La Cueva de las Almas Perdidas: una mina abandonada que el hombre convirtió en un cementerio clandestino de coches

Su popularidad en redes sociales ha terminado en un final aún más triste

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Victoria Fuentes

Hace tiempo que la potente imagen de una cueva de cuyo orificio emana una pila de coches herrumbrosos se hizo popular en redes sociales. Apodada como 'Cavern of Lost Souls' (la Caverna de las Almas Perdidas) es un sitio predilecto para los amantes de los lugares abandonados, exploradores y youtubers, que descubrieron el lugar hace tan solo unos años.

Esta oscura cueva de 30 metros de profundidad, ubicada en Gales, alberga cientos de coches -y electrodomésticos- que una despreocupada población decidió tirar en los años 60. Una historia con toques de misterio y un sabor agridulce.

Un rayo de luz que ilumina un desastre medioambiental

Esta cueva, ubicada bajo una montaña de Ceredigion, Gales, formaba parte de la antigua mina de pizarra de Gaewern, que fue abandonada en los años 60-70, tras 124 años de explotación. Los trabajos en Gaewern fueron subterráneos con algunos trabajos abiertos, establecidos alrededor de 1820.

Y como el desprecio del ser humano -de algunos seres humanos- por el medio ambiente no tiene límites, los habitantes de Corris Uchaf, al sur del Parque Nacional Snowdonia en Gwynedd, Gales, encontraron esta cavidad natural un lugar perfecto no solo para abandonar vehículos, sino también electrodomésticos y chatarra.

Las extensas canteras de pizarra que rodean el pueblo son su característica histórica más destacada (de hecho son Patrimonio de la Humanidad desde 2021), y ahora es más conocido por albergar este lugar, que fue descubierto hace tan solo unos años.

Por desgracia también los alrededores y la entrada de la cueva están repletos de neumáticos y otros desechos. Las fotos que recoge el Daily Mail del explorador Gareth Owen muestran un lugar espectacular en el que la luz juega con las afiladas paredes de la maltrecha cueva.

Según han descrito las personas que han visitado el emplazamiento, la visita a la caverna está lejos de ser una actividad segura, pues es habitual que se desprendan trozos de pizarra y su acceso, debido a la profundidad, es muy resbaladizo e inestable. Sin mencionar la toxicidad del ambiente, claro.

La mayoría de los vehículos almacenados tienen matrículas de hace 40 o 50 años, y de momento no parece que las autoridades tengan entre sus planes rehabilitar la zona. De hecho el lugar sigue manteniendo el mismo estado catastrófico y desatendido.

Es más, el impacto de las redes sociales ha creado un efecto llamada con sobredosis de visitantes que ha empeorado aún más el impacto destructivo.

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