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Los Diablos Rojos: así convirtió Panamá los autobuses escolares estadounidenses en su seña de identidad
Clásicos

Los Diablos Rojos: así convirtió Panamá los autobuses escolares estadounidenses en su seña de identidad

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Al estilo de los Jeepney filipinos, los coloridos, ruidosos y contaminantes Diablos Rojos son un icono, una seña de identidad en Panamá. Hace tiempo que dejaron la vida de transporte escolar en Estados Unidos para convertirse en un fenómeno cultural y social, prestando un servicio de transporte colectivo poco regulado y de estética inconfundible.

De esta forma, han pasado décadas contrarrestando la monotonía del asfalto, pero 2013 fue el año de su muerte, y ahora ver uno por las calles panameñas es un milagro.

Obras de arte sobre ruedas

Lo mismo lucen un Cristo con el corazón en llamas que a Jason Statham o rinden culto al folclore panameño. Estos autobuses han sido transformados en lienzos en blanco tanto por dentro como por fuera, y por la noche la cosa se pone seria. Multitud de luces LED cegadoras y parpadeantes anuncian que están listos para llevar a más pasajeros.

Pero lejos de ser simples lienzos al azar, los dueños de estas máquinas plasman su universo interior en la chapa. Un libro ilustrado titulado 'Diablos Rojos forever' reflexiona sobre este arte popular panameño desde una perspectiva artística y antropológica, haciendo hincapié en los mensajes, algunos nostálgicos, otros pícaros, que se suelen ver en estos autobuses.

"El zorro pierde el pelo pero no la maña". "Uno solo muere cuando lo olvidan". "Solo los justos heredarán la tierra". "Amigo, tu mujer nos engaña". "Chófer casado, mejor bocado". Las autoras del libro consideran que estas frases exteriorizan los sentimientos del dueño y del pintor, y reflejan visiones como el machismo, la vida y la muerte o la religiosidad.

diablos rojos Fuente: Rob Tiggelman

Los artistas de Diablos Rojos crearon un estilo único que tuvo su auge en la década de 1960, y que fue decayendo con el paso del tiempo. Artistas como Andrés Salazar quedaron grabados en el imaginario colectivo por pintar los mejores grabados y es considerado 'el padre' de los Diablos Rojos.

Diablos Rojos Pinturas utilizadas para pintar uno de estos autobuses. Fuente: Rob Tiggelman

Algunos se han ganado la fama del mejor Diablo Rojo de Panamá, como es el caso de 'la dinastía' Sir Lenox. Viajar en él ha sido considerado como un lujo: interior de madera, asientos cómodos, pantalla de televisión LCD, música a niveles agradables y show de luces cuando cae la noche.

Un autobús que antes de ser bautizado como Sir Lenox era Eva del Carmen y luego Concepción, con distintos dueños y artistas, pero misma esencia.

La muerte anunciada de los Diablos

diablos rojos Fuente: Rob Tiggelman

Como ocurre en Colombia, estos autobuses se han caracterizado por llevar a una persona que grita desde la puerta el destino del bus y el precio del billete -denominado 'el pavo'-; un alboroto que se une al del rugido de los motores, las voces de los conductores y la música atronadora que sale del interior de los vehículos.

Lo cierto es que la ciudad de Panamá, con casi medio millón de habitantes, se ha enfrentado siempre al reto de dar con un transporte interurbano eficiente.

En marzo de 2013, el expresidente Ricardo Martinelli dio inicio al Metrobús, un sistema de autobuses con paradas determinadas, mayor capacidad, posibilidad de pago con tarjeta y algo de lo que los Diablos Rojos carecían: aire acondicionado.

Se retiraron de la circulación miles de ellos, y sus propietarios recibieron alrededor de 25.000 dólares por unidad; muchos de ellos pasaron a conducir los autobuses regulados por el Gobierno. Unas compensaciones que por otro lado formaron parte de una trama de corrupción y que ha supuesto la imputación de cientos de funcionarios y transportistas.

Panama 954503 960 720

Llegaron de Estados Unidos a Panamá después de terminar su vida como autobuses escolares, y ahora la mayoría perecen en cementerios de coches; otros, considerados obras de arte sobre ruedas, tiene su hueco en salas de exposiciones, o al menos algunas partes.

Su falta de mantenimiento, asientos pequeños (diseñados para niños), sin climatización, la emisión de gases contaminantes y la conducción temeraria de sus dueños han hecho que su uso se haya casi extinguido, propiciado además por el uso del metro, y de Uber.

Aunque la mayoría ya están desguazados, de vez en cuando se puede ver a alguno circulando, vestido de forma menos estridente. Los autobuses más viejos serán reutilizados en forma de piezas de repuesto, y los que aún aguantan pueden incluso tener una tercera vida, pintados de amarillo y sirviendo a su propósito principal: transportar a niños a la escuela.

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