Girar el volante hasta encajar el coche en el hueco es casi un acto reflejo. Juan José, mecánico de Talleres Ebenezer en Sevilla, nos recuerda que esa costumbre no es tan inocente como parece.
Girar la rueda cambia la inclinación del coche y la reparte de forma desigual sobre la dirección y la suspensión, un efecto que se agrava cuanto más tiempo pasa el vehículo estacionado así.
Dejar el coche aparcado con las ruedas giradas es una mala idea, casi siempre
El mecánico señala especialmente a modelos de gama alta, con Mercedes-Benz y BMW como ejemplo, cuyo sistema de dirección favorece una ligera inclinación de las ruedas al girar para mejorar la maniobrabilidad. Se trata de una caída dinámica que aparece al girar el volante a fondo, por el propio diseño de la geometría de dirección (ángulo de salida y avance del pivote).
En marcha ese cambio de caída ayuda a la maniobrabilidad, pero con el coche parado y las ruedas a tope de giro, ese mismo ángulo concentra el peso en un borde del neumático en vez de repartirlo por toda la banda de rodadura.
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“Esa rueda que se inclina está haciendo más apoyo en una parte muy pequeña, que no está preparada para soportar tanto peso”, advierte Juan José. Además, semanas con el volante girado en esa posición pueden dejar rótulas y amortiguadores tocados, y un desgaste irregular que provocará una visita al taller.
Además, en los coches con dirección asistida hidráulica se añade un problema. Con las ruedas giradas al máximo, la bomba sigue manteniendo una presión constante es el problema.
No es que la bomba trabaje más fuerte de forma puntual, es que se queda forzando contra un tope físico de forma continua, sin poder liberar la energía en movimiento como hace en marcha normal. Esa presión sostenida acelera el desgaste de las juntas y favorece las fugas. Si la fuga es grande, la bomba puede acabar trabajando en seco, una avería bastante más cara que una revisión rutinaria.
Sin embargo, aparcar con las ruedas giradas no siempre es un error. En una calle con pendiente pronunciada, hacerlo es justamente lo correcto. Es una medida de seguridad que la propia DGT recomienda aunque no nos la enseñen cuando nos sacamos el carnet de conducir. Si el freno de mano llegara a fallar, el bordillo actuaría entonces de tope y evitaría que el coche fuera calle abajo sin control, o simplemente le diera al coche aparcado detrás.
Hacia donde girar las ruedas cambia según el sentido de la cuesta. La técnica correcta depende del sentido de la pendiente. Cuesta abajo, las ruedas se giran hacia el bordillo. Cuesta arriba, hacia el centro de la calzada. En ambos casos, si el vehículo se moviera mínimamente, la rueda delantera toparía siempre con el bordillo antes de ganar velocidad.
Para turismos esto es una recomendación, no una obligación. La exigencia legal sí existe, pero queda acotada en el artículo 92.3.d del Reglamento General de Circulación a vehículos de más de 3.500 kg de masa máxima autorizada, autobuses y conjuntos de vehículos.
La norma de taller, por tanto, tiene una excepción de peso. Dejar las ruedas rectas es lo correcto casi siempre, salvo cuando la pendiente convierte esa misma costumbre en la diferencia entre un susto y un coche empotrado calle abajo.
Imágenes | Juan José Ebenezer, Pexels
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