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¡Salvemos el Jarama!

¡Salvemos el Jarama!
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El pasado mes tuve el placer de volver al Jarama tras un par de meses de ausencia. Esta vez la cita era por triplicado. Campeonato de Europa de Camiones, Jornada de puertas abiertas y las Martini Legends eran las culpables de visitar el trazado tres veces en menos de un mes. Desde los gigantes de casi 6 toneladas moviéndose de lado a lado de la pista, aprovechando hasta el más mínimo resquicio y sembrando el asfalto de trozos de goma, hasta un Ferrari F2007 a los mandos de Marc Gené tratando de reverdecer la gloria de un pasado nada cercano. Sin olvidarnos del automovilismo aficionado. Una de las bases fundamentales de esta nuestra afición. El Jarama ofrece cada año a cientos de aficionados la oportunidad de desempolvar sus viejas glorias y "surcar" a su ritmo el circuito. Un desfile de cualquier pasarela.

El Europeo de Camiones, junto al Campeonato de España de GT, son las citas más importantes del calendario anual de este circuito. Lejos quedan temporadas en las que el trazado recibía a la Fórmula 1, a las Le Mans Series o al Mundial de Motociclismo. Aunque gracias a la cita con las Martini Legends pudimos tratar de imaginarnos como sonaba la F1 en el Jarama cuando alguno de nosotros aún gateaba.

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Los años se notan y no pasan en balde para nadie. El Jarama no es menos. Instalaciones poco cuidadas y en algunos casos rondando la ruina, tribunas decrépitas y otras más típicas de una plaza de toros portátil, equipo rodante digno de cualquier desguace. Del resto se encargaron los camiones. Estos gigantes ponen en entredicho la seguridad de cualquier circuito. Malas escapatorias y en muchos casos insuficientes (sobre todo si lo que se pretende es frenar a una camión), asfalto en mal estado, protecciones peligrosas o escasas. Muchos achaques para un paciente que, mucho me temo, que puede ser terminal. Eso sí, las mismas con las que hace una veintena de años los más valientes se jugaban la vida. A pesar de todo lo anterior el Jarama sigue teniendo ese toque especial, ese halo que lo hace diferente. En estos tiempos, en el que se empeñan en construir circuitos planos como el mar cuando está calmado (Herman Tilke mediante) el Jarama, junto a otros célebres trazados, es una rara avis. La rampa Pegaso, la bajada hacia Bugatti o la subida a Monza nos recuerdan los toboganes de muchos de los circuitos con más historia del mundo. Circuitos que están en boca de todos cuando se habla de un circuito con mayúsculas. Mónaco, Spa o Laguna Seca tienen en sus subidas y bajadas gran parte de su encanto.

Está claro que el circuito jamás será un circuito capaz de volver a albergar a la F1 o un Mundial de Motociclismo pero de ahí a su desaparición va un paso. Las necesidades de estos campeonatos distan mucho de las que podría ofrecer el trazado madrileño por mucho que se remozara, por mucho dinero que se invirtiera. El espacio es el que hay, y nunca será el necesario para recibir las faraónicas comitivas de Bernie o de Dorna. Pero si hay espacio para que se pueda convertir en un circuito, en condiciones, para otras categorías, aunque sean de caracter inferior, tandas o cursos. Más o menos para lo que ya se utiliza pero en unas condiciones que no se puedan definir como de deplorables. La expeculación inmobiliaria manda y el RACE, propietario de las instalaciones, no parece que tenga mucha intención mantener, deficitariamente, un circuito que le puede reportar una cantidad considerable de dinero.

Madrid se merece un circuito que le ponga al nivel de Cheste, Montmeló o Jerez. Es más lo necesita. Unas instalaciones acordes a la afición y que no sirva para otra lucha interprovincial sin sentido. Pero lo que no necesita es que un nuevo trazado se lleve por delante toda la historia que tiene el Jarama. ¡Salvemos el Jarama!

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