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La vida por un autógrafo

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El paddock de la Fórmula 1 es ese lugar al que muchos quieren acceder alguna vez en su vida. Allí hay gente trabajando, otra disfrutando del motor, y otra, simplemente, aprovechando el pase que la empresa de un amigo le ha proporcionado. Es un lugar curioso a la vez que elegante y prestigioso, donde podría decirse que conviven los pilotos.

Pero algo que puede sentirse de cerca cuando paseas por una de esas callecitas, a la que accedes cruzando un torno, son las verdaderas sensaciones de los que pilotan los Fórmula 1 a más de 300 km/h. Eso es algo que los periodistas nunca podrán hacer desde casa, por mucho recorte que haya.

En el paddock se ven a los pilotos hacer su vida, al igual que a ingenieros y periodistas. Por allí suele haber algún que otro aficionado, intentando hacerse una foto con su ídolo, o sino a las puertas del circuito. Buscan conseguir un tesoro que guardarán toda su vida, pero si los pilotos rechazan hacerlo por prisas o por cualquier motivo, quedan marcados para siempre, aunque le hayas tirado de los pelos o cogido del cuello para obligarle a posar en una foto. La actitud de los aficionados quizá no sea siempre la correcta. He visto a gente exigir gorras a Alonso porque “tiene hipoteca”, a otros llevar una muleta y fingir un esguince para que le firmen una camiseta, pero también he visto a Hamilton, después de un día de trabajo en el circuito, pedir a un padre sacarse una foto con su hija porque va vestida de McLaren, o a otros ver unos entrenamientos desde una grada.

Recuerdo el sábado, a la salida del paddock, ver a Fernando Alonso con su mochila, su compañera Dasha Kapustina, su mánager Luís García Abad, y alguna persona más. Sonreía, se hacía alguna foto y firmaba alguna gorra. Parecía confiado, cosa que daba esperanza a una buena carrera el domingo. Otros pilotos, como puede ser Kimi Raikkonen, no es raro verlo salir corriendo de la gente, intentando escaquearse. Pedro de la Rosa, como siempre, está disponible para los aficionados. Siempre se le suele ver cercano, sonriente… Algunos otros, incluso llegan a mantener alguna conversación con los aficionados, siempre que les dejan, porque claro, detrás de cada uno se suele formar una especie de corrillo de personas presionando para obtener un recuerdo. Sobre todo lo importante es la educación, porque si no acabamos perdiendo todos y creando situaciones vergonzosas, como aquella vez en la que un padre llamó a Fernando “capullo” por no fotografiarse con él en medio de unos entrenamientos de pretemporada en Jerez.

Al final los únicos que perdemos con nuestras absurdas exigencias somos nosotros, porque rompemos la cuerda al abusar, gritar y llegar a “obligar” a algún piloto a firmar, regalar o posar en fotos… Yo, si fuera uno de ellos, saldría corriendo…

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