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Cómo funciona el sistema antideslumbramiento del retrovisor de tu coche

Cómo funciona el sistema antideslumbramiento del retrovisor de tu coche
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Podríamos debatir largo y tendido sobre qué elementos de seguridad son los más importantes en un vehículo, pero sin duda los retrovisores son cruciales a la hora de conducir con confianza, pudiendo ver los que nos rodea en todo momento a través de ellos y, sobre todo, facilitándonos ubicar nuestro vehículo en el entorno y también la posición del resto de vehículos de la vía.

A estas alturas todos deberíamos saber cómo regular nuestros retrovisores y también que, aunque haya conductores que no le tengan demasiado cariño a sus espejos, siempre debemos llevar un ojo puesto en ellos. Lo que quizá no sea tan evidente es cómo funcionan los retrovisores electrocrómicos, o lo que es lo mismo, los de antideslumbramiento automático.

Durante años el mecanismo de los retrovisores interiores para evitar deslumbramientos ha sido de lo más rudimentario, y de hecho muchos automóviles de gama baja o sencillo planteamiento lo siguen utilizando, porque a veces lo más eficaz es lo más simple.

Espejos retrovisores
Espejos retrovisores

Hablamos del sistema de doble posición para el retrovisor, cuyo objetivo es evitar que las luces de otros vehículos nos deslumbren. Básicamente, una palanquita en la parte inferior del espejo nos permite variar su posición y, más concretamente, el ángulo del espejo, cambiando la dirección de los rayos de luz reflejados por el mismo. Sencillo, ¿no? Pero manual, claro. ¡Demasiado trabajo!

Así funciona un espejo electrocrómico

Una solución cada vez más común y que evita que tengamos que mover nosotros el retrovisor son los llamados espejos de oscurecimiento automático, electrocrómicos o de antideslumbramiento automático, que básicamente hacen la misma función que los de doble posición, pero sin que el conductor tenga que preocuparse de nada.

Una de las ventajas de este tipo de espejos, además de la comodidad para el usuario, es que pueden utilizarse no sólo en el retrovisor interior, sino también en los dos exteriores de un turismo. Ahora bien, ¿cómo funcionan estos retrovisores aparentemente mágicos? De magia nada. Ciencia pura y dura.

Espejos retrovisores
Espejos retrovisores

A simple vista son exactamente iguales que un retrovisor convencional, pero en este caso la palanquita manual deja paso a una luz o piloto que nos indica si está activado su funcionamiento o no, y que normalmente va acompañado, según el modelo, de un botón para su activación.

En esencia, en lugar de un solo espejo, los electrocrómicos hacen uso de un vidrio multicapa que, al aplicarle corriente eléctrica, cambia su opacidad, perdiendo transparencia y oscureciéndose. De hecho esto se usa también en los techos solares de ciertos vehículos e incluso en aviación (las ventanillas del Boeing 787 Dreamliner son un gran ejemplo).

Estos espejos multicapa están compuesto por el propio vidrio, que es la capa externa que podemos ver y tocar, otra detrás que es la capa conductora de la electricidad, y tras ésta otras tres capas -una de ellas electrocrómica, otra contraelectrodo y otra conductora de iones-, más una última, reflexiva de metal.

Espejos retrovisores
Retrovisores

El oscurecimiento del propio espejo no es siempre el mismo, ya que depende de la luz que incida sobre los sensores. Es el microprocesador el que, con esa información, decide cuánta corriente eléctrica aplicar y, por tanto, el nivel de oscurecimiento que vamos a obtener. A más corriente, mayor opacidad (más oscurecimiento).

Según el modelo, el espejo puede tardar más o menos tiempo en oscurecerse, aunque suelen ser segundos (hasta diez segundos pueden tardar en aclararse). Y, en cualquier caso, para devolver el espejo a su opacidad natural, se aplica la misma corriente pero inversa. Cabe apuntar que estos espejos funcionan a una tensión muy baja, de entre uno y tres Voltios, y consumen muy poca energía.

Obviamente, siendo algo más complejos que los retrovisores de doble capa "de toda la vida", son también más caros, ya que en su interior incorporan un pequeño microprocesador, sensores de luz (uno "mira" hacia delante y el otro hacia atrás) y cables para conducir esa corriente eléctrica que necesita el vidrio para cambiar de opacidad.

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