El “calzado” del coche no se limita a los neumáticos, también incluye la pieza sobre la que se montan esos neumáticos: las llantas. Además de servir como “soporte” para las gomas, este componente es lo que une las ruedas con el chasis del vehículo, por lo que tiene una gran importancia. Eso sí, existen diferentes tipos de llantas.
Hoy por hoy, casi todos los coches equipan llantas de aleación de serie, pero todavía quedan muchos que incorporan llantas de acero. Aunque ambas tienen la misma función, son completamente distintas, de hecho, también hay muchos tipos de llantas de aleación.
Precio, durabilidad, estética... hay muchas diferencias
La principal diferencia entre una llanta de aleación y una llanta de acero es el material con el que están fabricadas. La de acero utiliza, evidentemente, acero; se trata de una pieza monobloque (está mecaniza a partir de una sola pieza) y actualmente se utiliza en coches baratos y en las versiones de acceso a la gama de ciertos modelos porque su principal ventaja es el ahorro de precio respecto a una llanta de aleación.
El acero es más barato y, generalmente, su diseño es muy simple porque únicamente tiene unos agujeros para refrigerar los frenos. Por esto último, los fabricantes suelen incorporan un embellecedor de plástico o de chapa para mejorar el diseño de la rueda: los tapacubos. Estas piezas se pueden atornillar a la llanta o se montan a presión y únicamente tienen una función estética.
Así es una llanta de acero. Sobre esa llanta se pone el tapacubos, a modo de embellecedor, normalmente, a presión.
La principal ventaja de las llantas de acero es su bajo coste. Los tapacubos también son baratos, por lo que, si se roza la rueda contra un bordillo, es más económico cambiar un tapacubos que arreglar una llanta de aleación.
Por su parte, las llantas de aleación están hechas de alguna aleación, generalmente, de aluminio, pero pueden ser de magnesio o incluso de fibra de carbono. Aunque son más caras que las llantas de acero, “visten” mucho más al coche porque se pueden fabricar con todo tipo de diseños y no necesitan una cubierta a modo de embellecedor.
Llanta de aleación de aluminio con fijación a través de cinco tornillos.
También son más ligeras que las llantas de acero, con la ventaja que eso supone a nivel de prestaciones y de ahorro de combustible. Las aleaciones también suelen aguantar mejor el paso del tiempo que el acero y no tienen los mismos problemas de oxidación. Además, su diseño permite refrigerar mejor los frenos.
La principal desventaja que tienen respecto a las llantas de acero es su precio, aunque esto depende del tipo de llanta de aleación que sea. Las de aluminio son más asequibles, por eso las montan casi todos los coches modernos, mientras que las forjadas son mucho más caras, igual que las de fibra de carbono o las de aleación de magnesio. Todas estas tienen una estructura más resistente y son más ligeras que las de aluminio, pero su precio puede dispararse.
Llanta desmontable con fijación central.
También hay llantas desmontables: en lugar de estar mecanizadas a partir de una sola pieza, tienen dos o tres partes. La ventaja de este tipo de llantas es que son más fáciles de reparar que las monobloque.
El precio también depende del sistema de fijación de la llanta. Lo habitual es que tengan cinco o seis tornillos para acoplarse al buje del coche, pero también pueden ser monotuerca, es decir, se fijan al buje mediante una sola tuerca central. De esa forma, se pueden poner y quitar más rápido, lo cual es muy útil en competición.
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