capaces en todos los sentidos.
Obviamente, las que ganan con esto son las empresas, pero no siempre ha sido así. Hace poco más de 100 años, Henry Ford, tenía una mentalidad completamente distinta: su objetivo era hacer coches para que durasen y no se tuvieran que sustituir por otros nuevos con el paso del tiempo.
Como cuenta su biografía, ‘Mi vida y mi trabajo’, el fundador de la marca estadounidense y padre de la industria moderna gracias a la cadena de producción que implantó para fabricar en masa el Ford Model T, lo que pretendía con ese coche es que fuese tan bueno y tan duro que sus dueños no tendrían que tener la necesidad de sustituirlo.
“Es mi ambición que cada pieza de maquinaria que produzca esté tan bien hecha que nadie tenga que comprar una segunda. Quiero construir una máquina que dure para siempre”, dijo Henry Ford.
Para entender esta forma de ver las cosas, hay que pensar que Henry Ford consideraba que el automóvil era una herramienta más, como un martillo. Cuando te compras un martillo, solo esperabas que te dure mucho tiempo y no piensas en cambiarlo cuando veas uno más moderno o de un color más llamativo.
Ford creía que el automóvil debía ser lo mismo y que, sencillamente, debía ser útil, no estar sujeto a las modas. Prueba de ello fueron los 19 años que estuvo en producción el Ford Model T; a lo largo de ese tiempo, Ford mejoró constantemente el Model T, pero todas las mejoras que introducía estaban pensadas para ser compatibles con las versiones anteriores de este modelo, de manera que las actualizaciones no dejaban desfasadas a las unidades anteriores.
Pero, una cosa era lo que pensaba Henry Ford, y otra lo que pensaba el resto del mundo. En la competencia, es decir, en General Motors, el presidente de la compañía, Alfred P. Sloan, tenía una idea completamente distinta a la de Ford. A partir de 1923, decidió introducir cambios frecuentes en sus coches, incluidas actualizaciones de diseño, para dejar obsoletos los modelos anteriores e incentivar a sus clientes a cambiar de coche rápidamente.
Al mismo tiempo, el mundo cambió para siempre cuando unos fabricantes de bombillas se reunieron en 1924 y decidieron que las bombillas que fabricaban no debían durar para siempre, sino que tenían que estropearse cuando tuvieran cierto tiempo de uso para que los clientes comprasen bombillas nuevas. Estaban inventando la obsolescencia programada y yendo completamente en contra de la filosofía de Henry Ford.
Ahora, tenemos claro que la idea de Sloan es la que acabó triunfando. Es más, hoy en día, esa filosofía sigue plenamente vigente. Ahora no nos venden cosas hechas para durar, el objetivo es que se queden desfasadas rápidamente para que consumamos más. Da igual que te compres el smartphone más potente del momento: en un año (o menos), habrán lanzando un modelo más potente y más capaz para dejar al anterior desfasado y no son pocos los que están dispuestos a pasar por caja para tenerlo.
Los coches no son una excepción. Ya sea porque han lanzado un restyling, porque no recibe actualizaciones de software y el multimedia se queda desfasado o, en el segmento eléctrico, porque llega una variante con más autonomía, carga más rápida y mejores prestaciones, los modelos actuales se quedan obsoletos más rápido que nunca.
Ojo, también se aplica a la postventa. Antes, se podía arreglar un faro cuando se rompía. Ahora, si un faro LED se avería, hay que sustituirlo por uno nuevo porque no tiene arreglo o porque arreglarlo cuesta más que comprar uno nuevo.
Paradójicamente, somos conscientes de que los recursos en el planeta son limitados y de que el consumismo no hace ningún bien al medioambiente. Desde el punto de vista de la sostenibilidad, la filosofía de Henry Ford es perfecta, pero las marcas no lo ven de esa manera porque supondría rebajar sus beneficios.
Imágenes | Ford
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