Miriam es argentina, trabaja en España como camionera internacional y cuenta su experiencia sin filtros en redes sociales desde su cuenta @lachicacamionera. En sus publicaciones comparte cómo es su día a día al volante, con las ventajas e inconvenientes de una profesión en la que todavía son pocas las mujeres, y muestra esa parte de la vida en carretera que pocas veces se ve.
Para ella, volver a casa tampoco significa necesariamente tener unos días libres. Después de pasar hasta 24 días trabajando por Europa, explica que los pocos días que pasa en tierra tienen que repartirse entre descansar, ver a sus amigos y familiares y dejar todo preparado antes de volver a ponerse al volante.
Es una rutina exigente que ha obligado a Miriam a encontrar su propia manera de organizarse para aprovechar al máximo el tiempo que pasa fuera del camión.
Hasta 24 días fuera y solo tres o cuatro en casa
“Paso entre 22 y 24 días fuera trabajando y, cuando vuelvo a casa, solo estoy tres o cuatro días con suerte si es temporada baja. Si no, son dos días nomás”, cuenta Miriam. En ese breve intervalo tiene que hacer encajar todo lo que no puede hacer mientras está de ruta. “Quiero visitar amigos, quiero descansar, tengo que preparar las cosas para el próximo viaje y se complica un poco con tan poco tiempo”, explica.
Por eso ha convertido la planificación en una parte más de su trabajo. Antes de regresar a casa ya sabe buena parte de lo que tendrá que dejar resuelto antes de volver a salir. Su método empieza en el supermercado: cuando vuelve, compra todo lo que necesita para preparar las comidas del siguiente viaje y deja también preparados los productos que no son perecederos.
“La forma que encontré de optimizar ese tiempo es pasar por algún supermercado, comprar las cosas que voy a usar para preparar las viandas para el próximo viaje”, explica en uno de sus vídeos. Después llega una de las tareas más tediosas, al tiempo que llamativas: preparar la comida para varias semanas.
La compra y la comida también forman parte del trabajo
Miriam utiliza una nevera de unos 55 litros que lleva en el camión y en la que le caben alrededor de 40 comidas para un viaje de tres semanas. “Me llevo esta nevera y me llevo estas vianditas para no tener que cocinar en el camión”, cuenta.
La razón es sencilla: para ella, cocinar durante el viaje supondría quitar tiempo al descanso. “Es extremadamente incómodo hacerme el almuerzo o cena mientras el camión va andando y peor aún usar mi tiempo de descanso para cocinar”, explica. Así, buena parte del trabajo que puede adelantar en casa queda resuelto antes de arrancar.
Pero la comida es solo una pequeña parte de todo lo que necesita llevar preparado. Cuenta que cosas como servilletas, dentífrico, avena, papel y otros productos quedan organizados antes de emprender el viaje. “Esa es la forma que yo encuentro para optimizar mi tiempo y después cuando llego a casa tener más tiempo para descansar”.
Y es que conducir es sólo una parte de la vida de Miriam como camionera internacional, ya que la carretera implica pasar muchas horas al volante, convivir con el tráfico, cumplir con los horarios de las entregas y mantener la cabina y el espacio de trabajo en condiciones. También hay cuestiones tan básicas como encontrar un lugar donde ducharse, una de las dificultades que reconoce que más le ha costado resolver.
El inglés se convierte en una herramienta imprescindible
Sus rutas pueden llevarla por Francia, Alemania, Italia o Polonia, así que Miriam también tiene un consejo para quien esté pensando en convertirse en camionero como ella: aprender inglés. “Es casi obligatorio que te pongas a estudiar este idioma”.
El principal motivo, según su experiencia, es que durante una ruta internacional necesita poder comunicarse con personas de distintos países, especialmente cuando llega a un destino o surge alguna situación que tiene que resolver sobre la marcha. Apoyarse siempre en un traductor puede hacer que el proceso sea más lento y, “además, no garantiza que la traducción sea correcta”, advierte.
Miriam cuenta que también tuvo dudas antes de empezar. Ahora, sin embargo, asegura que disfruta de su profesión y que sigue aprendiendo cada día. “Yo también pensaba que era demasiado difícil, que no iba a poder, pero lo logré”, cuenta. Para ella, la clave está en seguir mejorando con cada viaje y adaptarse a una forma de vida en la que la carretera, los viajes y el camión acaban formando parte de la rutina diaria.
Su testimonio sirve además para entender por qué el sector necesita nuevos conductores: el Ministerio de Transportes reconoce una creciente escasez de profesionales y en 2025 puso en marcha subvenciones para facilitar la obtención de los permisos C y D y favorecer la captación y formación de conductores profesionales. Un informe del propio Ministerio también apunta a un problema de relevo generacional: el 72% de los conductores de mercancías tenía más de 50 años. Es decir, además de que faltan camioneros en nuestras carreteras, los que hay cada vez están más cerca de un relevo generacional necesario.
El caso de Miriam se enmarca en un problema que afecta a todo el transporte por carretera en España. Se estima que faltan más de 20.000 camioneros y el sector lleva tiempo alertando de la falta de relevo generacional. Los horarios, el sueldo y las dificultades para conciliar hacen que el trabajo de larga distancia resulte poco atractivo para muchos jóvenes, mientras que una parte importante de los conductores actuales se acerca a la edad de jubilación. Según los datos del Ministerio de Transportes, el 72% de los conductores de mercancías tiene más de 50 años.
Para intentar atraer nuevos profesionales, el Gobierno puso en marcha a finales de 2025 ayudas de hasta 3.000 euros para obtener los permisos de camión y autobús. Pero el problema va más allá de pagar el carnet: las condiciones de una profesión que obliga a pasar largas temporadas en carretera siguen siendo uno de los principales obstáculos para conseguir ese relevo.
Imágenes | @lachicacamionera
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