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¿Es el Tesla Model S el símbolo de una nueva generación de coches? No

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A raíz de la prueba del Tesla Model S que Ibáñez nos está ofreciendo en exclusiva de forma repartida entre Motorpasión, Motorpasión Futuro y Xataka, se nos ocurrió plantear un cara a cara sobre el presente y el futuro de los coches eléctricos, dando respuesta a esta cuestión: ¿Es el Tesla Model S el símbolo de una nueva generación de coches? Y a mí me ha tocado defender el no.

De entrada, dejemos clara una cosa. Los coches eléctricos han llegado para quedarse. Otra cosa es que lleguen al mercado con más o menos regularidad y/o acierto, pero con el tiempo se consolidarán como una opción más. A partir de aquí, ¿representa el Tesla Model S una avanzadilla de lo que vendrá? Veamos por qué no.

Tesla Model S

Tesla Model S: ¿símbolo de qué?

Lo primero es abordar el Tesla Model S como símbolo de una nueva generación de coches en cuanto al binomio compuesto por la tecnología de tipo gadget y el mundo del Motor. Cuando uno segmenta las audiencias por intereses, se suele decir que los frikis de los cacharritos no hablan de coches, y viceversa. El Tesla Model S sería un mix de ambos mundos. ¿Pero a qué precio?

Tal y como vimos en la primera parte de la prueba, los materiales con los que está construido el Tesla Model S rezuman calidad percibida por los cuatro lados. Esto, que en sí es una ventaja, se convierte en un lastre en forma de talonario. ¿3.850 euros más IVA por unas llantas? ¿En serio?

Tesla Model S - prueba Ibáñez Motorpasión Futuro

Alguien me dirá que primero vienen los modelos caros, con la camarilla de early-adopters erigiéndose en su apostolado, se crea un éxito comercial (como de hecho está sucediendo) y luego ya los precios van bajando en el mercado. Al fin y al cabo, es lo que suele ocurrir con la comercialización de los cacharrillos electrónicos, ¿no es así? Y si un coche actual de combustión ya es un ordenador con ruedas, en el caso de un eléctrico del nivel del Model S, con más razón.

Al Tesla Model S, en cambio, lo podemos ver como modelo para otros desarrollos más modestos. En su segmento no es esperable que veamos un imperio de lo eléctrico; más bien coexistirán los eléctricos con los híbridos y los de combustión. Una vez superado el boom inicial, veremos en qué queda. En cambio, para aquellos segmentos en los que la electricidad sea la opción más interesante, de forma exclusiva, quizá el Model S sea un correcto escaparate en el que mirarse.

Tesla Model S - pantalla táctil

De todas formas, a lo mejor sería conveniente revisar algunos elementos que se conciben como avances y quizá no lo sean tanto. ¿A alguien le apasiona realmente conducir un coche táctil? Incluso, dejando la pasión de lado, ¿manejar iconos que no se pueden notar con los dedos mientras andamos conduciendo? ¿A alguien le suena la palabra distracción como factor de riesgo vial?

Ahora, imaginemos el día a día con un Tesla Model S. No, no voy a hablar del asunto de las recargas todavía, porque ese es un tema que trasciende el Model S y es un problema común a todos los eléctricos. Me refiero a vivir con un coche que, de acuerdo, necesita poco mantenimiento, pero algo habrá que hacerle de vez en cuando. Pensar que el taller más cercano queda... a 1.000 km de Madrid...

Sí, en una primera toma de contacto el Tesla Model S puede resultar impresionante. Pero es que de visita, ya se sabe, todos somos guapos. Y el Tesla Model S, hay que admitirlo, es bonito como un rayo de sol, pero con eso no es suficiente. ¿Que entre todos los eléctricos es un eléctrico que da gusto ver? Nada que objetar. Pero presenta los inconvenientes actuales de la movilidad eléctrica.

Presente y futuro del coche eléctrico

Para entender los problemas actuales de la movilidad eléctrica, tenemos que remontarnos en el tiempo y trasladarnos con la mente hasta ciento y pico años atrás. Caballos, carretas, vehículos a vapor, vehículos eléctricos, bicicletas... Una amalgama de sistemas de propulsión conviven en los albores de la movilidad masiva de las personas.

Y llega la fiebre del oro negro y la balanza se decanta. Adiós a los caballos, a los vapores y a los eléctricos. Hola, motor de combustión. ¿Dispuesto a evolucionar a lo largo de todo un siglo sabiendo que las grandes empresas multinacionales están de tu parte? Al fin y al cabo, ¡eres el progreso!

Ford Model T

Tengamos en cuenta que el parón de todo un siglo le ha hecho mella a la movilidad eléctrica. Ah, pero nosotros nos hemos acostumbrado muy bien al progreso de todo un siglo. Los coches de gasolina de principios del siglo XX tenían, por así decirlo, cierto derecho a fallar, a ser poco potentes, a consumir como locos... Un ejemplo llamado Ford T nos deja la siguiente ficha técnica: 20 CV de potencia, 20 l/100 km de consumo, 71 km/h de velocidad máxima.

Ah, y en 1908 se vendían por 1.000 dólares (hoy vendrían a ser unos 16.800 euros). Hombre, teniendo en cuenta que --con todos los respetos para el clásico-- hablamos de una caja con ruedas y poco más, pues... como que le faltaba unos cien años de evolución. Que es el escenario que tenemos ahora. Los coches eléctricos de principios del siglo XXI, por su parte, deben adaptarse a las reglas del juego actual, con todo ese rodaje hecho por el Ford T y por todos los demás.

Y eso no resulta nada sencillo.

No nos extrañe que a estas alturas de la película nos parezca que nos falta autonomía en un eléctrico o que los tiempos de recarga son excesivos. Medimos estos factores en relación con lo que hemos tenido siempre, y queremos que --de haber cambio-- este se lleve a cabo sin perder por el camino nada de lo que tenemos.

Tesla Model S, puerto de recarga

Poca autonomía, mucho tiempo de carga

Por volver al caso del Tesla Model S, la tecnología de las baterías que incorpora es más que correcta para un uso racional del vehículo: 375 km o 500 km, según el paquete que elijamos. ¿Quién necesita en un día más que eso? ¿Quién? Cualquiera de nosotros, habituados como estamos ya a unas autonomías que rondan los 1.000 km y que, además, se reponen en cuestión de minutos.

Cualquier otra cosa sería renunciar a la tranquilidad y a la libertad de movimientos. ¿Que tengo que planificar cuidadosamente mis trayectos por si acaso se me agota la batería y debo quedarme a hacer noche hasta que esté llena de nuevo? ¡Ni que este coche fuera un caballo sin relevo en la estación del Pony Express!

Celdas de la batería Panasonic del Tesla Model S

Ah, la reposición de la energía... La tecnología de las baterías Panasonic del Model S es adecuada para soportar altas temperaturas. Por tanto, es una tecnología apta para supercargadores de alta velocidad. Pero esa alta velocidad, medida en vistazos que uno le echa al reloj de pulsera, puede ser desquiciante y altamente negativa para nuestra muñeca: hablamos de una hora para obtener la autonomía máxima.

Si rebajamos el listón hasta tocar con los pies en el suelo, veremos que los cargadores de media velocidad se toman como cuatro horas para dejarnos el coche a tope; y si nos ponemos ya a velocidad de carga normal... Bueno, el que considere normal un tiempo de recarga de 13 horas claramente tiene un problema de percepción. Ojo, y hablamos de esa autonomía máxima de 500 km. Si duplicamos la capacidad, ya sabéis lo que pasa con el tiempo de recarga, ¿verdad?

Digamos que el repostaje en una gasolinera sólo se puede comparar al intercambio de baterías, siguiendo el esquema de Quickdrop de Renault o cualquier otro, pero desde luego de forma estandarizada. Que esa es otra: ¿a alguien se le ocurre que al llegar a la gasolinera un boquerel fuera cilíndrico de 10 mm de diámetro, otro cuadrado de 5 cm de lado y otro con forma de Frigopié? No, ¿verdad? Pues que se lo cuenten a los mennekes, a los chademos y compañía.

Supercargador Tesla

Infraestructuras de recarga 'not found'

Intercambio de baterías estandarizadas, por lo tanto. Pero claro, cualquiera me dirá que no hay quien se fíe de coger una batería que haya sido maltratada --en el uso normal del vehículo, se entiende-- y arriesgarse a quedarse tirado en mitad de la nada por un fallo técnico. Y también se entiende.

Aquí hay que romper una lanza en favor del Tesla Model S, y es que cuando uno va a hacer un viaje largo puede cambiar su batería de serie por una específica para el viaje, y la suya queda alojada en una guardería para recogerla de vuelta a casa. De esta forma se evita montar en el coche una batería maltratada.

Mennekes Tipo 2

De todas formas, esto no es lo habitual. Sí, Renault pone baterías de alquiler y cuando cae una se pone otra nueva, pero no hablamos de eso sino del reemplazo como sinónimo de repostaje: para el día a día toca echar mano del cable o, siendo optimista, de las primeras bases de recarga por inducción. Total, que volvemos al tema de los cargadores en la calle y en la casa.

Y ojo, porque estamos presuponiendo que vivimos en la ciudad de los clicks de Playmobil, donde todas las calles están bien asfaltadas y pintadas, hay señales para todo, y un jardín y un policía y un cartero. Y un cargador en cada hogar, sí. De vuelta al mundo real, resulta que esos cargadores no manan de los árboles, que instalar una base de recarga es una proeza en según qué comunidad de propietarios y que, no lo olvidemos, más de uno y más de dos no cuentan con garaje privado: ¡aparcan en la calle, los muy proletarios!

Supercargador Tesla

Dejando de lado este extremo, y admitiendo los eléctricos como coches de flota, por ejemplo, tenemos con esto de los cargadores y los coches una historia como la de la gallina y el huevo. ¿No se instalan suficientes cargadores porque no hay coches eléctricos o no se venden coches eléctricos porque no hay una cierta garantía de contar con una buena red de cargadores? Hablo del caso de España. En Noruega, por el contrario, se vendieron en 2012 más de 10.000 eléctricos. Allí se lo han creído. Aquí...

Para acabar, recalco que nadie dice no a las prestaciones y a las sensaciones que transmite un eléctrico en marcha. No hay nada que objetar al silencio, a la suavidad y a la música de violines sonando en el equipo de audio de un coche de impresión como es el Tesla Model S. Tampoco se le niega la pasión a quien quiera sentirse pionero de la movilidad eléctrica. Pero no se trata de eso.

Y como esto es un cara a cara, en un rato Ibáñez nos ofrecerá la otra cara de la moneda y nos contará por qué el Tesla Model S es el símbolo de una nueva generación de coches. No os lo perdáis.

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