Ni guion ni red de seguridad: en ‘Top Gear’ las bromas se iban de madre, Hammond se la jugó dos veces y un episodio en Alabama estuvo a punto de acabar muy mal

  • Las escenas más icónicas de Top Gear no siempre estaban escritas

  • El humor, el peligro y el caos real fueron clave en su éxito

Top Gear
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Irene Mendoza

Al menos en su primera etapa, de 2002 a 2015, muchos espectadores del mítico programa de coches ‘Top Gear’ pensábamos que sus locos episodios eran un espectáculo perfectamente controlado. Un show brillante, sí, pero medido al milímetro. Pero no: la realidad era bastante más caótica.

Porque aunque había planificación, gran parte de lo que convirtió al programa en un fenómeno mundial nació fuera del control de los guionistas: bromas pesadas que se iban de madre, accidentes brutalmente reales y situaciones tan tensas que ni la producción podía anticipar (o evitar).

Cuando el caos no estaba escrito, pero funcionaba mejor que cualquier guion

Una de las claves del éxito de ‘Top Gear’ fue la química entre Jeremy Clarkson, Richard Hammond y James May. Y esa química no se construía solo delante de las cámaras. Las bromas entre ellos, con ese humor ácido tan inglés, eran constantes… muchas veces improvisadas y, por tanto más valiosas que cualquier sketch preparado.

Moto Rosa Hammond

Desde trucar el equipo de música de May en un Golf para que quedara atrapado reproduciendo música electrónica durante horas hasta pintar de rosa la moto de Hammond en Vietnam o sabotearse los coches en mitad de un viaje, el humor nacía de verdad y muchas veces sin red. Como recordaba el guionista Richard Porter en el libro ‘And On That Bombshell’, incluso algo tan simple como mover una mesa en la sala de guionistas podía descolocar a todo el equipo y acabar en una discusión absurda.

Los accidentes de Hammond recuerdan que el riesgo era real

Pero ese caos no siempre era divertido. A veces, era directamente peligroso. El caso más conocido es el accidente de Richard Hammond en 2006, cuando perdió el control de un dragster a más de 460 km/h en la pista de la RAF Elvington. El impacto fue brutal: coma durante dos semanas y una lesión cerebral que, como él mismo ha reconocido años después en entrevistas y pódcast, todavía podría estar pasándole factura.

Y no fue el único susto. En 2017, ya en ‘The Grand Tour’, Hammond volvió a sufrir un accidente muy serio en Suiza al volante de un Rimac Concept One eléctrico. Se salió de la carretera en una subida de montaña y el coche acabó envuelto en llamas. Consiguió salir a tiempo, pero el episodio dejó claro que el riesgo seguía siendo parte del ADN del formato. 

Rimac

Alabama: cuando el programa cruzó una línea muy real

Si hay un episodio que demuestra hasta qué punto ‘Top Gear’ podía salirse de control es el famoso especial de Alabama.

La premisa parecía simple: comprar coches baratos y recorrer el sur de Estados Unidos. Lo que ocurrió fue otra cosa. Tras decorar sus coches con mensajes provocadores como “man-love rules” o “Hillary for President”, el equipo se detuvo en una gasolinera y la reacción de los locales fue inmediata y hostil. Lo que empezó como una broma acabó en una situación tensa, con el equipo teniendo que marcharse rápidamente por seguridad.

Años después, Clarkson reconocería que ese momento no estaba guionizado y que realmente sintieron que la situación podía volverse peligrosa. La producción no buscaba ese nivel de conflicto. Simplemente ocurrió. Y ahí estaba la clave: muchas escenas estaban planificadas, pero ‘Top Gear’ funcionaba mejor cuando dejaba espacio a lo inesperado. Por eso sigue siendo irrepetible: no porque todo saliera bien, sino porque muchas veces ni ellos sabían lo que iba a pasar.

Imágenes | BBC

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