"Resplandor luminoso nocturno o brillo producido por la difusión y reflexión de la luz en los gases, aerosoles y partículas en suspensión en la atmósfera, que altera las condiciones naturales de las horas nocturnas y dificultan las observaciones astronómicas de los objetos celestes". Así se define la contaminación lumínica, un problema cada vez mayor.
Y no solo en las grandes ciudades. Los mapas satelitales muestran que el problema se está agravando porque en la España despoblada se está produciendo un cambio masivo: la luz naranja se está sustituyendo por la azul.
El cambio hacia las luces LED se hizo por eficiencia, pero esconde muchos problemas
En 2023 la Universidad Complutense de Madrid y el 'International Research Center of Big Data for Sustainable Development Goals' lanzaron el primer mapa de contaminación lumínica calibrado de alta resolución de la Península Ibérica gracias al uso de datos proporcionados por el satélite SDGSAT-1. Una de las características más destacadas de este mapa es su capacidad para proporcionar una estimación de la temperatura de color de las fuentes de luz estudiadas, un factor crucial en la comprensión de los efectos de la luz artificial en la noche.
Desde elDiario.es han desarrollado además un mapa interactivo que permite buscar la huella lumínica de cada municipio: la herramienta te revelará la cantidad de luz que emite y el color en el que más brilla, a partir de la información que captan los satélites de la luz de las farolas. También hay un ranking con los municipios que más brillan y su color desde el espacio. Madrid es el que más brilla, seguido de Barcelona y Zaragoza.
Como se puede observar, son las grandes ciudades las que más contaminación lumínica tienen, pero está ocurriendo que la práctica totalidad del territorio español se ilumina con luz cada vez más azul, en vez de amarilla. Y pasa en la inmensa mayoría de los pueblos de menos de 5.000 habitantes -que suelen estar rodeados de valiosos entornos naturales- debido a la proliferación de luces LED en las últimas décadas.
Detrás de este cambio se encuentra la mayor eficiencia de este tipo de luces, pero que esconde otros problemas: aumenta la cantidad de luz emitida y el brillo del cielo nocturno, a diferencia de la luz más cálida:
"Existe un consenso científico amplio en que la iluminación LED blanca rica en azul produce impactos biológicos y astronómicos especialmente intensos debido a la alta sensibilidad circadiana de muchos organismos y a la fuerte dispersión atmosférica de esas longitudes de onda", detallan desde elDiario.es. Por eso no recomiendan ver el móvil justo antes de dormir: la luz azul engaña a tu cerebro haciéndole creer que aún es de día, alterando el ritmo circadiano, frenando la producción de la melatonina y elevando el nivel de alerta. Y a los animales les produce el mismo efecto.
Imágenes | Pexels, elDiario.es
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