No existe una respuesta única a la hora de designar el mejor carro de combate del mundo, ya que los escenarios, las amenazas y las doctrinas militares varían notablemente. Sin embargo, desde hace años un modelo es la referencia para militares y expertos: el Leopard 2 alemán, primo hermano del Leopard 2E español.
Está diseñado para misiones en el contexto europeo y combina una gran movilidad con una logística relativamente eficiente. Su motor diésel, un V12 biturbo de 1.500 CV, facilita el mantenimiento y el suministro en campaña, lo que lo hace especialmente adecuado para operaciones prolongadas y su empleo en terrenos variables, desde zonas urbanas hasta áreas boscosas.
Leopard 2E: ADN alemán, fabricación española
España necesitaba un carro de combate de primera línea cuando en marzo de 1994 el Ministerio de Defensa puso en marcha el Programa Coraza. El objetivo era modernizar unas unidades acorazadas que arrastraban material obsoleto frente al resto de ejércitos de la OTAN. El 9 de junio de 1995 España y Alemania firmaron el memorando que sentó las bases de la operación, y en 1998 se cerró el contrato definitivo por 219 vehículos.
El Leopard 2E parte del Leopard 2A6 alemán, aunque incorpora la coraza de cuña adicional del Leopard 2A5 en la torreta, integrada de fábrica y no añadida después del montaje. Ese blindaje eleva el peso del carro de combate hasta las 63 toneladas, por encima de las variantes germanas equivalentes. La producción arrancó en diciembre de 2003 en la planta de Santa Bárbara Sistemas en Alcalá de Guadaíra, en Sevilla, bajo licencia de Krauss-Maffei Wegmann, y se completó en 2008 tras 2,6 millones de horas de trabajo. Alrededor del 60% de cada unidad se fabricó con componentes españoles.
Hoy el Ejército de Tierra dispone de 239 Leopard 2E repartidos entre las brigadas Extremadura, Guadarrama, Guzmán el Bueno y Aragón, y la planta sevillana sigue siendo el centro de excelencia para su mantenimiento integral, un proceso que la compañía denomina F10 y que supone desmontar cada vehículo hasta separar torre y barcaza.
El corazón ofensivo del Leopard 2E es el cañón L55 de 120 mm de ánima lisa de Rheinmetall, con capacidad para adoptar munición de nueva generación. Comandante y artillero cuentan con visores térmicos idénticos integrados por Indra y Rheinmetall Defense Electronics, mientras que el sistema de mando y control LINCE, obra de Indra, gestiona la información táctica del carro.
Dentro del actual programa de modernización se contempla sustituir este cañón por un L55A1 mejorado, con mayor rendimiento contra blindajes avanzados.
Escudo de la OTAN. Desde 2017 España mantiene un contingente en Letonia dentro de la misión de Presencia Avanzada Reforzada de la Alianza, integrado en la Brigada Multinacional que lidera Canadá. El aporte español supera los 600 militares, con Leopard 2E, vehículos Pizarro, artillería de campaña, una unidad de ingenieros y un sistema antiaéreo Nasams.
Ejercicios como Forge, Resolute Warrior u Oak Resolve sirven para probar la interoperabilidad del carro español junto a aliados que despliegan sus propias versiones del Leopard 2, caso de Canadá con el 2A4M o Polonia con el 2PL.
Desde la guerra en Ucrania, el Leopard 2E ya no será el mismo
Desde 2023, el gobierno federal alemán ha entregado 18 tanques Leopard a Ucrania procedentes de sus propios arsenales. Aunque el tanque sigue siendo un elemento esencial para las fuerzas armadas ucranianas, un informe del Ministerio de Defensa alemán reveló el año pasado que los soldados ucranianos tenían dificultades con el Leopard 2.
Aunque se considera un vehículo de alto rendimiento, su diseño complejo hace que las reparaciones en el campo sean muy difíciles, por lo que los vehículos dañados suelen trasladarse lejos del frente, e incluso al extranjero, según informaba el diario británico The Telegraph.
Además, los pocos sistemas entregados son vulnerables a los ataques con drones y a veces se utilizan únicamente como artillería, algo que hacen también los rusos. Según el informe, el Leopard 2 fue ideado para un uso en combate con apoyo aéreo, siguiendo la doctrina de la OTAN heredada de la Guerra Fría, algo que en Ucrania no se consigue.
Además, sufre de los mismos problemas que otros tanques occidentales, como el Abrams, el Challenger 2 o el Leclerc francés. A saber, un mantenimiento complejo y caro, a pesar de usar un motor diésel y no una turbina de gas como el Leclerc o el Abrams, así como una logística igualmente compleja lo que limita su disponibilidad en combate.
Leopard 2E en los ejercicios Trident Juncture 2015.
Así, la guerra en Ucrania ha cambiado las prioridades del programa de modernización del Leopard 2E. Fuentes del sector consultadas por El Confidencial Digital reconocen que hasta hace poco las mejoras se orientaban al combate urbano, pero el conflicto en Ucrania ha demostrado que la movilidad, el sigilo y la protección activa son ahora determinantes en espacios abiertos, donde ser detectado equivale a ser destruido.
El Ejército de Tierra ya ha probado en el campo de maniobras de San Gregorio el radar Nemus de Indra, que dota a los Leopard de protección activa frente a drones y proyectiles.
El plan de actualización se estructura en fases. La primera busca resolver la obsolescencia y llevar al carro a la configuración 2E M1, con capacidad operativa inicial prevista para 2029. La segunda preinstalará sistemas de protección activa y una estación de armas remota, acercando el Leopard 2E al estándar 2A7. La tercera contempla 60 módulos de misión hasta alcanzar el estándar 2E M2+, con plena capacidad operativa en 2032.
En paralelo se estudia la compra de entre 50 y 60 unidades del Leopard 2A8, la versión más actual, ya equipado con el sistema de protección activa Trophy, para formar un batallón completo. El tanque que defendió el flanco este de la OTAN durante casi una década se prepara así para una guerra muy distinta a la que justificó su llegada a España.
Imágenes | Ejército de Tierra, Allied Joint Force Command Brunssum
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