A toda una generación nos marcó 'La segunda oportunidad', aquel programa que presentó el periodista Paco Costas en la década de los 70 y que nos mostraba la crudeza de los siniestros viales desde una perspectiva poco habitual hasta la fecha en España.
Sin embargo, antes que el equipo de Navarrete, Costas y compañía estrellara aquel icónico Daimler XJ contra la piedra más famosa de la Historia de TVE, el ente público había emitido al menos otra serie para concienciar conductores a golpe de accidente de tráfico. Su título era 'Stop'.
La televisión que nos enseñaba antes de que llegaran los realities
'Stop' fue una serie de ficción basada en hechos reales en la que el protagonista era un agente de la Guardia Civil de Tráfico. Corría el verano de 1972, el desarrollismo había traído consigo en pocos años un gran aumento del censo de conductores y de la siniestralidad vial. La solución en forma de campaña de concienciación la firmó Adolfo Suárez, a la sazón director general de Radiodifusión y Televisión, al dar el visto bueno a esta serie.
A lo largo de media hora, cada episodio recogía una acción que investigaban tres agentes de la Guardia Civil. El Teniente (sin apellido conocido) era el protagonista, interpretado por el histórico galán Manuel Gil, y le acompañaban el cabo Teruel (Víctor Petit) y el guardia Hernando (Paco Marsó).
Ortega, Gómez y el Director completaban el reparto. Y en el transcurso de los episodios, que se rodaron en formato cinematográfico y en exteriores, la realización nunca escatimó en truculencia para advertir a los conductores de la época sobre los riesgos tangibles del tráfico.
Sobre el papel que le tocó interpretar, Gil no se mostró del todo satisfecho. Le resultaba demasiado sobrio y lineal, según declaró en aquella época a la revista Teleprograma, y no le beneficiaba nada la escasa duración de los episodios, que impedían profundizar en los casos y en los mismos personajes.
Tampoco la parte técnica acababa de estar bien resuelta y, en conjunto, 'Stop' resultaba poco más que un interesante precedente para lo que vendría después. Sólo aguantó una temporada en antena y después cayó en el olvido.
Hoy podemos incluso permitirnos el lujo de rememorar 'La segunda oportunidad' y concederle un repaso exhaustivo como el que tuve ocasión de dirigir hace unos años en Circula Seguro.
Sin embargo, cabe tener en cuenta que esto ha sido posible gracias a que el mismo Paco Costas, junto a su nieto Javier Costas (excompañero aquí, en Motorpasión durante muchos años), se encargaron de procesar los vídeos que pudieron recuperar de su archivo personal para ponerlos a disposición de todo el mundo, literalmente, en internet. Una pena, y una pérdida para el futuro, que aparentemente nadie hiciera lo mismo en TVE con 'Stop'.
La evolución de cómo conducimos
Si tienes la oportunidad te recomiendo que eches un vistazo al archivo que existe en RTVE Play y compruebes de primera mano lo diferente que era enseñar a conducir con responsabilidad entonces y ahora.
Sin ir más lejos un gesto cotidiano como el de ponerte el cinturón no fue obligatorio en carretera hasta 1975 y obligatorio en ciudad hasta 1992. Anteayer como quien dice. Una normativa que contrasta profundamente con la presión mediante vigilancia de agentes de la autoridad, cámaras y radares actual.
Hay que tener en cuenta que ni la población ni el número de desplazamientos tampoco es el mismo, algo que también tenía un efecto tanto en la siniestralidad como en la forma de comunicar y educar en Seguridad Vial.
En 1975 España era un país por motorizar donde la gente se movía en Seat 600, Fiat 125 o Renault 5 mayoritariamente compilando un parque de automóviles de 7 millones de vehículos frente a los 37,3 millones de vehículos actual y 27 millones de conductores.
De los 463 millones de desplazamientos anuales que realizamos en la actualidad la tasa de siniestralidad es relativamente baja. Los 1.119 fallecidos de 2025 contrastan de forma salvaje con la estimación de 32.000 fallecidos en 1975, principalmente debido a la ausencia de autovías y elementos de seguridad tanto en los vehículos como en las infraestructuras.
Algo que se nota también en cómo ha evolucionado la comunicación de la Seguridad Vial. En los 70 teníamos esta educación de tipo paternalista que, con el boom de la motorización, pasó a una estrategia más agresiva, con representaciones visuales de accidentes y consecuencias de choques reales.
Imágenes duras y sangrientas con las que la DGT quiso concienciar a través del miedo y que más recientemente han dejado paso a algo más represivo, como la amenaza invisible de las multas si no hacemos lo que se supone que tenemos que hacer.
De los programas educativos a los drones y los radares. Así hemos cambiado.
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