Un tubo de PVC, una hélice impresa en 3D y 10 euros de presupuesto: la adolescente que adelantó los aerogeneradores del océano con un trabajo del instituto

El proyecto BEACON de Hannah Herbst nació como un experimento escolar para ayudar a comunidades sin acceso fiable a electricidad

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Irene Mendoza

Hoy en día asociamos la producción de energía marina a enormes plataformas flotantes capaces de soportar condiciones extremas, turbinas del tamaño de edificios y proyectos que cuestan cientos de millones de euros reservados a grandes empresas y organismos públicos. Pero hace una década, una estudiante estadounidense de 15 años demostró que también se podía mirar en la dirección opuesta: hacer la tecnología más pequeña, más simple y muchísimo más barata.

Su nombre es Hannah Herbst y su invento se llamó “BEACON” (Bringing Electricity Access to Countries through Ocean Energy): un pequeño generador hidrocinético construido con un tubo de PVC, una hélice impresa en 3D y componentes que apenas costaban 12 dólares (unos 10 euros al cambio). No podía alimentar una ciudad, pero sí encender luces LED o proporcionar energía para pequeños sistemas de desalinización de agua.

Pero con el paso de los años, aquel proyecto de instituto cada vez cobra más sentido, pues la carrera por aprovechar la energía del mar se está desplazando precisamente hacia ese mismo terreno: dispositivos pequeños, autónomos y capaces de suministrar energía en lugares donde tender una red eléctrica convencional resulta inviable.

La fuerza de una corriente de agua puede ser mucho mayor de lo que parece

El funcionamiento de BEACON se basa en una idea relativamente simple: aprovechar la energía cinética del agua en movimiento sin necesidad de construir presas o modificar el curso natural del entorno. El secreto está en la propia naturaleza del océano: el agua salada es unas 800 veces más densa que el aire, de modo que incluso corrientes que parecen suaves esconden una enorme cantidad de energía.

En el prototipo de Hannah Herbst, como ella misma explicó en su presentación, una pequeña hélice impresa en 3D giraba con el paso del agua y transmitía ese movimiento a un generador capaz de producir electricidad. Es el mismo principio que utilizan las grandes turbinas marinas actuales, aunque llevado a una escala diminuta y pensado para ofrecer una solución accesible en lugares donde una gran infraestructura energética es inviable.

No obstante, lo más difícil de llevar algo así a escala sería pretender que este tipo de dispositivo permanezca funcionando durante meses o años en el mar, ya que el agua salada acelera la corrosión de los componentes metálicos y la llamada bioincrustación marina hace que algas, percebes y otros organismos se adhieran a las superficies hasta bloquear las hélices y reducir su rendimiento.

Por eso, los sistemas comerciales actuales recurren a materiales compuestos, recubrimientos especiales y aleaciones resistentes a la corrosión que multiplican su durabilidad, aunque también multiplican exponencialmente su precio.

Esquema Hannah

La industria ya no busca solo gigantes en el océano: también quiere pequeños generadores

Aunque los grandes proyectos de energía marina siguen avanzando, una parte de la investigación actual se dirige hacia sistemas más pequeños y modulares capaces de alimentar comunidades costeras, puertos, sensores científicos o pequeñas islas que todavía dependen de generadores diésel. Una filosofía muy de la llamada “economía azul”, que busca aprovechar los recursos del océano de una manera más sostenible.

En este sentido, iniciativas como el “Hub de Descarbonización”, “Energía Marina de Columbia Británica” y empresas como Minesto o CorPower Ocean están desarrollando tecnologías adaptables a diferentes necesidades y escalas. Una de sus grandes ventajas es la previsibilidad de las mareas y corrientes marinas, cuyos ciclos pueden calcularse con mucha más precisión que otras fuentes renovables dependientes de las condiciones meteorológicas.

Pero, además de generar electricidad, estos pequeños sistemas también pueden alimentar plantas de desalinización por ósmosis inversa y proporcionar agua potable en zonas costeras alejadas de las grandes infraestructuras, precisamente uno de los objetivos que Hannah Herbst tenía en mente cuando diseñó “BEACON”.

Obama Y Hanna

Aquel pequeño generador construido con un tubo de PVC y una hélice impresa en 3D la convirtió en la ganadora del concurso Discovery Education 3M Young Scientist Challenge 2015 y la llevó un año después a presentar su trabajo en la `White House Science Fair' organizada por la administración de Barack Obama. Hoy en día, su carrera continua ligada a la innovación y la tecnología, figurando en la lista Forbes 30 Under 30. Asimismo, es emprendedora en el ámbito de la tecnología médica.

Imágenes | Hannah Herbst

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