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Redescubrimos una primavera con tono nipón al volante del Toyota C-HR 180H Electric Hybrid

Redescubrimos una primavera con tono nipón al volante del Toyota C-HR 180H Electric Hybrid
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En el regreso de la primavera retornamos a los mandos de un ya viejo conocido, el Toyota C-HR 180H Electric Hybrid. Honrando a la estación del deshielo y las flores, hemos agitado su propulsor para redescubrir su esencia. Este es el resultado.

Hanami es una tradición primaveral japonesa de culto a la flor. Se trata de uno de los muchos símbolos con los que relacionamos a esta estación del año. En carretera, esa simbología equivale a climatología cambiante, sol y chaparrones, es decir, un devenir impredecible.

Esta ha sido la premisa primaveral de nuestra prueba. Hemos alternado todos los territorios posibles, cambiantes y desafiantes: autovía, carreteras nacionales, comarcales, pistas bacheadas con barro. También hemos optado por una actitud similar al conducir. Tan pronto nos ha dado por alcanzar la excelencia en eficiencia como por exprimir el brío de los 184 CV del propulsor 2.0 con VVT-i dual y ciclo Atkinson.

Una personalidad muy primaveral

Toyota C Hr 20

El Toyota C-HR Electric Hybrid lleva más de seis años evocando sensaciones procedentes de su país natal. Su llegada en 2016 atrajo calificativos radicales por su semblante diferente.

Hoy, la mayoría de casas en la industria imitan a su modo una tendencia que anticipó el crossover. Hemos podido constatar, una vez más, que el fabricante oriental acertó con el Toyota C-HR Electric Hybrid apostando por una fusión con una identidad de diseño y detalles diferentes pero muy maduros, la consolidación de la eficiencia del modelo híbrido eléctrico y una conducción en la que se prioriza el confort.

A lo largo de nuestra prueba, hemos comprobado que el Toyota C-HR Electric Hybrid es un modelo adulto. Hay quien quiso verlo como un excéntrico otaku, cuando en realidad ha resultado un joven nipón, con sus particularidades, sí (sus tiradores, spóiler...), pero con un considerable grado de consolidación SUV.

Toyota C Hr 3

Haciendo el símil japonés, la calidad y la calidez de su conducción se asemeja mucho más a un Murakami que a un autor de mangas algo más extravagantes. Esto explica su popularidad y sus ventas desde su nacimiento. Hace pocos meses, Toyota ya contaba con más de 800.000 unidades repartidas a nivel mundial y nuestro país no es ajeno a su éxito.

El modelo se mantiene en forma y, en lo que va de 2022, ha oscilado entre la segunda y la tercera posición de la clasificación absoluta de modelos más vendidos. Por cierto, estas plazas de honor se las disputa con un familiar, el Toyota Corolla Electric Hybrid.

La madurez no se alcanza por una única ruta

Toyota C Hr 6

En los primeros kilómetros de la prueba retornamos a la idea de que estamos ante un modelo sin ataduras. Esta sensación viene potenciada por el acabado Advance Luxury que nos ha prestado Toyota.

De inicio, apreciamos una de las novedades cromáticas del Toyota C-HR Electric Hybrid en 2022. Se presenta en tres nuevos colores: Blanco Perlado, Bronce Oliva y, el que nos fue asignado, Gris Ágata. Otro detalle de acabado es el nuevo diseño de las llantas de 18'', con cinco lambdas que se entrelazan apuntando hacia las tres elipses de Toyota que gobiernan en el eje.

Pronto descubrimos la identidad el Toyota C-HR Electric Hybrid Advance Luxury. Y es que el modelo destaca por sus detalles estéticos, pero también por la respuesta que nos ofrece.

La gestión del impulso parte de la misma base a la que nos tiene acostumbrados Toyota. Sin embargo, el detallismo y las diferencias Shīeichiāru también se perciben en la conducción. Para empezar, es imposible encontrar un botón específico para cambiar el modo de conducción. No existe. La operación se realiza a través del panel de instrumentos.

Confort y eficiencia al mínimo descuido

Toyota C Hr 1

La transmisión destila el mismo refinamiento de su aspecto exterior. Lo notamos callejeando en vía urbana y moviéndonos en autovía con un gran flujo de tráfico. La suavidad y mesura en la respuesta se inicia en el diferenciado pomo de la palanca de cambios. La relación automática e-CVT la conocemos de sobra, pero el Toyota C-HR Electric Hybrid le otorga otro matiz.

Distinguimos en breve cuál es. Toyota ha apostado por elevar el confort, pero armonizándolo con el resto de sus puntos fuertes. Por eso, en vía urbana es muy complicado elevar el consumo. Y eso que nos esforzamos exprimiendo el par motor de 202 Nm en arrancadas e incorporaciones.

La chispa y el empuje del bloque 2.0 Dynamic Force es innegable, pero no tarda en encauzarse en la senda de la eficiencia híbrida eléctrica. Pasados medio centenar de kilómetros, nos decimos: "si no puedes con ello, únete a él".

Toyota C Hr 11

Así, nos da por comprobar esa estrategia que supone circular solo con el motor eléctrico, huyendo de la activación de la combustión. Contamos con la ventaja de nuestra experiencia Toyota.

La sensación con el crossover es que cuesta muy poco que el motor eléctrico gobierne por sí solo la marcha. Solo hay que huir del abuso de la retención regenerativa en "B" y dejarse llevar. En contraste con otros modelos, no es preciso andarse con un tiento especial para no pisar más de la cuenta el acelerador, incluso fuera de un modo ECO de conducción.

La suavidad en la dirección y el asistente de estacionamiento nos dejan en nuestro primer destino con resentimientos vocacionales. El modelo nos ha seducido y aletargado a partes iguales. Esto no quedará así.

Indesquiciable

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De vuelta a la inestabilidad, nos proponemos hacer honor al apelativo Dynamic Force del bloque. Vamos a desquiciar la tendencia inherente del Toyota C-HR Electric Hybrid a la comodidad en la marcha y en la eficiencia.

Antes de arrancar, nuestro plan es malograr los 358 litros de maletero. Para ello, introducimos un equipaje incómodo para trazados revirados y firmes rotos: con varios bultos cruzados con una sillita de paseo de bebé. Nos sorprende una capacidad de carga por encima de lo esperado, también el acceso al maletero. Eso sí, es preciso emplear algo de fuerza en la apertura.

Es algo impopular en esta época en la que vivimos, pero queremos que el Toyota C-HR Electric Hybrid nos dé lo que hasta ahora nos había negado: ruido y suciedad. Para ello, elaboramos un menú curveado con un postre especial. Terminamos aventurándonos por vías embarradas que eran carreteras en los años 90 y en la actualidad son...

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Podemos definirlas mejor por lo que no son. No son ni carreteras, ni tampoco llegan a ser pistas, sino "lagunas legales viales" bacheadas, evitadas por todo conductor sensato y en las que uno solo se topa con agentes forestales y perros ovejeros sueltos que te obligan a huir rápido.

El crossover sufre, pero mantiene la compostura. Hay que llevarlo a estos límites para que la suspensión nos maldiga o para que su motor ruja en pendiente pronunciada. Sin embargo, los obstáculos concatenados no enajenan al Toyota C-HR Electric Hybrid. Percibimos el trabajo realizado sobre la suspensión, especialmente la trasera. Su esquema independiente refuerza el equilibrio y la sensación de no despegarnos del firme.

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De esta manera, mastica el suelo irregular sin perder los modales y, lo más importante, sin hacernos perder el control. Es cierto que, en algún punto, tracción y estabilidad se tambalean, pero hay que llevarlo muy al extremo. Los límites legales, el de velocidad entre ellos, nos impiden ir más allá.

Comprobamos que su altura libre al suelo de 14,2 centímetros resulta suficiente para no inquietarnos en exceso y, aunque logramos arrancar rugidos al propulsor, nos queda la sensación de no exacerbarlo. Como es lógico, la entrega se hace más evidente y sonora si forzamos el modo Sport.

En este punto es en el que tiramos la toalla. La estética nipona Toyota C-HR Electric Hybrid incluye ese talante japonés afable, diplomático y compensado. Volvamos al confort.

Su detallismo también viaja en el interior

Toyota C Hr 22

El Toyota C-HR Electric Hybrid cuenta con personalidad propia. Salta a la vista que sus detalles han cobrado una merecida fama que crece a lo largo de su perfil y se consolida en su zaga. Los tiradores de las puertas traseras están entre los más famosos. Más complicado de percibir es el pequeño proyector alojado bajo el retrovisor, que imprime a base luz sobre el suelo la insignia del modelo. Virguerías tecnológicas niponas.

En el interior, el puesto del conductor y todos los elementos que lo orbitan van en consonancia con esa apuesta por la comodidad. Una de las primeras y agradables bienvenidas nos la prestan los asientos forrados en tela y los reposabrazos.

Las líneas de la tapicería y el salpicadero respiran la misma originalidad del exterior. En este acabado Advance Luxury, dominan las texturas poligonales. Nos recuerdan al estilo de algunas viñetas manga de autores como Katsuhiro Ōtomo. Estas van aderezadas con sutiles salidas de tono que nos alejan de una habitabilidad cuadriculada.

Toyota C Hr 4

Esto queda demostrado por la posición y el diseño curvo de los diferentes espacios de almacenamiento o la botonera del climatizador. Su manejo ahonda de forma propia en una cuestión en la que Toyota cada vez acierta más: los controles físicos.

A esta línea de confort se le une la presencia tecnológica de los sistemas de asistencia avanzada. Aunque la interfaz del panel y la pantalla central es más bien común al del resto de la familia, nos presta informaciones más completas y elaboradas.

Ahorrador empedernido

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Hemos mantenido la misma impresión sosegada de bajo consumo durante toda la prueba. A la mínima que nos relajamos y no llevamos al coche a extremos agrestes, el consumo se desploma por debajo de los 5,5 l/100 km. Si somos cuidadosos, bajamos sin grandes esfuerzos de los 5l/100 km.

Estos consumos son una gran carta de presentación para un crossover de 1.560 kilogramos. Hay que señalar que nuestra prueba ha apostado por la inestabilidad emocional, es decir, por alternar eficiencia, ligereza y, en ocasiones contadas, por tratar de sacar a relucir algo de músculo.

Aun así, la sensación de aplomo eficiente persiste para un consumo final de 5,1 l/100 km en los casi 500 kilómetros recorridos. De este modo, los 43 litros de su depósito, que pueden parecer escasos, se estiran hacia una autonomía impensable bajo el sello de otras tecnologías.

Toyota C Hr 12

Añadimos un último detalle que los amantes de la eficiencia agradecerán. Una vez finalizado cada trayecto, el panel de instrumentos nos brinda informaciones tan interesantes como el dato de consumo desde que iniciamos la marcha, distancia, tiempo y el tanto por ciento que hemos circulado en modo eléctrico.

¿Quién dijo que el hidruro de níquel (NiMH) está anticuado? Los 216 V y las 180 celdas de la batería del Toyota C-HR Electric Hybrid no requieren de litio para lograr, no ya cifras ocasionales u homologadas, sino un comportamiento genuinamente eficiente.

Quizá genuino es el mejor calificativo para el SUV japonés. Toyota ha conseguido darle un toque propio. Aunque no se presta a aventuras desenfrenadas (su hermano de la línea GR-SPORT tiene la competencia en ese departamento), posee un rol inequívoco dentro de la hibridación eléctrica, más allá de su estética.

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