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¿Cómo sería la ciudad ideal (inteligente) para el coche eléctrico?

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Los expertos aseguran que el futuro de la movilidad es eléctrico. Aunque cuando observamos nuestras ciudades vemos que su integración con la movilidad inteligente todavía es muy baja. Como todo cambio que se quiere realizar asentando las bases, este avanza lentamente.

Diseñar y adaptar ciudades que han estado aquí cientos de años a las ciudades ideales que muchos visionarios tienen en la cabeza no es algo inmediato. Pero sí pueden verse los primeros pasos en esa línea. ¿Quieres saber cómo será la smart city de cara al vehículo eléctrico?

Adaptando la ciudad histórica a la ciudad inteligente

El papel lo soporta todo, y empezar un proyecto sobre un lienzo en blanco es fácil. Pero las ciudades modernas, especialmente las europeas y orientales, no son ni mucho menos un lienzo en blanco. A alguna de ellas se les asigna infraestructuras con más de un milenio de historia a las que hay que adaptarse al incluir una nueva tecnología.

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Es lo que ocurre con la tecnología del vehículo eléctrico, cuya fuente de alimentación podría catalogarse como disruptiva. No así su función.

Más allá de la comodidad del conductor o las bajas emisiones, el vehículo eléctrico hace el mismo servicio que el vehículo que deja atrás. Como usa las mismas infraestructuras que los vehículos convencionales, las calles no requieren ningún tipo de modificación para que esta nueva tecnología eche a rodar.

De cara al usuario ocurre lo mismo: la adaptación es mínima. El vehículo eléctrico actual, con 300 km de autonomía reales, ya cubre el 98% de los desplazamientos de los clientes particulares, así como el 75% de las necesidades empresariales.

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Lo que sí es necesario, al menos en aquellas ciudades en las que la carga en garaje no sea viable, una adaptación para colocar puntos de carga en las calles.

No en todos los municipios, especialmente los más antiguos, existe la posibilidad de dejar el vehículo en un garaje mientras se carga, por lo que se hace necesario el despliegue de una red de baja, media y alta potencia para cargar nuestros nuevos vehículos. Durante la noche o en pocas horas mientras comemos. En función de la necesidad del conductor en cada momento.

Factores que han saltado a primera línea son el bajo impacto ambiental y la soberanía ciudadana, que demanda ciudades con cielos limpios, menor ruido urbano y vegetación integrada en la urbe

Estos puntos de carga ya son frecuentes en muchas ciudades de nuestro país. Desde puntos de recarga públicos, postes en concesionarios o centros comerciales hasta algunos particulares con cultura colaborativa que optan por compartir sus tomas de carga. Actualmente suman unos 3.000 cargadores en nuestro país.

Dentro de este tipo de infraestructura de recarga se encuentra la recarga inteligente. Una tecnología ya presente en nuestras calles que alimenta a los vehículos eléctricos con energía renovable. Así como postes de recarga normal y rápida, que permite cargar el 80% de la batería de un Renault ZOE Z.E.40 en 1h 38min.

Pronto veremos en las ciudades vehículos que actúen como baterías portátiles para la ciudad (V2G) y puedan usarse para aplanar la curva de demanda. Así como cargadores ultrarrápidos que carguen el coche mientras nos tomamos un café.

Las ciudades inteligentes que demanda la ciudadanía

Estos avances en puestos de carga facilitan el camino a los vehículos eléctricos. Un primer paso para que esta tecnología se adapte a las smart cities y que las complemente, integrándose con el resto de factores que las hacen inteligentes.

Otros factores que han saltado a primera línea en cuanto a importancia es el bajo impacto ambiental y la soberanía ciudadana. Una nueva soberanía que demanda ciudades con cielos limpios, menor ruido urbano y vegetación integrada en la urbe, entre otros conceptos.

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La peatonalización de parte de los núcleos urbanos es uno de esos puntos clave en el marco de la movilidad. Aunque cada ciudad adapta esta demanda a sus condiciones particulares. Así, ciudades como Nueva York, Boston o Nueva Orleans han restringido el tráfico en algunos núcleos; y Barcelona y San Sebastián han optado por supermanzanas (superblocks) con prioridad peatonal.

Las personas solicitan espacios por los que pasear sin ruidos de coches, pero también demandan poder conducir con ellos por la ciudad. El vehículo eléctrico gana gracias a este tirón en las ciudades, ya que el motor eléctrico casi ni se escucha.

Otra demanda ciudadana es la reducción de la velocidad dentro de los núcleos urbanos, debido principalmente al gran riesgo de accidentes que plantean velocidades elevadas. De nuevo el vehículo eléctrico, que tiene un menor consumo a bajas velocidades, gana la mano al vehículo de combustión (que consume simplemente por el hecho de estar arrancado).

En Europa este tipo de movimientos sociales y de cambio de mentalidad hacia un pensamiento más sostenible ha dado lugar a ciudades poco tolerantes al vehículo de combustión. Por ejemplo, Ámsterdam tiene claro que para 2025 no se podrá entrar a su casco histórico con un vehículo que contamine el aire. Y la UE plantea como norma que cada nuevo hogar construido a partir de 2019 cuente con una toma de carga que acelere la migración al vehículo eléctrico.

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Una mentalidad holística del funcionamiento del mundo ha dado a los ciudadanos una nueva perspectiva global. La recuperación de espacios verdes integrados en las ciudades es hoy día muy demandado. Aunque bastante complejo por parte de los gestores urbanos debido a la falta de espacio.

Las ciudades inteligentes que querremos

Modelizar las ciudades actuales sobre una arquitectura centenaria a una tecnología como la del vehículo eléctrico es complejo. Diseñar los planes de aquí a veinte años (sin saber qué tipo de movilidad tendremos) lo es todavía más.

Pero gran parte de la infraestructura de las ciudades no se planifica con décadas, sino con siglos de uso por delante. Imaginemos lo inviable que sería replantear la red de metro de las ciudades europeas cada cincuenta años.

En lugar de diseñar una y otra vez una misma ciudad y acometer infraestructuras millonarias cada poco tiempo, se plantean tecnologías alternativas funcionales que encajen en la ciudad que ya existe mediante una adaptación mínima. Como el vehículo eléctrico.

Bajo la perspectiva de infraestructuras que han de durar mucho tiempo, que tienen que adaptarse a la movilidad actual y bajo las demandas que la ciudadanía plantea en el presente, existen ciertas actuaciones en las que las ciudades pueden invertir a largo plazo.

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Por ejemplo, en el fomento y desarrollo de vehículos de propulsión eléctrica y conducción autónoma. Para lo cual es necesario transformar la ciudad no tanto a nivel de infraestructura tal y como la conocemos (edificios y calles), sino integrando la que ya existe mediante sensores, cámaras y actuadores. Formando así una red y actualizando la ciudad al IoT.

Lo cierto es que, tal y como comentábamos a comienzo del artículo, la ciudad actual está mucho más preparada para el vehículo eléctrico de lo que pensamos. Y el vehículo eléctrico actual es perfecto para las ciudades existentes:

Info

Una actuación interesante por la que muchas ciudades pujan es por la autogeneración y las fuentes renovables cerca de los puntos de consumo. La actual red eléctrica que alimenta los nuevos coches puede ser mejorada trabajando en local, a potencias más bajas y con una generación en corriente continua (como las placas solares).

Planificar una smart city es complejo. Sin embargo esta puede apoyarse en la infraestructura existente para dar un paso más hacia la ciudad ideal soñada por sus habitantes

Hacia una infraestructura eficiente en la ciudad

Iniciativas quizá arriesgadas debido a la alta inversión que suponen son las de hacer más eficiente la conducción mediante la transformación de la infraestructura. Por ejemplo, la inclusión de rotondas de alta eficiencia energética que no obliguen (como las rotondas a las que estamos acostumbrados) a los vehículos a detenerse. Mejorando así el consumo por frenada y mejorando la circulación, especialmente en vías de circunvalación.

Otro ejemplo puede ser el soterramiento de parte de parte de la infraestructura. Este tipo de iniciativas permiten ya en algunas ciudades atravesar la urbe en pocos minutos, generando un impacto por kilómetro bajo a largo plazo y permitiendo una peatonalización mayor de la superficie. Este tipo de túneles evitan el constante gasto de parada y arranque de los vehículos, que en los coches de combustión se traduce en picos de emisiones contaminantes.

Planificar una smart city es complejo. Sin embargo esta puede apoyarse en la infraestructura existente (por ejemplo, las calles y el sistema actual de tráfico) para, haciendo uso de una nueva tecnología (en este caso el vehículo eléctrico), dar un paso más hacia la ciudad ideal soñada por sus habitantes.

Si quieres saber más sobre las smart cities y sobre el coche eléctrico, puedes visitar Corriente Eléctrica, una publicación especializada de Renault que aborda directamente mitos, problemática y actualidad de la movilidad eléctrica.

Imágenes | Isa WIPFLI para Renault, Claudio Recanatini, iStock/100pk, Dawid Zawiła, Ilya Ilyukhin, Smart City

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