Hoy los coches equipan sistemas específicos para reducir las consecuencias de un atropello, pero hubo un tiempo en el que la seguridad del peatón estaba fuera de la ecuación. Cuando el automóvil empezó a llenar las calles durante las primeras décadas del siglo XX, también aumentaron los accidentes y las muertes, y algunos inventores buscaron soluciones tan ingeniosas como extrañas.
Una de ellas fueron los llamados "atrapa peatones": estructuras instaladas en la parte delantera del vehículo que pretendían recoger a la persona atropellada en lugar de lanzarla contra el duro frontal del coche.
Cuando el coche se convirtió en una amenaza para los peatones
Uno de los primeros "atrapa peatones" que quedó registrado en una grabación fue presentado en Berlín en 1927. El dispositivo desplegaba una gran red delante del vehículo para recoger al peatón en caso de atropello. El contexto ayuda a entender por qué alguien llegó a pensar que aquello era una buena idea.
Sólo en EEUU había unos 200.000 vehículos en circulación en 1909, pero en 1916 ya eran aproximadamente 2,25 millones. Con semejante crecimiento, también aumentaron los atropellos: en la década de 1930 se llegó a registrar hasta 15.000 peatones fallecidos al año, muchos de ellos niños.
La ausencia de formación estandarizada para los conductores, de normas de circulación consolidadas y de sistemas de seguridad hacía que las calles fueran especialmente peligrosas. Los coches compartían espacio con peatones, caballos y carruajes, mientras los primeros automóviles tampoco destacaban precisamente por su facilidad de conducción.
Redes, asientos y hasta mecanismos para frenar el coche
Durante los años siguientes aparecieron cada vez más diseños en Europa y EEUU. Uno de los más populares llevaba como dos paneles y una tela plegada que se extendía desde el capó hasta el suelo, prácticamente de rueda a rueda.
La idea era crear una superficie acolchada que recogiera al peatón antes de que impactara directamente contra la carrocería. Una especie de “quitanieves blandito”, con un problema evidente: para activarlo el conductor debía reaccionar a tiempo, y a velocidades suficientemente bajas como para que quizá todavía pudiera haber evitado el atropello frenando.
Otros inventores fueron todavía más lejos: ya en 1931, se describió un sistema que recogía al peatón en una especie de silla y desplegaba unos brazos metálicos alrededor de su cuerpo. El mecanismo debía además accionar los frenos y colocar unos bloques delante de las ruedas para impedir que el automóvil siguiera avanzando.
Pero uno de los diseños de “atrapa peatones” más llamativos quizá fue el de los hermanos Horowitz, de 1936. Su propuesta imaginaba que, tras el impacto, un asiento acolchado surgiría delante del vehículo para recoger al peatón. El peso de la persona activaría entonces un mecanismo conectado a los frenos de las cuatro ruedas. Después de detenerse el coche, el asiento volvería a plegarse y quedaría oculto detrás del parachoques.
El problema es que estos sistemas tenían demasiados inconvenientes para convertirse en una solución real a gran escala. Dependían de una reacción rápida del conductor, podían reducir todavía más la visibilidad y perjudicaban la maniobrabilidad del vehículo. Además, buena parte de ellos solo tenía sentido a velocidades relativamente bajas. A esas velocidades, precisamente, lo más sencillo era frenar antes de atropellar al peatón.
Los "atrapa peatones" acabaron quedándose como una curiosa vía muerta en la historia de la seguridad vial, y menos mal. Aquellos inventos no consiguieron resolver el problema del atropello, pero muestran hasta qué punto la llegada masiva del automóvil obligó a buscar soluciones cuando todavía faltaban muchas décadas para que la seguridad se integrara de forma habitual en el diseño de los coches.
Imágenes | British Pathé
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