Madrid queda a unos cuantos kilómetros del mar, pero hubo un tiempo en el que la capital española estuvo sorprendentemente cerca de tener su propio puerto. La idea nació en pleno siglo XVI y fue impulsada por el rey Felipe II, convencido de que una gran red de canales navegables podía conectar la corte con el Atlántico.
Su revolucionario plan buscaba algo que parecía tan imposible en el siglo XVI como ahora: permitir que las mercancías llegadas de América llegasen directamente a las puertas de Madrid remontando el Tajo, el Jarama y el Manzanares. El proyecto nunca llegó a completarse, aunque dejó una huella que todavía hoy puede descubrirse en distintos puntos de la Comunidad.
El sueño de Felipe II para llevar barcos hasta Madrid
A finales del siglo XVI, el transporte terrestre era muy lento, caro y peligroso. Los cargamentos que desembarcaban en los puertos del sur de la Península debían recorrer cientos de kilómetros por caminos en mal estado y expuestos al bandolerismo antes de alcanzar la corte. Felipe II, que había conocido en Flandes las ventajas de los canales y las esclusas, pensó tener la solución: convertir los ríos en grandes vías de comunicación.
En el siglo XIX, el ferrocarril enterró para siempre al canal
Portugal formaba entonces parte de la Monarquía Hispánica, lo que hacía posible imaginar una conexión directa entre Lisboa y la capital del reino. Para hacerlo realidad recurrió al ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli, que en 1581 recibió el encargo de estudiar cómo hacer navegable el río Tajo desde Lisboa hasta Aranjuez. Desde allí, la ruta seguiría por el Jarama y el Manzanares hasta Madrid. El proyecto contemplaba cerca de 600 km de navegación en total, y debía salvar un desnivel aproximado de 650 m, una obra de ingeniería colosal para la época.
Antonelli logró acondicionar algunos tramos del Tajo e incluso, según la Real Academia de la Historia, en 1588 se realizó una prueba con varias barcazas que navegaron entre Toledo y Lisboa en apenas quince días. Aquello parecía demostrar que el plan tenía posibilidades, pero la realidad terminó imponiéndose al sueño del rey.
La contraarmada en Lisboa
La muerte de Antonelli primero y la de Felipe II pocos años después dejaron al proyecto sin sus principales impulsores… A lo que se sumaron las enormes dificultades económicas derivadas de la financiación de la “Armada Invencible” y, más adelante, la independencia de Portugal, que acabó con el interés estratégico en aquella ruta fluvial.
El canal que sí llegó a construirse y cuyos restos aún pueden visitarse
Aunque nunca llegó a materializarse, la idea de Felipe II sobrevivió durante siglos. Distintos ingenieros y monarcas retomaron el proyecto con variantes propias hasta que, durante el reinado de Carlos III, comenzó a construirse el Real Canal del Manzanares, una infraestructura navegable que unía el Puente de Toledo con el río Jarama y que llegó a contar con embarcaderos, esclusas y otras instalaciones destinadas al transporte de mercancías.
Presa del Gasco
Las inundaciones, los elevados costes de mantenimiento y el rápido desarrollo del ferrocarril terminaron condenando definitivamente el canal. Aun así, parte de aquella infraestructura sigue existiendo: aún es posible localizar restos del Real Canal del Manzanares, algunas esclusas y otros elementos de la obra original, además de vestigios de proyectos posteriores como la presa del Gasco, levantada para otro gran plan que pretendía unir Madrid y Sevilla mediante una inmensa vía navegable.
Puede sonar a pura fantasía propia de otros tiempos, pero durante más de dos siglos España dedicó recursos, ingenieros y grandes esfuerzos a un objetivo tan insólito como convertir Madrid en una ciudad con salida al Atlántico. Y todavía puede recorrerse parte de la huella de aquella idea que quiso cambiar para siempre el mapa de las comunicaciones españolas.
Imágenes | Unsplash, Flickr, Museo del Prado, CAM
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