Algunas carreteras están añadiendo decimales en los límites de velocidad. No es una locura, es una forma de que los conductores presten más atención

"Te hace mirar dos veces. Y lo más importante, rompe esa sensación de ‘piloto automático’ en la que todos podemos caer al conducir por rutas conocidas"

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Victoria Fuentes

"Puede que notes algo diferente en tu próxima visita. Nuestro límite de velocidad ahora es de 17,3 millas por hora". Este inusual límite de velocidad se ha estrenado en las instalaciones de una planta de reciclaje y gestión de residuos en Appleton, Milwaukee (EEUU para los despistados).

Puede parecer una broma, pero añadir un decimal al límite de velocidad es una buena forma de mantener la atención de los conductores.

Según detallan desde la cabecera británica Independent, la planta justifica que decidió establecer un límite de velocidad de 17,3 mph (que equivale a unos 27,8 km/h) porque hace que los conductores "se detengan":

"Te hace mirar dos veces. Y lo más importante, rompe esa sensación de ‘piloto automático’ en la que todos podemos caer al conducir por rutas conocidas", explica en su página de Facebook la planta. Y es por sus carreteras no solo transitan trabajadores, también transportistas, contratistas y residentes de la zona. 

La ciencia detrás del decimal: romper el "Piloto Automático"

Y tiene todo el sentido del mundo, porque incluso con límites claros y alertas por todas partes, conducir en piloto automático es uno de los hábitos más cotidianos y a la vez un peligroso fenómeno psicológico. ¿Cuántas veces te has preguntado: "¿cómo demonios he llegado aquí?" mientras conducías? Exacto. Se trata de una disociación o desconexión mental que nos hace evadirnos de la tarea de la conducción, con todo lo que eso puede conllevar.

El concepto se basa en la psicología cognitiva, concretamente en lo que se conoce como disrupción de patrones o el Efecto Von Restorff (que dicta que un elemento que destaca de su entorno es más propenso a ser recordado).

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Cuando conducimos, nuestro cerebro procesa las señales de tráfico estándar (30, 50, 90, 120) como "ruido de fondo". Estamos tan acostumbrados a ellas que las leemos de forma pasiva mientras operamos en piloto automático. Sin embargo, cuando un conductor ve una señal que dice "Límite 17,5", ocurre un cortocircuito cognitivo que desemboca en tres consecuencias:

  • Genera confusión inicial: el cerebro no reconoce la silueta típica del número.
  • Fuerza la lectura activa: obliga al conductor a apartar la vista de la carretera un milisegundo más para procesar si ha leído bien.
  • Traslada la atención al cuadro de mandos: la rareza del número provoca que el conductor mire instintivamente su velocímetro para intentar encajar la aguja o el número digital en esa cifra tan extraña.

El resultado inmediato de esa pequeña confusión es que el conductor levanta el pie del acelerador. Por eso no es de extrañar que además de medidas como esta, en algunos países hasta pongan acertijos en largas rectas, precisamente para evitar que el conductor acabe inmerso en la hipnosis o peor, dormido:

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Pero esto de añadir decimales a los límites no es algo aislado. El uso de límites de velocidad con decimales (como 17,5 km/h) o números impares atípicos (como 14 o 22) es una táctica real y documentada, especialmente en Estados Unidos. Detallan desde Independent que un centro comercial de Colorado Springs tiene una señal que marca 8,2 mph, mientras que en otro centro comercial de Nashville, Tennessee, la velocidad está limitada a 24 mph (unos 38,6 km/h) en vez de los habituales 25 mph.

Y también en Disneyland: los parkings tienen límites de 14 mph. Al no llegar a los 15 mph, evitan ciertas regulaciones de instalación de resaltos, pero a la vez logran que el conductor preste más atención a los peatones por la extrañeza del número.

¿Y por qué no se usan estos límites de forma habitual?

Básicamente porque las normativas de tráfico prohíben usar estos números en vías públicas. En EEUU, el 'Manual on Uniform Traffic Control Devices' exige estrictamente que los límites de velocidad terminen en 0 o en 5. En Europa ocurre lo mismo con las directrices de señalización: los límites deben ser números enteros redondos y estandarizados.

Al no poder usarse en las calles, los estudios empíricos y las aplicaciones prácticas se dan en zonas de propiedad privada, donde los dueños pueden poner las normas que quieran. 

Esta medida tiene un pero, claro, y es que funciona mientras el efecto sorpresa dura: los ingenieros de tráfico coindicen en que funciona muy bien con visitantes, pero los residentes o trabajadores que pasan por la misma señal de 17,5 mph todos los días acaban interiorizándola. Una vez que el cerebro asimila el número raro, el patrón se reconstruye, el piloto automático vuelve a encenderse, y los conductores vuelven a ignorar el límite.

Imágenes | Pexels

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