La guerra de Ucrania ha demostrado lo vulnerables que son los helicópteros. EEUU quiere protegerlos con un dron “guardaespaldas” pilotado por IA

  • El Thunder despega en vertical, vuela como un avión y puede acompañar a helicópteros de ataque cargado de misiles

  • Anduril quiere que las máquinas asuman buena parte del riesgo que hasta ahora recaía sobre los pilotos

Anduril
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Irene Mendoza

La guerra de Ucrania ha destapado un auténtico problema para los ejércitos modernos: una aeronave de decenas de millones de dólares como el avanzadísimo AH-64 Apache puede volar por los aires por culpa de sistemas muchísimo más baratos. Misiles portátiles, municiones merodeadoras y pequeños drones han convertido el vuelo a baja altura en un entorno cada vez más hostil para los helicópteros de combate.

La solución de la estadounidense Anduril se llama Thunder, un gran dron autónomo de combate diseñado para acompañar a helicópteros tripulados como el Apache y asumir algunas de las misiones más arriesgadas. Presentado en el Salón Aeronáutico de Farnborough, lleva al mundo de los helicópteros una idea que ya está ganando terreno entre los cazas: el “loyal wingman”: una aeronave no tripulada que vuela junto a ellos para ampliar su potencia de fuego y reducir su exposición a las defensas enemigas.

Un guardaespaldas armado hasta los dientes para los helicópteros

Thunder no es precisamente un pequeño dron que pueda lanzarse desde una mochila. Este pertenece al Grupo 5 de la clasificación estadounidense de aeronaves no tripuladas, reservado a los aparatos de más de unos 600 kg.

Este dron de última generación lleva una configuración de rotores basculantes, puede despegar y aterrizar verticalmente como un helicóptero y, una vez en el aire, aprovechar sus alas para volar con mayor velocidad y eficiencia. Su sistema de propulsión híbrido-eléctrico y los rotores de velocidad variable también buscan reducir el consumo y la firma acústica, algo especialmente importante para una aeronave pensada para moverse a baja altura cerca de las defensas enemigas.

En su bodega modular, Anduril asegura que podrá transportar hasta 10 misiles aire-superficie, 16 efectores lanzados desde el aire o nada menos que 76 cohetes de 70 mm. A ellos pueden sumarse hasta 12 interceptores antidrones alojados en el morro. No obstante, la configuración del Thunder puede modificarse para llevar armamento, sistemas de guerra electrónica, equipos contra drones o incluso carga logística.

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Y toda esa potencia de fuego puede plegarse y viajar dentro de un contenedor de transporte estándar por carretera, tren, barco o avión, para después operar sin necesidad de una pista convencional. La idea de Anduril es que el piloto del helicóptero tampoco tenga que convertirse en piloto de drones mientras intenta sobrevivir a ras de suelo.

Así, su software Lattice for Mission Autonomy permite que Thunder gestione de manera autónoma aspectos como la formación, la ruta, la velocidad, la separación entre aeronaves o la navegación alrededor de obstáculos. La tripulación marca qué quiere conseguir y el sistema decide cómo ejecutar buena parte de la tarea: para ello, combina visión artificial, cartografía y navegación inercial para seguir funcionando incluso cuando las comunicaciones o el GPS están degradados.

Ucrania está cambiando las reglas del juego

Chris Brose, presidente de Anduril, ha explicado que “el concepto nace de las lecciones que EEUU y sus aliados están extrayendo de Ucrania”: la proliferación de MANPADS, drones FPV y municiones merodeadoras ha hecho especialmente peligroso el espacio aéreo a baja cota. En este sentido, Rich Drake, responsable de Anduril en Reino Unido y Europa, añadía que las tripulaciones humanas son “demasiado valiosas para perderlas”.

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Thunder pretende asumir parte de ese riesgo y, al mismo tiempo, aportar más armas a cada formación. Las cuentas que hace Anduril son llamativas, pues según la compañía “tres Thunder acompañando a un único Apache permitirían triplicar la munición disponible en una misión”, sin poner en peligro a tres tripulaciones adicionales y por una fracción del coste de desplegar una fuerza equivalente formada únicamente por aeronaves tripuladas.

El planteamiento encaja además con la estrategia estadounidense de “Affordable Mass”: frente al modelo tradicional de fabricar pocas armas extraordinariamente sofisticadas y caras, el campo de batalla moderno está empujando hacia sistemas más asequibles, numerosos y suficientemente prescindibles como para enviarlos allí donde perder una aeronave tripulada resultaría inasumible. No obstante, de momento habrá que esperar para ver al Thunder hecho realidad.

El aparato mostrado en Farnborough es un prototipo a escala real y el Thunder definitivo todavía no ha volado: Anduril prevé que eso suceda en 2027 y plantea una posible producción hacia 2029 o 2030 si consigue clientes. De momento, Anduril ya busca oportunidades tanto en EEUU como en Reino Unido, donde ha sido preseleccionada para el Proyecto NYX del Ejército británico. Mientras tanto, Boeing y Sikorsky también trabajan en aeronaves colaborativas de ala rotatoria en marcha, como muestra de hacia dónde está virando el futuro de la aviación militar.

Imágenes | Anduril Industries

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