Creyeron que estos puntos en el hormigón de los puentes romanos eran un fallo. Hoy la IA intenta copiar el secreto que los mantiene en pie 2.000 años después

 

  • El hormigón sostiene el mundo moderno y genera cerca del 8% del CO₂ global

  • La ciencia está recuperando una técnica de hace 2.000 años para crear materiales que duren más tiempo y necesiten menos mantenimiento

Truco Hormigon Romano Apertura
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Irene Mendoza

El hormigón está en todas partes: edificios, carreteras, túneles, puentes, puertos, presas, viviendas o líneas de Alta Velocidad dependen de un material que ha permitido construir la civilización moderna. Pero su ingrediente fundamental, el cemento, se ha convertido en uno de los grandes retos industriales y climáticos de la actualidad, ya que su fabricación es responsable del 8 % de las emisiones globales de CO₂ por culpa de su componente más problemático, el clínker.

A esa presión climática se suma otra cuestión menos visible: la durabilidad. Muchas de las grandes infraestructuras construidas durante el enorme desarrollo de los años 60, 70 y 80 han llegado a una etapa en la que requieren inspecciones constantes, reparaciones y un costoso mantenimiento. Mientras los ingenieros buscan nuevos materiales para ampliar su vida útil, parte de la respuesta está en las construcciones de hace más de dos mil años.

Los "defectos" del hormigón romano eran en realidad una tecnología extraordinaria

En bahías como la de Pozzuoli, cerca de Nápoles (Italia), todavía sobreviven estructuras portuarias romanas que llevan cerca de 2.000 años soportando la acción del agua salada. Su resistencia llamó la atención de arqueólogos y científicos, que empezaron a estudiar por qué aquellos materiales envejecían de una forma tan distinta a muchos hormigones actuales.

En 2023, llegó un gran avance con las investigaciones lideradas por el profesor Admir Masic, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Entonces su equipo publicó en la revista Science Advances un trabajo que identificó el papel de los clastos de cal, pequeños fragmentos blancos presentes en el interior del hormigón romano que durante mucho tiempo se habían interpretado como una consecuencia de una mezcla poco refinada.

Pero nada más lejos de la realidad, pues esos fragmentos eran una reserva química creada mediante una técnica denominada hot mixing o mezcla en caliente: los romanos incorporaban cal viva junto con cenizas volcánicas y otros componentes secos antes de añadir el agua. 

Esa reacción generaba altas temperaturas y dejaba pequeñas zonas ricas en calcio altamente reactivo dentro del material. Así, cuando una microfisura permite la entrada de agua, ese calcio puede disolverse y generar nuevos minerales capaces de rellenar la grieta.

Hormigon Romano2

En los experimentos realizados por los investigadores del MIT, muestras fabricadas con esta técnica llegaron a sellar completamente sus fisuras en aproximadamente dos semanas, mientras que otras elaboradas mediante procesos convencionales permanecieron agrietadas.

La importancia del descubrimiento fue tan grande que el propio Masic continuó investigando cómo trabajaban los antiguos constructores romanos. A finales de 2025, un nuevo estudio publicado en Nature Communications analizó una auténtica obra romana conservada en Pompeya tras la erupción del Vesubio del año 79.

Allí aparecieron montones de materiales preparados para la construcción, incluyendo evidencias directas de la utilización de cal viva en mezclas secas, confirmando el uso de la técnica de mezcla en caliente. “Esperaba ver a los trabajadores romanos caminando entre los montones de material con sus herramientas”, recordaba Masic al MIT al describir la emoción de estudiar aquella especie de cápsula del tiempo de la ingeniería antigua.

Foto Grieta Fuente: MIT

IA e impresión 3D para reinventar una receta del Imperio romano

La industria actual no pretende sustituir el hormigón armado moderno por una copia exacta de la receta romana, ya que las estructuras actuales requieren prestaciones mecánicas imposibles de comparar con las de la Antigüedad, especialmente por el uso del acero de refuerzo y los diseños contemporáneos.

Pero la idea es extraer el conocimiento escondido en aquella tecnología y adaptarlo a nuevos materiales. Como explica Masic: “No queremos copiar completamente el hormigón romano en la actualidad. Simplemente queremos traducir algunas frases de este libro de conocimiento a nuestras prácticas modernas de construcción”. De esta forma, los avances más recientes utilizan herramientas que los romanos jamás podrían haber imaginado.

Modelos de inteligencia artificial y redes neuronales artificiales permiten analizar miles de combinaciones de cal, minerales, fibras y aditivos para predecir cómo evolucionará la resistencia y durabilidad del hormigón con el paso del tiempo. Mientras, otras investigaciones paralelas trabajan con bacterias como Bacillus subtilis, capaces de favorecer la formación de cristales de carbonato cálcico que ayudan a cerrar microfisuras.

Interior De La Cupula Del Partenon Romano Interior de la cúpula del Partenón de Roma

Otra línea prometedora estudia los encofrados permanentes impresos en 3D: estructuras que funcionan como una especie de exoesqueleto que sostiene y protege hormigones de curado más lento mientras alcanzan sus propiedades finales, abriendo la puerta a diseños inspirados en la extraordinaria longevidad de construcciones históricas como el Panteón de Roma.

Por eso, tras siglos de avances tecnológicos, la ingeniería de materiales ha descubierto que una parte del futuro de nuestras carreteras, puertos y puentes quizá estaba esperando bajo nuestros pies. Los romanos no dejaron un manual de inteligencia artificial, pero sí una lección que los investigadores del siglo XXI siguen intentando descifrar: cómo construir algo que sobreviva al paso del tiempo.

Imágenes | Unsplash, MIIT, Nature Science

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