Curvas y más curvas, con un horno de leña de postre: Segovia tiene una ruta perfecta para disfrutar al volante y comer bien

Esta ruta segoviana recorre la zona de las Hoces del Río Duratón, con carreteras que atraviesan uno de sus paisajes más espectaculares hasta llegar a Sepúlveda

Ruta Sepulveda
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Alejandra Otero

Carreteras secundarias, curvas enmarcadas es un paisaje castellano que parece detenido en el tiempo, un pueblo medieval encaramado sobre un cerro y un horno de leña esperándonos al final del camino. En Segovia hay una ruta estupenda para una escapada de fin de semana: un viaje hasta Sepúlveda, que marida el placer de conducir por la serranía segoviana con visitar uno de los pueblos históricos de la provincia.

Fortalezas medievales, iglesias románicas, estupendos restaurantes para deleitarnos con lechazo asado y un entorno natural único con las Hoces del Río Duratón en el menú. Un periplo que mezcla historia, naturaleza, gastronomía y kilómetros de disfrute al volante.

La ruta: de Somosierra a Sepúlveda entre curvas, pinares y los buitres del Duratón

Empezando por la ruta, para llegar a Sepúlveda habitual es hacerlo desde el puerto de Somosierra en la A-1. Abandonar la autovía nos llevará a una sucesión de carreteras secundarias que entran de lleno en la Sierra del Ayllón, plagadas de curvas exigentes, enlazadas rápidas y cambiantes panorámicas.

La salida desde la A-1 es la de Santo Tomé del Puerto, que nos lleva a la carretera SG-911 y después a la SG-232. Entramos así en un recorrido más pausado, entre pinares, pequeños puertos o pueblos serranos y aldeas. Ambas carreteras serpentean entre laderas o bien se extienden en largas rectas enmarcadas entre los campos segovianos. 

Sepulveda Vista panorámica de Sepúlveda

En este recorrido, el protagonismo se lo lleva el paso por el entorno del Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. De hecho, antes de llegar a Sepúlveda, merece la pena hacer un pequeño desvío por la SG-V-2323, una carretera que es perfecto balcón al parque. Discurre entre cortados calizos, cañones atravesados por el río, siendo además una zona donde tenemos una de las mayores colonias de buitres leonados de Europa. Son solo unos pocos kilómetros extra, entre unos 10 o 15 minutos.

Qué ver y comer en Sepúlveda: un viaje medieval con cordero como premio

Sepúlveda es un pueblo de la meseta que concentra siglos de historia en pocas calles. Asentado en lo alto de un cerro casi rodeado por el río Caslilla, su ubicación es santo y seña de su historia: en la Edad Media gozó de una defensa natural privilegiada, siendo enclave protagonista de la Reconquista. Su casco antiguo aún conservado, fue declarado como conjunto histórico en la década de los 50.

Sepulveda Ruta 04 Castillo de Sepúlveda

Su gran referente es el Castillo de Sepúlveda, o castillo de Fernán González, en la plaza Mayor. Primero fue fortaleza romana, luego alcazaba árabe y la edificación final es posterior a la reconquista de la villa, encargada por el conde Fernán González en el siglo X. Se conservan las torres y los lienzos de muralla, así como parte de la estructura, siendo una de las fortalezas más antiguas de Segovia y recordando la impronta defensiva de la localidad.

Sepulveda Ruta 01 Iglesia de El Salvador

A su patrimonio se añaden seis iglesias románicas, los otros tesoros de Sepúlveda. La más antigua es la de Santiago, del siglo XI. Y la más conocida la de El Salvador, también en la plaza Mayor y que data del siglo XII: su pórtico lateral con capiteles esculpidos es uno de los mejores ejemplos del románico segoviano, sobrio pero plagado de detalles artesanales. Y más allá de estos monumentos, recorrer sus calles medievales empedradas o acercarse a los miradores de las hoces del Duratón ponen la guinda a una visita digna de un viaje en el tiempo.

Sepulveda Ruta 02

Aunque el verdadero broche final es gastronómico. La gran especialidad de Sepúlveda es el cordero lechal asado en horno de leña, que rivalizada con el de otro pueblo segoviano de referencia: Pedraza. Sepúlveda opta por la raza churra, alimentada en pastos de altura, y cocinado a fuego lento al crepitar de la brasas de encina. Este especialidad se sirve en restaurantes como El Figón de Tinín, siendo el más conocido, así como Casa Román. Aunque en general hay varios emplazamientos para disfrutar de esta "catedral del lechazo".

Imágenes | Turismo de Castilla y León

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