Después de replantearse su compra de cazas F-35, Canadá vuelve a pasar de EEUU y escoge a una compañía europea para su defensa. Ha escogido a SAAB para sus nuevos aviones espía y aumentando así su distanciamiento estratégico de EEUU.
El país norteamericano se une a una creciente lista de países que no confían en los aviones estadounidenses y buscan dejar atrás su dependencia de EEUU.
SAAB adelanta por la derecha a Boeing
Todo el mundo conoce la importancia de los cazas y los bombarderos en una fuerza aérea, pero pocos conocen lo esencial que son los aviones radares, de control aéreo, comunicaciones y guerra electrónica. Desde esos aviones se coordinan los ataques o defensa del espacio aéreo.
Hasta ahora, los aliados de EE.UU. siempre han confiado en el Boeing E3-Sentry, conocido popularmente como AWACS (Airborne Warning and Control System), un Boeing 707 con un enorme platillo encima. Ahora, la mayoría está mirando al SAAB GlobalEye para sus aviones radares.
Boeing E-3 Sentry, conocido como AWACS
La selección del GlobalEye por parte de Canadá no es un hecho aislado. Es el último eslabón de una cadena que en menos de 18 meses ha convertido a SAAB en el proveedor de referencia para la vigilancia aérea de la Alianza Atlántica, desplazando a Boeing de un segmento que controlaba desde los años ochenta.
El GlobalEye no es un avión fabricado íntegramente por SAAB. Nace como Bombardier Global 6000 o 6500, un jet privado fabricado en Montreal (Canadá), que SAAB adquiere sin equipar y transforma posteriormente en sus instalaciones en Suecia. Allí instala el radar Erieye ER, sensores marítimos, inteligencia electrónica y una arquitectura de mando y control multidominio capaz de detectar amenazas a más de 650 kilómetros.
El resultado es técnicamente un avión canadiense con un sistema de misión sueco, lo que en el contexto de la venta a Canadá tiene una lectura política evidente. Ottawa financia así empleo aeroespacial doméstico mientras reduce su dependencia de proveedores estadounidenses.
Hasta hace dos años, el GlobalEye solo lo operaban los Emiratos Árabes Unidos (cinco unidades) y Suecia, que encargó tres en 2022. El punto de inflexión llegó en junio de 2025, cuando la Fuerza Aérea de EEUU eliminó el E-7 Wedgetail, el sustituto del E3 Sentry, de su presupuesto para 2026, optando por vigilancia espacial y el E-2D Hawkeye (los aviones radares que embarcan en los portaviones).
Sin el respaldo financiero e industrial estadounidense, el E-7 se volvió inviable para la OTAN. En noviembre de 2025, los aliados europeos cancelaron formalmente su compra conjunta del Wedgetail.
La brecha que dejó Boeing la ocupó SAAB con rapidez. Francia firmó en diciembre de 2025 un contrato por dos GlobalEye valorado en 1.100 millones de euros, con opción para otros dos y entregas previstas entre 2029 y 2032. Los aparatos reemplazarán a los cuatro Boeing E-3F que opera l’Armée de l'Air desde los años noventa.
En abril de 2026, las publicaciones La Lettre y Hartpunkt, junto a la agencia DPA, informaron de que la NSPA, la agencia de adquisiciones de la OTAN, había seleccionado el GlobalEye para sustituir la flota de los 14 Boeing E-3 Sentry de Geilenkirchen (Alemania), en servicio desde 1982. El programa contemplaría entre 10 y 12 aeronaves a un coste unitario de unos 550 millones de euros, con un valor total superior a los 5.000 millones.
Saab ha confirmado haber facilitado información a la OTAN, pero matiza que no hay contrato firmado todavía. A eso se suma Canadá. El CEO de Saab, Micael Johansson, apuntó además el interés sólido de Polonia y Alemania por ese avión durante la presentación de resultados del primer trimestre de 2026.
Imágenes | Senior Airman Roslyn Ward (usaf.mil), GlobalEye, SAAB
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