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Coches eléctricos, cuando el amor se apaga

Coches eléctricos, cuando el amor se apaga
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Cuentan los estudiosos de la psique que los enamoramientos difícilmente duran más de tres meses, por cómo gestionamos la feniletilamina en nuestros cerebros. Algo más de tres meses, pero no mucho más, le dura el enamoramiento con los coches eléctricos a un tercio de quienes se compran un eléctrico en Japón, a tenor de lo que cuentan en McKinsey Quarterly.

Que no se volverían a comprar uno, dicen en un 34 % de los casos, un 16 % los que están muy satisfechos y un 18 % los que lo están menos. Lo que los cautivó fue eso de no tener que repostar, lo que conducir con más tranquilidad, lo de las ayudas gubernamentales. Pero una vez que tuvieron el eléctrico en su poder, se dieron cuenta de lo que pesan los contras: básicamente, que no hay puntos de recarga y que las facturas de la luz suben de lo lindo.

Dejando de lado la obviedad de tener que pagar la factura energética, esto de los puntos de recarga es el pez que se muerde la cola. Por eso en McKinsey hacen bien en destacar la opinión de los clientes insatisfechos pese a que la gran mayoría repetiría su compra, en un 58 % los propietarios de eléctricos que adoran su coche, y en un 8 % los que no están tan contentos con su compra.

Hacen bien, porque el panorama de los eléctricos peligra en Japón por un punto que, además, fue de los primeros en ser detectado: la falta de infraestructuras de recarga. Y este es un aspecto que, como el cascabel que nadie se atreve a ponerle al gato, tendrá que afrontar la industria (una industria que, además, no pasa por su mejor momento). El dinero público puede ayudar, pero no puede convertirse en la base de los negocios.

Por lo que se desprende de las conclusiones de McKinsey, las ventas de eléctricos no serán mayores hasta que no se arregle este punto débil, ¿y no se arreglará este punto débil hasta que las ventas de eléctricos sean mayores? Japón nos enseña cuál es el camino. Si de verdad la industria quiere aprovechar el tirón de la electricidad, ya se puede ir poniendo las pilas. Porque hacer marketing está muy bien, pero al menos en Estados Unidos no les ha acabado de funcionar. Para que se vea la luz al final del túnel hacen falta enchufes, y no declaraciones de intenciones.

Fuente | McKinsey Quarterly En Motorpasión Futuro | De los 25 puntos de recarga en la vía pública que hay en Madrid, 5 están inoperativos, ¿Se han pillado los dedos los eléctricos en Estados Unidos?

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