Juan José Ebenezer, mecánico: "El principal problema de coger baches no está en la suspensión, hay otra cosa que afecta mucho más al coche"

El 52% del firme español presenta deficiencias graves o muy graves. Y ese desgaste se traslada al bolsillo del conductor.

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Daniel Murias

Pillar un bache a gran velocidad tiene un coste que casi nadie factura bien. Sin duda, los que más reciben el impacto son los amortiguadores, neumáticos y silentblocks. Y aunque al fin y a cabo están para eso, comerse las imperfecciones, también sufren si se come uno el bache a gran velocidad. 

Pero según el mecánico Juan José Ebenezer, de Talleres Ebenezer, hay otra parte del coche que sufre tanto o más con cada bache o resalte tomado sin cuidado: la electrónica del coche.

Los sensores no se llevan bien con las sacudidas

El coche está lleno de conexiones, relés, sensores y juntas ocultas que no están pensadas para encajar sacudidas muy bruscas de forme repetida. Un bache a gran velocidad genera una vibración muy superior a la del rodaje normal, y esa sacudida puede aflojar o desplazar un contacto sin que se rompa nada visible. El resultado es un falso contacto que enciende un testigo de avería, desactiva una función o deja al coche "raro" sin motivo aparente. 

Los coches de los últimos 30 años ya no son sólo mecánica. Sensores, cámaras, radares, módulos de control y centralitas dependen de conexiones que un golpe seco puede degradar poco a poco.

Desde julio de 2022 la frenada automática de emergencia y el resto de ADAS de primera fase son obligatorios en vehículos de nueva homologación; y desde julio de 2024 lo son en todo coche de nueva matriculación en la Unión Europea, entre otros sistemas ADAS. Cuantos más sensores tenga el coche, más puntos hay que pueden acabar con un contacto flojo tras años de baches acumulados.

El propio sector reconoce la paradoja. Según un estudio de FESVIAL y Bosch sobre talleres, el 89,4% cree que estos sistemas reducen la siniestralidad, pero el 74,2% admite que encarecen el mantenimiento del vehículo, y un 35% de los conductores ni siquiera sabe que hace falta recalibrar sensores tras un cambio de luna o un accidente.

Detrás de todo esto hay un problema de infraestructura que rara vez se cuenta junto al de la mecánica. El informe 2025 de la Asociación Española de la Carretera, recogido por la propia DGT, calcula que el 52% del firme español presenta deficiencias graves o muy graves, con 34.000 kilómetros que exigen intervención urgente y un déficit acumulado de inversión de 13.491 millones de euros. La DGT matiza que ese informe no establece una correlación directa entre mal estado de la vía y accidentes, pero sí sostiene que una conservación deficiente reduce la capacidad de reacción al volante.

La consecuencia práctica es que cada bache mal tomado traslada gasto del presupuesto público al bolsillo del conductor: neumáticos, llantas, alineación, suspensión y, cada vez más, diagnosis electrónica. 

La recomendación de los talleres tras un golpe fuerte es revisar presión y flanco del neumático, comprobar si el coche tira hacia un lado, vigilar vibraciones en el volante y no ignorar ningún testigo nuevo que se encienda en el salpicadero. Borrar un aviso sin diagnóstico, advierten, es como cerrar la puerta de una habitación con humo, el fuego sigue ahí.

Imágenes | vitalii_petrushenko

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