Si entras al Salón de la Fama de los inventores nacionales de Estados Unidos, verás un sitio reservado para Ralph Teetor. Es probable que ese nombre no te suene de nada, pero tus viajes por carretera son mucho más llevaderos gracias a él.
Este ingeniero fue el padre del control de crucero, el sistema que nos permite conducir a una velocidad constante sin necesidad de pisar constantemente el acelerador.
Un sistema que hace más cómoda la conducción... y más aburrida
Si preguntas a un buen grupo de conductores qué tecnología valoran más en el coche, muchos te dirán que el control de crucero o control de velocidad. Este sistema permite circular a una velocidad constante, la que nosotros queramos y fijemos, sin necesidad de pisar el acelerador, por lo que en carretera es clave para descansar los pies y conducir de una forma mucho más cómoda, sobre todo, cuando el viaje es muy largo y por una carretera con un límite de velocidad constante.
En España ha sido un extra en bastantes coches hasta hace relativamente poco, aunque ahora se ha estandarizado mucho más, ya evolucionado en control de crucero adaptativo o control de velocidad inteligente. Sin embargo, en Estados Unidos lleva siendo un imprescindible en el equipamiento de serie de la mayoría de coches desde hace décadas, concretamente desde finales de los años 50.
Con las carreteras que tienen en el país de las barras y las estrellas, es lógico que una tecnología como esta se equipe en todos los coches y sea tan popular. Lo que sorprende más es que no fue un invento de una marca de automóviles, sino de un ingeniero que no tenía nada que ver con el sector del automóvil.
Se trata de Ralph Teetor, el primer ingeniero ciego de Estados Unidos. La idea se le ocurrió durante sus viajes en coche acompañando a Harry Lindsey, un abogado amigo suyo. Por lo visto, Lindsey no era muy fino al volante y solía hacer algo que ponía muy nervioso a Ralph: acelerar o disminuir la velocidad en función de si ambos hablaban o no.
Esas variaciones de velocidad no le gustaban un pelo a Ralph porque de repente iban muy rápido y de repente iban muy lentos, así que en 1936 decidió inventar algo para que el coche mantuviera una velocidad constante, independientemente de las conversaciones que tuvieran él y Lindsey mientras iban en el coche.
Explicación de Chrysler del funcionamiento del Auto-Pilot.
El resultado fue el primer control de velocidad para un coche de la historia. Teetor lo patentó en 1948 y la empresa para la que trabajaba, llamada Perfect Circle, acabó comercializándolo como Speedostat.
Chrysler fue el primer fabricante de automóviles que lo incorporó en un coche de producción en 1958 y lo hizo bajo el nombre “Auto-Pilot”.
La velocidad se fijaba mediante un dial situado en el salpicadero y un mecanismo electromagnético ejercía resistencia en el pedal del acelerador para mantenerlo en una posición fija. Al pisar el pedal del freno o pulsar un botón, el sistema se desactivaba.
Se ofrecía como opción en los Chrysler New Yorker y Windsor, dos modelos que pertenecían a la lujosa gama Imperial de la marca americana. Enseguida se convirtió en un éxito y Cadillac no tardó en incorporarlo en sus coches; lo hizo en 1959 bajo el nombre “Cruise Control”, que en inglés significa control de crucero. Y así es como lo hemos conocido hasta ahora, de hecho, Chrysler abandonó la denominación comercial “Auto-Pilot” en 1965.
Curiosamente, ni el “Auto-Pilot” de hace décadas de Chrysler, ni el “Autopilot” actual de Tesla son realmente un piloto automático en sentido estricto porque ninguno permite al coche conducir de forma completamente autónoma. Al fin y al cabo, el marketing no ha cambiado tanto a lo largo de estos casi 70 años.
Imágenes | Chrysler y Curbside Classic
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