Uno de los motivos que han hecho que se dispare el precio de los coches es que cada vez tienen que equipar más tecnología de fábrica. Las normativas de seguridad cada vez son más exigentes en Europa y obligan a los fabricantes a equipar a todos sus modelos nuevos con un arsenal de ayudas y asistentes a la conducción.
Con el paso del tiempo, esos requisitos se endurecen y se amplía la lista de ADAS que tienen que llevar todos los coches de fábrica. Evidentemente, ese equipamiento tiene un coste y las marcas se lo repercuten al cliente en el precio final de sus automóviles, por eso (entre otras cosas) cada vez son más caros.
El objetivo es recuperar el enfoque que tenían los coches urbanos hace años
En un modelo premium de un segmento grande, el cliente no nota tanto esa subida de precio, sin embargo, en los coches urbanos y baratos, esos incrementos de precio son demoledores. Y ahora es todavía peor porque han llegado coches chinos a nuestro mercado con precios más bajos que sus alternativas europeas, por lo que a las marcas tradicionales les está resultado francamente complicado ajustar sus tarifas para competir con sus rivales chinos.
Con este panorama, al CEO de Fiat, Olivier François, se le ha ocurrido una idea para abaratar el precio de sus coches más pequeños: limitar su velocidad máxima a 120 km/h (en realidad, ha hablado de 118 km/h). Se aplicaría a tres modelos: Fiat 500, Fiat Panda y Fiat Grande Panda.
François ha explicado a Autocar que estos coches están diseñados para utilizarse en ciudad, de hecho, la mayoría de las unidades que se venden circulan la mayor parte del tiempo por entornos urbanos, por lo que no hace falta que alcancen grandes velocidades.
Si se limita su velocidad máxima, Fiat podría reducir el equipamiento de seguridad que tienen que llevar estos coches de serie porque la mayoría de los ADAS son superfluos en uso urbano, de manera que la marca ahorraría dinero a la hora de fabricarlos y podría rebajar su precio final.
“Si tomas la velocidad máxima legal promedio en Europa, es de 118 km/h, por lo que circular por encima de esos 118 km/h es, a menudo, ilegal, y la mayoría de los radares, sensores, ADAS y todo esto se ha desarrollado para que los automóviles superen ese límite de velocidad”, ha señalado el CEO de la marca italiana.
“Me cuesta entender por qué necesitamos instalar todo este hardware súper costoso: sensores, cámaras, reconocimiento de señales de tráfico... Todo esto es un poco inadecuado, un poco loco, y ha contribuido a elevar el precio promedio de un coche urbano en un 60% en los últimos cinco o seis años”, añade François.
“Creemos que, con todas estas reglas, la parte más insostenible radica en los coches urbanos, porque son pequeños, democráticos y baratos, comprados por personas más jóvenes para moverse a diario en una ciudad. Se conducen a velocidades mucho más lentas. No es el mismo uso que otros coches”, continúa.
La idea del directivo de Stellantis es volver a los estándares de equipamiento de seguridad que tenían los coches urbanos en 2018 o 2019 para que sean más baratos. “No creo que los coches urbanos en 2018 o 2019 fueran extremadamente peligrosos. Nuestra propuesta es dar un paso atrás con la sobrecarga de hardware caro que tienen los coches actuales”, explica.
“Con mucho gusto limitaría mis coches de la ciudad, mis coches más pequeños, a lo que hoy es el límite máximo de velocidad legal. Ya es una limitación”, dice François.
Lo cierto es que su propuesta tiene cierto sentido, partiendo de la base que no es legal superar los 120 km/h, por lo que, teóricamente, nadie necesitaría coches más rápidos. Ese razonamiento tiene todavía más lógica en modelos de enfoque urbano que se mueven la mayor parte de su vida por ciudad, es decir, por vías con un límite de velocidad mucho más bajo.
Cuando salen esporádicamente de la ciudad, la limitación a 120 km/h permite circular perfectamente por carreteras secundarias e incluso por autovía. Siendo realistas, tampoco apetece conducir uno de estos coches a más velocidad porque no están hechos para eso: ni son cómodos, ni transmiten seguridad, ni siquiera se sienten cómodos a esa velocidad; por lo menos a mí, un Fiat Panda de 69 CV no me incita a hacer viajes de cientos de kilómetros a 150 km/h.
Estoy seguro de que mucha gente aceptaría que su coche urbano tuviera una velocidad máxima limitada a 120 km/h a cambio de que fuese realmente barato. Sería, sencillamente, volver al concepto de coche urbano de hace décadas: la gente que se compraba un Fiat Seicento 900 S de finales de los años 90 era consciente de ese coche, con sus 39 CV, tardaba 18 segundos en acelerar de 0 a 100 km/h y alcanzaba una velocidad máxima de 140 km/h. A cambio, costaba menos de un millón de pesetas (menos de 6.000 euros al cambio), gastaba poquísimo y era muy barato de mantener.
Ya hay marcas que han decidido limitar la velocidad máxima de sus coches por cuestiones de seguridad: ningún Volvo puede superar los 180 km/h desde hace años. Muchos coches eléctricos también tienen una velocidad máxima limitada, de hecho, el Fiat 500e de batería pequeña y 95 CV tiene una velocidad máxima limitada a 135 km/h para que su autonomía no se resienta.
Por otro lado, la idea de Fiat solo tendría sentido si Europa adapta sus normativas y deja de exigir los mismos requisitos de seguridad para todos los segmentos. De momento, se está elaborando una nueva categoría reglamentaria de vehículos eléctricos baratos que se denominará M1E y es un paso en esta dirección.
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