Los fabricantes de automóviles tiene aversión por el riesgo. Tampoco les gusta que les digan lo que tienen que hacer, ya sea fabricar más coches eléctricos de los que pueden vender o que tienen que usar sistemas anticontaminación. Sobre todo cuando no consiguen los resultados que necesitan.
El Dieselgate de Volkswagen es el ejemplo más clamoroso y reciente de esa situación, pero podríamos hablar de cómo Ford ideó el sistema de descontaminación más simple y eficaz (ejem) que podía idear para cumplir con las primeras normas anticontaminación del mundo, las de California. Ese sistema es una auténtica genialidad o una tomadura de pelo, según se mire.
Hecha la ley, hecha la trampa
En los años 60, el estado de California fue el primero en imponer leyes anticontaminación para los coches. La primera normativa estatal sobre emisiones de escape de hidrocarburos y monóxido de carbono data de 1966. Más estricta que la norma federal, obligaba a los fabricantes a limitar las emisiones de sus coches si querían vender en California. Por aquel entonces, California ya era el primer mercado de los EEUU.
Nadie quería quedarse fuera de California por lo que empezaron a reducir las emisiones de sus coches. La mayoría optó por bajar la potencia de los coches y más o menos limitar el motor de sus coches. Así, los estadounidenses terminaron a finales de los años 70 con, por ejemplo, un Corvette de 190 CV a pesar de un V8 de 5.7 litros. Ford, optó por una solución diferente.
El sistema de control de emisiones Thermactor de Ford equipó toda clase de modelos del fabricante, como el F-150 y hasta el Mustang.
Antes de capar nada, en Ford se leyeron las normas. Ya sabes, cuando se quiere hacer trampa lo primero que se hace es mirar el reglamento. Como en el automovilismo en general. Así que miraron el reglamento y en él ponía que un coche no podía emitir más de equis gramos de CO2 por kilogramo de aire expulsado por el tubo de escape.
¿Y qué hicieron? Dejaron el motor completamente original, igual que siempre, y añadieron una bomba de aire. Esta bomba aspira aire y lo expulsa dentro de los colectores de escape. Oficialmente, el sistema favorece la combustión de los residuos que no se han terminado de quemar en el motor. Para una mejor combustión, se necesita más aire. Y cuanto más aire haya en el entorno ultra caliente de los colectores de escape, debería quemar lo que haya allí en ese momento. Y lo llamaron Ford Thermactor.
Sin embargo, en Ford se lo tomaron al pie de la letra y se centraron en la parte de la norma que hace mención a los “gramos de CO2 por kilogramo de aire expulsado por el tubo de escape”. Es decir, se centraron en el ratio y no en la reducción efectiva de las emisiones. Y es exactamente lo que hace el Thermactor: lograr cumplir con la norma al aumentar la cantidad de aire expulsado sin reducir realmente la cantidad de CO2 y NOx.
El principio es el mismo que con un café corto o largo. Una determinada cantidad de café con muy poca agua, tienes un espresso. Pero cuanta más agua le eches, más te acercarás al café americano. La cantidad de café no habrá variado, pero si la intensidad del sabor al final.
Por ejemplo, si tu motor en general en un minuto expulsa unos 20 kg de gases por el escape de los cuales 5 kg son contaminantes. Pero si se inyecta más aire, pongamos 10 kg más, van a salir 30 kg de gases, de los cuales 10 kg más serían “aire limpio", digamos. Eso significa que si tienes contaminantes en tu motor, cuanto más “aire limpio" saques por el escape, más se van a diluir.
Concretamente, si por ejemplo un Ford emite, pongamos, 20 kg totales de aire de los cuales 5 kg serían de CO2. Tendríamos unas emisiones de 0,25 kg (250 gramos) de CO2 por kg expulsado por el escape.
El CO2 sería el 25% de los gases totales. Con la instalación del Thermactor, supongamos que la cantidad total de aire sube a 30 kg totales, con los mismos 5 kg contaminantes, pues los 10 kg de aire adicionales se inyectaron después de la combustión en el motor. Tendríamos entonces 0,167 kg (167 gramos) de CO2 por kg expulsado.
La cantidad absoluta de contaminantes, 5 kg, es la misma, pero al diluirlos con más aire, la concentración baja. La normativa de California medía en gramos de CO2 por kilogramo de aire expulsado, así que Ford simplemente inyectó más aire para bajar ese ratio, sin reducir realmente la contaminación total. ¿Y qué pasa entonces con los coches? Nada, técnicamente, cumplen con la ley.
Hoy, el sistema ya no está presente en los Ford norteamericanos, aunque muchos siguieron equipando el Thermactor hasta bien entrados los años 90.
Imágenes | Ford, dominio público
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