En un trayecto de 5 km el coche volador emite seis veces más CO₂ que un eléctrico del pozo a la rueda, según un estudio

En un trayecto de 5 km el coche volador emite seis veces más CO₂ que un eléctrico del pozo a la rueda, según un estudio
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La industria se ha visto irremediablemente seducida por la idea de mirar desde arriba los atascos, y pasarlos volando. Así, se ha tirado de cabeza al desarrollo del coche autónomo, eléctrico y volador envuelto en un papel de futuro idílico y muy elitista: podrás acceder desde tu piso ubicado en un rascacielos a una azotea donde tu taxi con alas te llevará a tu próxima reunión.

Pero lo cierto es que para que ejerzan un papel real dentro de la movilidad sostenible deberán ser, además de asequibles, eficientes. Un estudio publicado en la revista Nature Communications compara su consumo y emisiones de forma indirecta con los coches eléctricos y de combustión. ¿Conclusión? Solo serán viables si van llenos y realizan trayectos largos.

La implicación de los taxis urbanos voladores en el cambio climático

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Tres de las ventajas que presentan los vehículos voladores eléctricos son que deberían emitir menos emisiones que los vehículos de combustión actuales, ser seguros, rápidos, autónomos y hacer de los atascos una cosa del pasado. Pero llegados al punto de ventajas ya se habían descubierto algunos inconvenientes:

  • El peso de las baterías y las alas podría limitar su autonomía de vuelo, aunque se está trabajando en mejorar la propulsión eléctrica distribuida, con diseños aerodinámicamente optimizados.
  • La regulación del espacio aéreo de las ciudades que ya limita el radio de acción de los drones.
  • Su precio: por poner un ejemplo, el primer coche volador que se puso a la venta en España en 2018 fue el PAL-V Liberty, cuya producción está limitada a 90 unidades a razón de 500.000 euros cada una.
  • El coste medioambiental que supone la fabricación de estos vehículos y de sus baterías.

A estos tres obstáculos, se le acaba de sumar uno 'descubierto' por un equipo de investigadores del centro de I+D de Ford y la Universidad de Michigan (Estados Unidos) que ha analizado la eficiencia de estos vehículos de despegue y aterrizaje vertical (VTOL por sus siglas en inglés), teniendo en cuenta el ciclo completo de desarrollo.

El estudio asegura así que en un trayecto de 5 km el coche volador emite seis veces más CO₂ que un eléctrico, pero las emisiones se igualan en torno a los 250 km.

Una de las conclusiones a las que llegan es que estos vehículos con motor eléctrico son eficientes durante el viaje, pero consumen mucha energía durante el despegue y el aterrizaje. Los ingenieros calcularon las emisiones y el consumo en trayectos entre los 5 y los 250 km y con diferentes ocupantes, entre uno y cuatro.

Es importante señalar que un coche eléctrico no emite gases de efecto invernadero y CO₂ per se, pero sí si tenemos en cuenta el ciclo completo de la energía usada, desde su fabricación hasta que recarga sus baterías gracias a la energía eléctrica. Lo que se denomina 'del pozo a la rueda'.

El principal autor del estudio, Gregory Keoleian, explica que los coches voladores son menos contaminantes que los de combustión, pero no si los comparamos con los eléctricos:

"En nuestro caso base, comparamos un VTOL con un único ocupante con vehículos terrestres con solo un pasajero. En este caso, viajar 100 kilómetros (punto a punto) con un piloto en un VTOL genera unas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que son un 35 % inferiores a las de un vehículo con motor de combustión interna, pero un 28 % superiores a las de un vehículo eléctrico terrestre alimentado con baterías, y ambos con un solo ocupante".

En cifras, los resultados mostraron que un coche volador emite en un recorrido de 100 km 15,7 kg de CO₂ frente a los 12,3 del eléctrico y los 24,3 de un coche de combustión. Sin embargo, la desventaja de los taxis con alas radica en la fase despegue y aterrizaje, por lo que su viabilidad radica en la distancia que recorran: cuanto más largo sea el viaje, emitirá menos emisiones.

El estudio asegura así que en un trayecto de 5 km el coche volador emite seis veces más CO₂ que un eléctrico, pero las emisiones se igualan en torno a los 250 km.

Otro de los factores es la ocupación: si van cargados de gente, los coches voladores consumen menos energía que los eléctricos terrestres; de lo contrario, no presentan muchas ventajas en estos términos.

Recientemente, el gigante asiático Geely adquirió Terrafugia, especializada en coches voladores y cuyo objetivo es materializar un coche volador práctico que dispare las posibilidades de libertad en los desplazamientos.

Aunque no hay precio oficial, los responsables de Terrafugia han desvelado en algunas entrevistas que tener en propiedad el vehículo implicará desembolsar alrededor de 400.000 dólares, y anticipan que un vuelo de 10 minutos costará 30 dólares.

También tenemos a Toyota, que ha invertido en 'SkyDrive', a Lilium con su VTOL, a Uber, a Google y a Airbus junto a Italdesign.

Por su parte, Audi ha firmado recientemente una alianza con Airbus y ya ha presentado en Ingolstadt su proyecto 'Urban Air Mobility'. A diferencia de Porsche o PAL-V, la marca de los cuatro aros no tiene en su punto de mira el vehículo privado, sino de uso público: una red de taxis voladores alimentados por hidrógeno.

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