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La burbuja de la potencia

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Recientemente he leído una columna de opinión del grandísimo Arturo de Andrés, uno de los más veteranos en la profesión de periodismo del motor. Hemos coincidido muchas veces en presentaciones, aunque le puse nombre meses más adelante. Escucharle es un placer, por la sabiduría que atesora, aunque puede que no siempre compartamos sus postulados.

¡Que me voy por las ramas! Volviendo a su columna, llamada “Potencia desenfrenada”, AdA nos pregunta sobre la conveniencia de modelos de muy altas prestaciones, como deportivos y coches que superan los 400 caballos de potencia, que seguro que conocéis unos cuantos.

Antes de seguir, os contaré una anécdota de una presentación, en la que tenía la parabólica conectada y capté una conversación ajena. En ella, un compañero veterano le contaba a otro cómo había ido la presentación de un coche de esas características, no diré cuál, en carreteras de Alemania.

BMW M5

El periodista en cuestión se lamentó de que en la charla técnica se les avisó de que había muchos controles de velocidad y que procurasen portarse bien. Al término de la sesión de conducción, nuestro amigo le comentó al responsable teutón de turno que “es como conducir mi coche, pero mucho más caro”.

Antaño las carreteras tenían muy poco tráfico y tenía más sentido tener un coche que pudiese exprimirse y tener sensaciones dignas de competición en una carretera pública. Pero el aumento del tráfico, la corrección política —muy necesaria— y la concienciación ciudadana va poniendo coto a esa forma de entender el automóvil.

Nuestro amigo se quejó de que, teniendo que cumplir todas las normas de tráfico, no había mucha diferencia con su turismo particular, que no tengo ni idea de cuál es. Pues bien, hilando con esto, vuelvo a la columna de Don Arturo. Que sí, que los circuitos están muy bien… hasta que la experiencia te supera y ya no quieres más.

Cadillac CTS-V

Por otro lado, tenemos que correr en circuito es algo que no se puede hacer cuando uno quiera, sino cuando el circuito lo permite. Segundo, que el desgaste que sufre el coche es mayúsculo y no sale nada barato (incluso para quien nada en la opulencia) y para correr correr hay modelos específicos. Tercero, que luego en carretera esas prestaciones no se llegan a usar.

Para conducir un coche de más de 400 CV por una vía pública y aprovecharlos hay que estar o bien loco de remate, o tratando de batir un récord de velocidad del punto A a B, o pretender cruzar Alemania con una media efectiva de más de 130 km/h (partiendo de la base de que el tráfico siempre nos obliga a reducir el ritmo).

Durante la breve época de los 110 km/h, más de un periodista dijo que el coche x no tenía sentido con ese límite de velocidad. Lo cierto es que tenía el mismo sentido que a 120 y a 130 km/h. Cualquier coche que se planta en 200 km/h con la misma facilidad que un utilitario se pone a 100 km/h, no tiene mucho sentido bajo ese punto de vista.

Mercedes-Benz SLS AMG Roadster

¿Y p’a qué quieres tanto jaco?

La potencia viene muy bien para adelantar, desde luego, pero ¿tanta? Lo mismo para recuperar velocidad en autovía, si no queremos ir a ritmo de videojuego, pues una berlina con 170 CV ya va bastante sobradita, salvo que el ritmo objetivo sea por encima de 180, que ya les cuesta un poco acelerar.

¿Acaso estos coches están únicamente para millonarios, jeques del petróleo, embajadores del derroche y el sinsentido de la opulencia? ¿Son solo una muestra del “yo la tengo más larga” de los fabricantes? ¿Es una escalada absurda, o sin sentido, o carente de raciocinio? ¿Está Arturo ya más quemado que el aceite del F1 de Vettel? Pues menuda papeleta…

Aunque tengo una respuesta para varias de estas preguntas, voy a guardármelas en el bolsillo durante unos días, para reflexionar. Os pido a vosotros que también hagáis un ejercicio al respecto, pensando hasta qué punto esto es una auténtica locura, o que no es nada diferente a otras épocas. Realmente me pregunto qué estáis pensando.

Salón de Barcelona

Si me permitís un apunte personal, he tenido oportunidad de conducir más de un coche de las características que menciona Arturo. Son, decididamente, coches fuera de lo común en cualquier sentido, que por presupuesto e imagen están claramente fuera del alcance del mortal medio, a menos que se hipoteque y viva en el propio coche.

No estamos hablando de coches de producción masiva, son difíciles de ver fuera de Puerto Banús, La Moraleja y clubs de golf selectos. Digamos que su pedigrí suele ir ligado al precio que tienen y a las capacidades que se les presupone por ficha (se utilicen o no).

La carrera por la potencia bruta ya se abandonó, luego vino la guerra por la eficiencia. Pero de esa lucha volvió a salir una escalada de potencia por el mejor aprovechamiento de los motores, así que volvemos a estar en las mismas, pero en el mundo en el que el petróleo barato e inagotable ya es agua pasada, salvo que se viva en países muy concretos del globo.

Y bien, ¿qué opináis?

Enlace | La tribuna de automoción (página 4)

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