Cuando una gran planta solar pierde producción en segundos o el viento cae de golpe, la red eléctrica tiene que reaccionar casi al instante para no perder estabilidad. Ese equilibrio entre lo que se genera y se consume es uno de los grandes cuellos de botella de los sistemas eléctricos que dependen de la energía renovable. Pero China acaba de poner a prueba una solución a escala real.
Lo ha hecho conectando a la red una batería gigante que no funciona como las demás: un sistema de 500 MW y 1 GWh de capacidad que combina baterías de litio con supercondensadores capaces de responder en milisegundos. Mientras unas almacenan energía durante horas, los otros actúan como un amortiguador inmediato. Así, el resultado es una red más estable, más limpia y menos dependiente del carbón.
Una batería que piensa rápido y aguanta horas
El proyecto se llama ‘Jiayuguan NingSheng’ y está situado en Jiayuguan, en pleno corredor energético del noroeste del país, una zona con enorme concentración de parques solares y eólicos. Lo impulsa China National Nuclear Corporation (CNNC), y funciona como una instalación de almacenamiento independiente, pensada para dar soporte directo a la red en un entorno donde la producción renovable cambia con rapidez a lo largo del día.
Es la primera vez que una instalación híbrida con supercondensadores alcanza esta escala de potencia y capacidad y, para ello, la clave está en la combinación de tecnologías. Por un lado, baterías de litio LFP capaces de almacenar grandes cantidades de energía durante horas, ideales para desplazar producción solar o eólica a los momentos de mayor demanda. Por otro, supercondensadores de 25 MW que destacan más por su velocidad que por su capacidad, pues responden en milisegundos cuando la red sufre una caída de frecuencia o un pico repentino de consumo.
Según explica CNNC en la documentación del proyecto, esta arquitectura “permite cubrir a la vez necesidades de energía y de potencia inmediata”, algo crítico en redes con alta penetración renovable. En la práctica, significa evitar microcortes, estabilizar la frecuencia y reducir el uso de centrales térmicas como respaldo.
El sistema está conectado a la red mediante una línea de 330 kV y opera en condiciones extremas, desde –40 °C hasta 60 °C, con refrigeración líquida y protección frente al polvo del desierto de Gobi. Las baterías las suministra Sermatec y los supercondensadores Herong New Energy, con un diseño pensado específicamente para este entorno.
En la práctica, este sistema hace posible que la red soporte más energía solar y eólica sin sobresaltos, recurre menos al carbón para cubrir imprevistos y evitará unas 200.000 toneladas de CO₂ al año, según cifras oficiales. Y, además, no es solo una infraestructura de respaldo: también gana dinero prestando servicios que mantienen el equilibrio de la red cuando la demanda o la generación cambian de golpe.
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