El mayor fracaso oculto de Henry Ford: una enorme ciudad en el corazón del Amazonas con normas de Michigan que terminó con 'el motín de las cacerolas'

  • Impuso el horario de las fábricas y la comida de EEUU o férreas normas sociales a los trabajadores brasileños. También desoyó las indicaciones de los botánicos locales

  • Revueltas y plagas acabaron con el sueño utópico de Ford: la ciudad de Fordlandia duró 17 años

Fordlandia Ciudad Ford Brasil 2
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Alejandra Otero

Henry Ford ha escrito su nombre en la historia por revolucionar la industria de automóvil con la fabricación masiva. Acuñando el término y sistema de producción fordismo, popularizó los coches, que pasaron de producto de lujo a bien de consumo para la clase media. 

Pero este término económico también se asocia a disruptivas ideas sociales. Estandarizó el fin de semana imponiendo las jornadas de cinco días en sus fábricas y dobló el salario mínimo a sus empleados. Decisiones que no tomó pensando en los derechos de los trabajadores, sino para alimentar la rueda del capitalismo. Aunque lo más loco de su legado fue construir una ciudad en el Amazonas: Fordlandia. Una utopía colonialista nacida por y para la marca del óvalo que fue su gran fracaso.

Utopía industrial en el Amazonas para fabricar neumáticos

Sí, Fordlandia fue una ciudad real. Hoy varios de sus edificios y calles aún siguen en pie, aunque ha acusado el paso del tiempo y los saqueos. Como lo de inventarse el fin de semana o pagar el doble a los empleados de sus factorías, el motivo de Ford para crear esta urbe en medio de la nada fue puramente económico. En este caso, una materia prima esencial para la producción de coches: el caucho. 

Pero extrapolar el ideal industrial de la cadena de montaje a la naturaleza salvaje, y además imponer sus usos y costumbres a una cultura diametralmente opuesta, no salió bien.

Fordlandia

Independencia del caucho europeo. En la década de los 20, Ford Motor Company ya era una consolidada empresa cuyas fábricas daban salida en masa a automóviles, empezando por el Ford T. Para concebir vehículos como rosquillas, se había asegurado suministro de materiales como el metal, el vidrio, la madera o textiles. Pero su gran talón de Aquiles era el caucho, necesario para los neumáticos o componentes como mangueras, válvulas o juntas.

En aquel entonces el monopolio del caucho lo ostentaba Gran Bretaña, con la producción colonial de Sri Lanka. Para significaba significaba plegarse a las reglas de comercio europeo: aceptar sus tarifas y costes de importación. En resumen, le salía caro. Así que el bueno de 'Crazy Henry', como le conocían sus vecinos en sus años de juventud, se quiso asegurar asegurar el suministro de látex para fabricar su propio caucho. 

El magnate puso sus ojos en la selva amazónica de Brasil, de donde era originario el Hevea brasilensis, también conocido como árbol del caucho pues de su savia se obtiene su materia prima: el látex. Aunque en esos momentos la producción era esencialmente asiática, a finales del siglo XIX y principios del XX, las plantaciones del Amazonas cubrían más del 90 % de la demanda mundial.

Fordlandia Plantación de caucho en Fordlandia

Un pedazo de selva por 125.000 dólares. El plan de Ford fue pues cultivar el árbol de caucho en su región autóctona, buscando revivir la producción brasileña entonces de capa de caída (exportaba solo un 2,3 % del caucho sobre la década de los 20). Algo que a los políticos locales le pareció estupendo: el magnate norteamericano reactivaría la economía brasileña. La idea de Ford no se limitó a meras plantaciones: crearía una ciudad cuyos habitantes serían trabajadores de la  industria del caucho. Una utópica urbe basada en ideales y valores occidentales en pleno Brasil, con mano de obra brasileña y dirigida por norteamericanos. 

Suena a colonialismo capitalista y así fue: Ford lo calificó como una "obra de civilización". "No vamos a Sudamérica a ganar dinero, sino a contribuir al desarrollo de esa tierra maravillosa y fértil", declaró un año después de comprar los terrenos. En 1927 el empresario de Michigan se plantó en el norte de Brasil y, tras negociar con la autoridades del estado de Pará, se hizo con un terreno de 14.600 km² a orillas del Tapajós, un afluente del Amazonas. Pagó 125.000 dólares, lo que se tildó entonces de mal negocio. A la larga, lo fue aún más.

Una ciudad 100 % norteamericana en pleno Amazonas

Fordlandia

Forlandia se asentó en una colina, para evitar que las posibles crecidas del río arruinaran las plantaciones. Pero transportar los materiales para concebir sus edificios y dependencias fue arduo y complicado, estando el río a menudo intransitable. Llegaron en 1929 y entonces empezó el diseño urbanístico de esta ciudad occidental en el Amazonas: la batuta la llevó el noruego Einar Oxholm, que definió y supervisó la construcción sus calles de cuadrícula.

El trabajo Oxholm terminó a finales de 1930, y a la par se fueron levantando los edificios. La ciudad de Ford, como cualquier urbe, se distribuía en viviendas y edificios de uso público, además de la fábrica de caucho y la plantación, claro. 

Centro, periferia y clases sociales. En lo que toca a residencias, siendo las viviendas gratuitas para directivos y empleados, había dos zonas en Fordlandia. Los altos cargos estadounidenses vivían en un área central y elevada, llamada American Village, con casas estilo suburbio norteamericano y comodidades como agua corriente. La de los trabajadores brasileños, que se afanaban en la plantación, era Villa Brasileira: desplazada en una suerte de periferia, siendo más humilde y con un pozo para disponer de agua potable. Diferencias de clase.

Fordlandia

Fordlandia equipaba de múltiples dependencias, propias de una ciudad norteamericana: escuelas, restaurantes, comercios, un hospital, piscinas, y hasta un salón que hacía las veces de cine y centro de baile o un campo de golf. Así como esenciales de suministro, desde un edificio con generadores hasta un aserradero pasando por un depósito de agua. 

Normas y exigencias occidentales. Dado que era una ciudad en esencia occidental, Ford impuso los valores estadounidenses para todos, incluyendo a los locales brasileños: normas de vestimenta y de alimentación. Por ejemplo exigió comida típica de EEUU: hamburguesas, avena, pan integral o melocotón en conserva. Era servida en autoservicio, lo que los brasileños consideraban degradante.

Por imponer impuso hasta como debía ser el ocio, bajo puritanas normas: estaba prohibido el alcohol (Ford era abstemio así que debía serlo todo el mundo), así como el tabaco o las mujeres fuera del sacrosanto matrimonio. También vetó jugar al fútbol, ya fuertemente arraigado en un país de jugones, y obligaba a los trabajadores brasileños a jugar al golf y al tenis en su tiempo libre, o a practicar bailes de salón country y recitar poesía.

Empleados sublevados y una plantación que no producía caucho

La imposición cultural fue una de las grandes espadas de Damocles de Fordlandia. Aunque no fue lo único. La plantación fue un problema desde los inicios, ya que no acertaron con las semillas del árbol del caucho y además los plantaron demasiado juntos, no siguiendo los consejos de los expertos locales. El monocultivo en poco en espacio estilo cadena de montaje en la cabeza de Ford sonaba estupendo para producir lo máximo posible, pero también lo hacía más susceptible a plagas. Fue justo lo que pasó.

Fordlandia

A los problemas de producción se sumaron los sociales. Si bien los trabajadores brasileños disfrutaban de un buen sueldo y vivienda, sanidad y educación gratuitas, no eran para nada del gusto de las imposiciones de Ford. Tampoco del horario de trabajo, de 9:00 a 17:00, ideal para una fábrica pero no para una plantación en la selva, bajo el calor sofocante y la humedad. 

No estaban asimismo muy contentos los altos cargos estadounidenses por el clima amazónico, pese a vivir con más comodidades. Muchos abandonaron la ciudad tras sufrir crisis nerviosas o perder a seres queridos. Por ejemplo los tres hijos de un empleado murieron por las fiebres tropicales y otro trabajador falleció ahogado en el río.  

Los trabajadores autóctonos se sublevaron en varias ocasiones, destacando la gran revuelta de 1930, a menudo señalada como 'el motín de las cacerolas'. Con los brasileños hartos de exigencias absurdas y acatar costumbres ajenas, el detonante fue en el autoservicio de comida: un capataz norteamericano abroncó a gritos a la fila para fuera más rápido. Manuel Caetano, albañil entonces empleado en Fordlandia, tiró la bandeja por los aires y se sumó el resto: reventaron el restaurante, quemaron coches y otros edificios, incluyendo viviendas, y persiguieron a los directivos de Ford machete en mano. Temiendo por su vida, los norteamericanos huyeron de la ciudad, solicitando ayuda a los militares.

Fordlandia

El fin de Fordlandia. Tras aquellos disturbios, Forlandia intentó sobrevivir y se añadió un nuevo asentamiento cercano, con su consiguiente plantación de caucho: Belterra. Construyeron nuevas casas, carreteras de acceso y calles asfaltadas. Corrió la misma suerte que la primera y original: apenas logró producir caucho asolada por las plagas. 

Aún así, el sueño de Ford duró unos 15 años más. Concretamente hasta que, tras la Segunda Guerra Mundial y por problemas de salud, Ford legó la dirección de Ford Motor Company a su nieto: Henry Ford II. Corría el año 1947, y con la producción trastocada por el conflicto bélico, su objetivo principal fue el de reducir costes. Lo primero que se desterró fue Fordlandia y Belterra, estupendos agujeros negros en términos de rentabilidad. 

Aunque parezca increíble, ambas aún sigue existiendo en plena selva, donde actualmente viven unas 2.000 personas, muchos aprovechando las casas construidas entonces y siendo descendientes de los trabajadores de la plantación de caucho. "Los estadounidenses no sabían nada sobre caucho, pero sí de construir casas que perduran", comentó uno de sus residentes a un reportero The New York Times, que viajó a la zona en 2017. Es el legado de como Ford quiso domar el Amazonas con capitalismo industrial y fracasó estrepitosamente. 

Imágenes | Wikimedia / Fotos de archivo (Thehenryford.org) 

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