Louis Vuitton empezó diseñando un reloj para un Porsche 911 y acabó creando dos coches únicos junto a Singer

  • Dos Porsche 911 964 reinterpretados por Singer reciben el tratamiento más exclusivo de Louis Vuitton

  • Relojes Tambour, cuero, madera, maletas, esquís y hasta una tabla de surf forman parte de esta colaboración

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Irene Mendoza

Louis Vuitton lleva 172 años haciendo del viaje una parte fundamental de su identidad, pero esta vez ha llevado su concepto de ‘Art of Travel’ mucho más lejos. La firma francesa se ha aliado con Singer Vehicle Design para transformar dos Porsche 911 de la generación 964 en dos coches únicos donde la elegancia y el lujo llegan hasta el último botón, costura y pieza de equipaje.

El proyecto nació con un encargo aparentemente sencillo: crear un reloj mecánico Tambour para el salpicadero de un Porsche reinterpretado por Singer. A partir de ahí, los equipos de ambas compañías decidieron que aquel reloj no podía quedarse solo y acabaron rediseñando prácticamente todo el coche.

Dos Porsche 911 964 y una colaboración que empezó con un reloj

Singer partió de dos Porsche 911 de la generación 964 fabricada entre 1989 y 1994, y los desmontó hasta el chasis para reconstruirlos y modificarlos profundamente. Así nacieron el 911 Reimagined by Singer Classic Coupé de 390 CV y el Classic Turbo Cabriolet de 510 CV, ambos con carrocería de fibra de carbono, cambio manual de seis velocidades, tracción trasera y frenos carbocerámicos.

En cuanto al corazón, en el coupé late un bóxer atmosférico de seis cilindros y 4,0 litros refrigerado por aire, mientras que el cabrio recurre a un 3,8 biturbo con intercooler aire-agua. Cada uno además tiene su propia personalidad. Por su parte, el coupé concentra buena parte de los guiños históricos de Louis Vuitton: su carrocería combina azafrán, azul cobalto y amarillo, mientras que el interior está tapizado en cuero natural inspirado en inspirado en el utilizado por la firma en sus productos de marroquinería.

Los asientos y el revestimiento del maletero delantero incorporan el patrón “malletage”, inspirado en el acolchado interior de los históricos baúles de Louis Vuitton. Incluso los neumáticos acabados en azul cobalto (sólo para su exposición) buscan recordar las asas y cintas de los embalajes de la firma, mientras que la toma de aire trasera incorpora discretamente un motivo formado por las iniciales LV.

La obsesión por los detalles es tal que llega hasta zonas que normalmente pasarían desapercibidas, pues por ejemplo los elementos de plástico habituales del habitáculo han sido sustituidos por piezas metálicas con acabados artesanales, incluidos mandos, interruptores, tiradores y salidas de aire. También la tapa del depósito o el tapón del aceite llevan inscripciones realizadas con la tipografía característica de los componentes de relojería de Louis Vuitton.

Según Singer, “cada superficie, reflejo, textura y transición entre materiales se estudió al detalle”. Y en el centro de todo está aquel reloj que originó el proyecto: el Tambour mecánico del salpicadero es desmontable y puede convertirse en un reloj de sobremesa. 

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Su integración obligó a Louis Vuitton a rediseñar también la instrumentación, desde el velocímetro y el cuentarrevoluciones hasta las agujas, los índices y los acabados. La compañía explica que solo esta parte del proyecto requirió un año de trabajo, hasta conseguir trasladar al 911 el lenguaje visual de su relojería.

Como no podía ser de otra forma, Louis Vuitton creó equipaje específico para aprovechar los reducidos espacios disponibles en el Porsche, incluyendo versiones adaptadas de los modelos Bisten y Keepall, una bolsa para el casco y piezas diseñadas para el maletero delantero. En el techo, una baca a medida permite transportar un baúl, unos esquís fabricados en los Alpes franceses o una tabla de surf con marquetería del Monogram realizada en roble y nogal.

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El segundo 911 lleva el lujo de Louis Vuitton todavía más lejos

El segundo protagonista, el 911 Classic Turbo Cabriolet de 510 CV, es todavía más extravagante. Fue diseñado bajo la dirección de Nicolas Ghesquière, director artístico de las colecciones femeninas de Louis Vuitton, y combina una carrocería blanca Calcaire Lutétien con detalles dorados y abundante madera (presente incluso en elementos exteriores como los paragolpes). 

Destaca también el compartimento trasero de equipaje, que se abre para descubrir una superficie inspirada en la teca de las clásicas lanchas rápidas… mientras que el enorme alerón trasero tipo cola de ballena deja claro que bajo todo ese lujo sigue habiendo un 911 Turbo.

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En el interior, el diálogo entre automóvil y marroquinería continúa en detalles como la palanca de cambios inspirada en el icónico bolso Noé, los asientos tapizados en cuero sobre una estructura técnica de madera y el reloj Tambour situado en el centro de la consola. El maletero delantero esconde además un baúl modular de tres piezas que puede extraerse y convertirse en tres maletas independientes.

Con el coche, el propietario también recibe una colección cápsula diseñada para cada modelo: desde una chaqueta de carreras de cuero, guantes y casco hasta un traje de seda de paracaídas, zapatillas, gafas y otro Tambour Automatic de 40 mm en cerámica y oro amarillo.

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La colaboración tiene además una conexión histórica mucho más profunda de lo que podría parecer: Louis Vuitton empezó a fabricar equipaje específico para automóviles a finales del siglo XIX y llegó a desarrollar baúles capaces de instalarse sobre el techo o en la parte trasera de los vehículos. Singer, por su parte, ha convertido desde su fundación en 2009 la restauración y reinterpretación del Porsche 911 clásico en una disciplina donde se mezclan belleza, artesanía e ingeniería. 

Ahora, ambas tradiciones se han encontrado en un proyecto donde hasta el último detalle tiene una función, una historia o un significado.

Imágenes | Singer Vehicle Design

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