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Más fibra que los cereales: así fue el Barroco del tuning español

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En esta ocasión queremos hablar de un tema que puede ser un poco polémico. Hay a quien le encanta y vivió aquella época de forma intensa, mientras que a otros les parece algo aberrante y celebra que su auge haya ido a menos. Nos referimos a la época tuning, aquellos años mágicos que vieron florecer una industria en toda Europa de forma boyante, con talleres especializados en modificaciones, decenas de concentraciones donde se juntaban, en ocasiones, trabajos de fibra dignos de estudio y publicaciones que hacían las delicias de los más fanáticos de este movimiento.

Disfrutó de muchos años de apogeo, de tendencias de todos los estilos, de invenciones y de artistas de la masilla capaces de crear siluetas que, no podemos negarlo, a veces resultaban cuanto menos, recargadas.  De hecho, quizá esto fue el principio del fin, la complejidad de las transformaciones, que muchas de las veces estaban exentas de estudio técnico que avalara el buen funcionamiento general del vehículo. Porque, al fin y al cabo, esos coches transformados circulaban por las carreteras y aunque pasaran la ITV tras la pertinente homologación, no asegura su correcto comportamiento en determinadas circunstancias.

También era normal que los vehículos más modificados contarán con motores pequeños y acabados pobres. El tuning y todo el trabajo que conlleva era especialmente caro y no se podía invertir en base y en proyecto al mismo tiempo. Además, no importa que el equipamiento fuera pobre, pues uno de los apartados que más inversión tenía en esta cultura era el del equipo multimedia. Incluso se llegó al extremo de poner pantallas donde realmente no servían para nada o a instalar videoconsolas en las guanteras, que obviamente, su único objetivo era ofrecer entretenimiento en los parking de las concentraciones.

Tuning, amor y odio a partes iguales

Toyota Tuning 2

La cultura del tuning arraigó mucho en España. Se podía ver casi cualquier coche transformado, con menor o mayor acierto, adoptando soluciones que muchas veces rayaban en lo absurdo. En nuestro país se puso muy de moda la transformación de su carrocería, con ensanches imposibles, alerones donde menos te lo podías esperar y formas recargadas que acabaron por recibir el apodo de ‘tuning barroco’. El barroco fue una tendencia española, o por lo menos, los talleres de nuestra piel de toro se hicieron los más famosos en esta parcela del mundillo. Se llegó a convertir elementos como un alerón, cuya función es ofrecer un buen comportamiento aerodinámico en determinadas situaciones, en meros elementos decorativos.

No tardó mucho en aparecer una auténtica legión de seguidores, que invertían cantidades muy elevadas de dinero en transformar su coche, con el único objetivo de ganar concursos ene concentraciones y de lograr un coche único en el mundo. Al mismo tiempo, comenzaron a llegar detractores de esta tendencia, que destacaban sus errores de concepción y su problemática a la hora de circular. Los apartados más criticados, sin tener en cuenta otros subjetivos como la estética, fueron el peso adicional y la aerodinámica. A mayor peso, peor dinámica y se hace necesario reforzar elementos como la suspensión o los frenos. Algo que no se hacía en muchos casos. En cuanto a la aerodinámica, el mayor problema eran las formas rebuscadas y complejas, que entorpecían el flujo de aire o directamente, le impedían pasar, como aquellos casos con el paragolpes trasero a ras de suelo cerrando el paso del aire.

Toyota Tuning 3

Sin embargo, el tuning siguió yendo a más, complicando aún más sus formas e incluso llegando al punto de usar fibra para la modificación de los interiores con maleteros más próximos a discotecas que a su original función. El resultado fue, que muchas de esas creaciones, no podían homologarse y por tanto, no podían circular por nuestras carreteras. Eran simples vehículos de exposición que acudían a las concentraciones en remolque. Muchos talleres se hicieron de oro por aquel entonces y saltaron a la fama con sus creaciones.

El año 2011 fue clave para el declive del tuning

Toyota Tuning 4

No todo fue malo, no nos malinterpretéis. Hubo trabajos muy finos, elegantes y deportivos. Algunos aficionados huían de los recargados y preferían un coche personalizado pero sin caer en el exceso y otros, echando un ojo fuera de nuestras fronteras, adoptaron otra visión del tuning que se centraba más en ámbitos como el color o las llantas, dejando de lado la fibra, los nuevos elementos para la carrocería o los equipos de audio de miles de euros. De hecho, los miles de euros que costaba una transformación de las más complejas, en algunos casos muy por encima del valor del vehículo (hay casos de inversiones de más de 50.000 euros), fue uno de los primeros motivos de su declive.

Durante muchos años, España contó con una bonanza económica que permitió una rápida expansión de esta cultura automovilística. Había trabajo, la gente se veía con posibilidades y hubo muchos factores que ayudaron a su crecimiento. Por aquel entonces, internet empezaba a ser algo habitual, no era ni de lejos lo que hoy disfrutamos, pero fue un punto importante para este mundillo. Los videojuegos también vieron una proclive situación para dar salida a muchos títulos enfocados a la cultura tuning e incluso el cine supo sacar provecho (¿acaso creéis que ‘A todo gas’ llegó por casualidad?). Pero la crisis que asoló medio mundo llegó y todo empezó a ir mal. El dinero escaseaba, los talleres no tenía trabajo y el tuning fue cayendo en el olvido.

Toyota Tuning 5

También hubo un momento importante que fue la puntada final, para que el tuning perdiera su auge. En 2011, concretamente en el mes de enero, entró en vigor el Real Decreto 866/2010, del 2 de julio, que regula la tramitación de las reformas en vehículos después de su matriculación en España. El objetivo de esta regulación era impedir cualquier tipo de modificación que pudiera comprometer la seguridad de los vehículos. Esta ley permitía lo que se conoce como ‘homologación de tipo’, aquellas que realizaban los fabricantes y que no siempre cuadraban con los gustos de los aficionados al tuning, quienes querían poder hacer de su coche una extensión de su personalidad o crear algo realmente único. También se podía modificar el coche antes de matricularlo, pero había que homologar todos los cambios para poder recibir el permiso de circular por las carreteras españolas.

Para muchos, esta ley fue el resultado de una moda que, en parte, perdió los papeles y tomó un rumbo difícilmente asumible. Y no por dinero, quien pueda, que lo haga, sino técnicamente y en lo referente a la seguridad. Sin embargo, el tuning todavía sobrevive aunque no es tan extremo como antaño. Sigue habiendo personalización, sigue habiendo gente aficionada y se siguen haciendo concentraciones ‘tuneras’, pero todo es más comedido. En el fondo, se ha terminado por adoptar las tendencias que funcionan fuera de nuestro país, donde el tuning siempre ha sido un segmento más dentro del universo del automóvil, pero con una forma de verlo muy diferente.

Imágenes | Flickr MyCedes; Photobeppus; Kay; Nikolay Ignatev

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