No hace falta esperar a que hagan un ruido estridente o agudo, como si fuera un tren el que estuviera frenando, para preocuparse por el estado de los frenos de nuestro coche. De hecho, que hagan ese ruido al frenar no es necesariamente una señal de advertencia de que algo va mal.
Aun así, hay otras señales que nos indican cuándo necesitamos revisar los frenos del coche.
Identificar los problemas en los frenos
El sistema de frenos de un coche suele manifestar señales de desgaste mucho antes de que se produzca un fallo realmente crítico. La clave está en prestar atención a los primeros avisos y no confundirlos con el desgaste normal o ruidos habituales de la carretera.
Por ejemplo, si al frenar los frenos emiten un ruido agudo, casi como un silbido, puede simplemente ser debido a una acumulación de polvo o suciedad en los frenos, entre el disco y las pastillas de frenos.
Del mismo modo, en una frenada realmente brusca o de emergencia, es posible que el pedal de freno empiece a vibrar con fuerza. Que no cunda el pánico, los frenos no están rotos. Es el ABS que ha entrado en marcha y está evitando que se bloqueen las ruedas para evitar que el coche derrape en la frenada.
Otro ejemplo, un pedal que parece blando al frenar suele indicar un problema en el sistema hidráulico. Pero ojo, tampoco se debe confundir con el fading, un fenómeno pasajero que indica un sobrecalentamiento de los frenos.
Hay signos que delatan una necesidad de atención, pero que son aún más difíciles de sentir. Notar que las distancias de frenado son cada vez más prolongadas o necesitan una mayor presión sobre el pedal de freno para detenerse, son síntomas que no todo el mundo sabrá percibir. Por eso, realizar una inspección visual también nos permite detectar problemas de forma temprana. Examina el grosor de las pastillas de frenos contra los discos.
El grosor mínimo para una operación segura es de 3 milímetros. Los ruidos y las pastillas finas pueden ir acompañados de una sensación de vibración en el pedal del freno o el volante, indicando pastillas gastadas o problemas en la superficie del disco.
Cualquier cambio en la sensación al pisar el pedal de freno puede ser señal de un problema serio. Una sensación esponjosa al frenar o un pedal que se hunde hasta el suelo va más allá del desgaste de las pastillas. Es una avería muy seria, una con la que no deberíamos seguir conduciendo por seguridad. El problema podría estar en la hidráulica, el coche podría estar perdiendo líquido de frenos o que ha entrado aire en las líneas.
En todo caso, el mantenimiento preventivo del sistema es lo ideal y puede significar simplemente sustituir únicamente las pastillas, que generalmente requieren cambio cada 30.000 a 45.000 km para las de delante y cada 70.000 a 80.000 km para las de detrás, dependiendo del modelo del coche y de los hábitos al volante.
No siempre es necesario cambiar las cuatro pastillas simultáneamente, aunque conviene revisarlas todas a la vez. Los discos de freno suelen durar más tiempo en condiciones óptimas, pudiendo alcanzar más de 115.000 kilómetros.
Imágenes | Volkswagen
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