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Qué es el vehículo ACES y por qué es el futuro de la automoción

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Los vehículos autónomos han dejado de ser un futuro próximo para convertirse en una realidad que funciona ya en numerosas ciudades (sobre todo estadounidenses). Aunque aún muchos disponen de un piloto controlador, los algoritmos se han desarrollado enormemente para permitir que circulen de forma autónoma y, más o menos habitual, con el correspondiente abaratamiento de costes que traen consigo.

La disrupción que se nos presenta –a no tan largo plazo– es la de que nuestras próximas generaciones no compraran coches, compraran vehículos ACES. Hace no tanto, convertirse en propietario de un coche era algo casi aspiracional cuando cumplías la mayoría de edad. La independencia que proporcionaba la capacidad de moverse con tu propio coche era el objetivo principal de quienes acudían a un concesionario. Pero hoy ya no es así.

Nuevas tecnologías, movilidad y mentalidad renovadas

¿Estamos viviendo un cambio sin precedentes? A pesar de que la industria del automóvil evoluciona de forma lenta y progresiva, las tecnologías de automoción avanzan a grandes pasos y con enorme éxito en un entorno que cada vez reclama mayor variedad de posibilidades. En busca de un nuevo paradigma de movilidad. El sistema ADAS (automated driver asist), los CAV (autónomos y conectados), las nuevas conexiones de potencia, traen consigo también startups, negocios y productos con el potencial de alterar la forma en que los consumidores nos relacionamos hoy en día con los vehículos.

Los ciudadanos de menos de 35 años reclaman cada vez menos el uso del coche por varios motivos. En primer lugar, existe lo que podríamos denominar como ‘moda’ alrededor de las preferencias de vida urbana en los millennials. Las redes sociales, la interconectividad, la conciencia medioambiental y la apertura de mentes hacia las alternativas de movilidad eléctrica se han convertido en el sello de identidad de toda una generación a lo largo y ancho del globo.

De forma general se puede afirmar que el ‘affair’ entre los jóvenes y los automóviles está envejeciendo progresivamente, pues el coche se ve estrictamente cómo un utilitario más que una parte intrínseca de la personalidad que reflejamos. Por otro lado, pesa el que sobre esta generación aún colean los retazos de una fuerte crisis que retrasa la independencia económica de los individuos.

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Antecedentes: una infraestructura de transporte ineficiente

Las redes sociales, la interconectividad, la conciencia medioambiental y las alternativas de movilidad eléctrica se han convertido en el sello de identidad de la generación millenial

Nuestras actuales prácticas de movilidad urbana no solo tienen unos tremendos costes, sino que también son enormemente ineficientes. Algunos datos: la mayoría de los vehículos de la ciudad tiene los asientos de los pasajeros más del 90% del tiempo desocupados; durante la conducción, solo el 15% de la energía liberada por la quema de combustible se emplea en el movimiento del vehículo, sobre todo para superar la inercia propia de este, más que para transportar a los ocupantes y carga. Esto significa, que empleamos más energía de la que necesitamos para movernos, generando emisiones contaminantes exclusivamente para mover una enorme mole de metal, plástico y vidrio desde una plaza de aparcamiento hacia otra.

Sorprendente, ¿no? Por otro lado, en los Estados Unidos, las autopistas federales están siendo desaprovechadas a pesar de los enormes costes que estas suponen, una inversión que no se destina entre otras cosas a la construcción de propiedades o a la mejora de la productividad de la congestión de tráfico.

Un futuro encaminado hacia el ‘todo en uno’

Por todo ello, las tecnologías ACES se postulan como una solución muy interesante, pero no tanto por separado como combinadas. Este grupo de avances cumplen con las expectativas tecnológicas que la movilidad del futuro espera. En las próximas décadas observaremos cómo la distinción y fronteras entre cada una de estas siglas es cada vez más difusa, dando como resultado a la tecnología ACES como un ‘todo’.

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Autónomo y conectado, una dualidad que se comprende mejor en conjunto, porque la comunicación vehículo-vehículo y vehículo-nube es esencial para comprender la esencia del coche auto-conducido. El coche autónomo no lo es en sus acciones pues no está solo en la carretera: comparte información, coordina las acciones, incrementa la seguridad y mejora el flujo de tráfico. Todo ello, minimizando al máximo la pérdida de energía a través de un complejo proceso de optimización.

Eléctrico, pues en términos de eficiencia mejora notablemente cuando hablamos del VE: en comparación el motor eléctrico tiene un 85% de eficiencia energética frente al 30% del de combustión interna. Esto se explica si consideramos la variación de peso entre uno y otro y la reducción de pérdidas de producción y distribución de combustible frente a la producción y distribución de electricidad.

Compartido, ya que el hecho de disponer de múltiples pasajeros permite que se puedan reducir el número de vehículos sobre el asfalto, la necesidad de espacios de aparcamiento, la congestión de tráfico y el desperdicio de combustible. El vehículo compartido es más que una buena opción medioambiental, su aplicación implicaría también un menor gasto en reparación de carreteras o en construcción de carriles añadidos; así también, con su depreciación se aceleraría el reemplazo por vehículos nuevos, mejores y más eficientes de forma más habitual, algo que dada la velocidad a la que evolucionan las tecnologías del automóvil se convierte en imprescindible.

En resumen, ACES es el medio a través del cual nuestras carreteras y nuestra movilidad van a evolucionar hacia el futuro (aunque aún va a llevar su tiempo). En una década, quizá, tendremos la oportunidad de reducir los carriles en nuestras autopistas o en nuestras calles, abriendo mayores espacios para peatones, bicicletas o autobuses eléctricos.

La reducción de costes, motivación principal para los VTC

Los nuevos servicios de transporte en ciudad también se están convirtiendo en estandartes del ACES. Para estos negocios, la oportunidad de combinar estas cuatro categorías en una sola supondría un ahorro real de costes, comenzando con la eliminación del conductor. Toda vez que la necesidad de un conductor ha desaparecido, el vehículo tendrá que poder cargarse por sí mismo, algo que los eléctricos puros parecen querer promover de forma viable. Esto supondría que muchas compañías comenzasen a desarrollar trabajos de carga inductiva que permitan a sus VE recargarse sin la intervención del conductor.

Imágenes | iStock metamorworks owngarden

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