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El adelantamiento: calma y brío - aula MP

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Dicen los clásicos que el adelantamiento es la maniobra más peligrosa que existe. La realidad se emperra en recordárnoslo cada dos por tres. Y esa peligrosidad viene dada por dos razones básicamente:

  • En muchos casos, el hecho de adelantar supone invadir el carril que utilizan los vehículos que nos vienen de cara.
  • En el resto de casos, cuando adelantamos nos ponemos a tiro para que venga alguien más rápido por detrás y nos deje el coche hecho un acordeón.

Por todo eso, hay una serie de pasos que debemos plantearnos antes de echarnos a adelantar, por este orden:

¿Es legal adelantar? Porque cuando un adelantamiento está prohibido es posible que sea peligroso. Ojo, que digo “posible” y no “inevitable”, pero cuando el río suena, agua lleva.

¿Hay visibilidad? Porque no hay nada más tonto que echarse a correr con los ojos vendados, sin ver nada de lo que nos espera en el carril contiguo. Eso es especialmente importante de noche, cuando peor se aprecian las distancias a pesar de que los vehículos lleven las luces encendidas.

¿Vale la pena? Este es un punto primordial. Porque no hay que ser agonías y porque es muy triste adelantar a tres o cuatro vehículos para acabar reunido con todos ellos en la cola del semáforo más cercano.

¿Adónde iré a parar? Porque es demasiado arriesgado tirarse a la piscina sin saber si hay agua. Antes de salir de un carril, hay que tener claro cómo volver a entrar. Sobre todo, cuando adelantamos usando el carril del sentido contrario.

¿Tengo empuje? Porque para desarrollar una maniobra con seguridad hay que llevar una marcha lo suficientemente potente como para mantener en todo momento el control del vehículo.

¿Tengo velocidad? Porque si adelantamos a otro vehículo para acabar yendo a la misma velocidad que él, es mejor quedarse quietecitos y no meterse tontamente en la boca del lobo. En este sentido, hay que recordar que la Ley nos permite adelantar con nuestro coche o nuestra moto a 20 Km/h más de la cuenta por carreteras y vías para automóviles siempre que no haya una limitación específica de velocidad. En autovías y autopistas no está permitido rebasar la velocidad máxima establecida.

Además, cuando el adelantamiento se realiza sobre un camión o un trailer, hay que tener en cuenta sus dimensiones y lo que eso significa: menor visibilidad, mayor duración de la maniobra y posibles efectos del viento lateral.

Y si el adelantamiento se realiza sobre una bicicleta o un ciclomotor, es obligatorio invadir el carril contiguo (aunque haya línea continua siempre que se haga en condiciones de seguridad) y dejar 1,50 metros de distancia lateral (lo que equivale más o menos a medio carril). De lo contrario el viento que levantamos con nuestro vehículo puede mandar al cuerno al conductor adelantado. Como esto es obligatorio, si no se dan las condiciones adecuadas, sintiéndolo mucho habrá que frenar y chupar rueda hasta que se pueda realizar el adelantamiento con seguridad.


El siguiente paso es mirar que no venga nadie por nuestras espaldas ocupando el carril que queremos utilizar para adelantar y, muy importante, señalizar nuestra maniobra. Sí, amigos: los intermitentes existen. Sirven para algo más que para darle ritmo a la conducción con su click-click-click que suena en el salpicadero. La idea es que debemos señalizar cualquier desplazamiento que implique un cambio de carril. No, no es necesario mantener el chisme en marcha durante todo el adelantamiento: simplemente marcamos los cambios de carril.

Una vez nos hemos asegurado de que podemos adelantar, nos lanzamos a la aventura. Y ese lanzamiento debe ser rápido y decidido. Y esa aventura debe durar lo mínimo imprescindible, aunque no vale echarse encima del vehículo adelantado. Todos agradecemos que nos dejen un trozo libre por delante cuando vamos conduciendo para no acabar empotrados, así que lo mejor es recurrir a la vieja regla de guiarse por el espejo interior para decidir cuándo volver al carril derecho. Cuando veamos el morro del vehículo adelantado por el espejo interior, podremos volver a la derecha. Porque sí, hay que volver al carril derecho y darle una oportunidad al resto de conductores para que nos adelanten si les apetece.

Claro, que a veces nos embarcamos y a medio adelantamiento nos damos cuenta de que hemos metido la pata hasta el cuello. Pues nada, es cuestión de soltar el acelerador, aprovechar que la marcha potente que llevamos nos retiene y volver al carril de la derecha. Y tan amigos, que no ha pasado nada.


Para acabar, podemos recorrer algunos escenarios donde adelantar es una temeridad (o directamente una gilipollez):

1. “No veo adónde voy porque el camión me lo tapa todo”


Adelantamiento a camión

Vale, pues guarda un poco las distancias y así verás algo. Cuando te decidas, usa una marcha que te permita acelerar el coche con energía antes de pasarte al otro carril.


2. “Y ahora que he adelantado, ¿dónde me meto yo?”


Adelantamiento cuando no hay adónde ir

Es que quizá lo de adelantar no es una buena idea teniendo en cuenta que estáis todos más parados que un caballo de cartón. Antes de lanzarte a la piscina, comprueba que tenga agua.


3. “Joder, y ahora que lo adelanto va y se pone en rojo”


Adelantamiento con semáforo en rojo

Es lo que tienen los semáforos. Que se ponen en rojo para que pasen los demás. Por eso, si cuando vas a adelantar te planteas si realmente vale la pena, quizá te ahorras un esfuerzo, un dinerillo en combustible y a lo mejor algún que otro susto.


4. “¡Es que va tan rápido que no hay forma de adelantarlo!”


Adelantamiento lento

Bien. ¿Y quién te obligaba a intentar adelantarlo?


Conclusión

No le dan un premio al primero que llega. Por eso y por todo lo dicho, el adelantamiento es una maniobra peligrosa que hay que tomársela con calma antes de efectuarla y con brío cuando llega el momento de hacerla realidad. Cuestión de observación, criterio, decisión y versatilidad al volante. Y si no reunimos estas condiciones, es mejor dejarlo estar.

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