Donald Trump ha vuelto a sacar la artillería pesada en su red social Truth: el presidente de EEUU ha anunciado su intención de subir los aranceles a los coches y camiones importados desde Europa del 15 % actual hasta el 25 %. Un movimiento que golpearía directamente al corazón de la industria del automóvil y que eleva al máximo la tensión diplomática entre ambos bloques, justo cuando el acuerdo comercial firmado en 2025 aún está pendiente de su desarrollo definitivo.
La excusa de Washington es que es una medida proteccionista ante un supuesto incumplimiento por parte de Bruselas, aunque sin detallar en qué puntos. Pero en Europa la lectura es muy distinta: lo que para la Casa Blanca es presión comercial, para Bruselas es un ataque político directo, con Alemania en el punto de mira.
Una guerra comercial que apunta directamente a Alemania
En la Eurocámara la reacción no se ha hecho esperar. El eurodiputado Bernd Lange, presidente de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, ha calificado la amenaza de Trump de “inaceptable” y ha advertido que Trump “no es de fiar”. Para él, esta medida apunta directamente a Alemania en un momento de alta tensión con Washington marcado por desacuerdos sobre la estrategia en Irán y el anuncio de retirada de tropas estadounidenses del país.
Si EEUU lleva a cabo su amenaza, Alemania sería especialmente duro: según cifras de Reuters, sólo en 2024, sus exportaciones de vehículos a EEUU superaron los 21.000 millones de euros, lo que la convierte en el quinto mayor proveedor del mercado estadounidense, solo por detrás de México, Japón, Corea del Sur y Canadá. Por eso desde Berlín ya están moviendo ficha, y su Ministerio de Economía ha confirmado que “coordinará una respuesta estrecha con la Comisión Europea”.
¿Y qué pasa con España? A diferencia de nuestros vecinos alemanes, el motor nacional respira con relativa tranquilidad ante este nuevo órdago. Como señalan los últimos informes de la patronal ANFAC, el impacto directo de los aranceles de Trump en el vehículo terminado sería prácticamente nulo. Y es que tras el fin de los envíos de la Ford Transit Connect desde Almussafes y la retirada de la Mercedes Metris (nuestra Vito) en 2023 por problemas de homologación, no se exportan turismos ni comerciales ligeros españoles al otro lado del Atlántico.
El giro de guion y el as bajo la manga de Bruselas
Ante este escenario, la UE ya no parece dispuesta a ceder como en el pasado. Voces como la de Iratxe García, líder de los socialdemócratas en la Eurocámara, piden activar el instrumento anticoerción. Este permitiría cerrar el mercado europeo a ciertos bienes o limitar la participación de empresas estadounidenses en contratos públicos financiados con fondos comunitarios. Bruselas, de hecho, ya ha advertido de que “todas las opciones están sobre la mesa” si Washington rompe el marco pactado.
Trump, fiel a su estilo, ha dado una alternativa a los fabricantes: producir en EEUU para evitar aranceles. Lo hace mientras presume de inversiones superiores a 100.000 millones de dólares en nuevas plantas. Así, la incertidumbre vuelve a castigar a un sector que ya sufrió un 2025 muy complicado. Con el acuerdo de Turnberry pendiendo de un hilo y la sombra de las tensiones por Groenlandia e Irán aún presentes, el panorama para el motor europeo se presenta más combativo que nunca. Al final, la tregua comercial ha durado exactamente lo que ha tardado Trump en pulsar “enviar”.
Imágenes | Motorpasión, Unsplash
En Motorpasión | Nissan y Honda estuvieron a punto de unirse para hacer frente a las marcas chinas. Ahora vuelven a planteárselo, pero esta vez por culpa de Donald Trump
Ver 0 comentarios