Son muchos los testigos que se pueden encender en el cuadro de tu coche y ninguno se debe ignorar, pero, mientras que con algunos se puede tener cierta tranquilidad, con otros es importantísimo actuar de inmediato.
Y es que no es igual de grave que se encienda el testigo que indica que el nivel del líquido limpiaparabrisas está bajo a que se ilumine el testigo de la temperatura en rojo. Si ves esta última luz: para ya.
Este testigo significa que tu coche tiene que pasar por el taller
Imagina que vas conduciendo por la carretera y de repente se enciende un testigo rojo en el cuadro de instrumentos de tu coche: es un termómetro que parece estar sumergido en un líquido. Si no le das importancia y sigues conduciendo, estarás cometiendo un gravísimo error porque es altamente probable que el motor de tu coche se averíe enseguida, te quedarás tirado y reparar la avería te va a costar un ojo de la cara.
Lo que tienes que hacer si ves este testigo es parar de inmediato. Ojo, siempre con la máxima seguridad, pero con la mayor brevedad posible porque está en riesgo la vida de tu motor, así que no te plantees esperar a la siguiente salida si circulas por la autovía y detente en el arcén.
¿Por qué? Muy fácil: ese testigo es el de la temperatura del motor y se enciende cuando hay un sobrecalentamiento. A menudo, cuando se enciende, también se dispara la aguja de la temperatura del refrigerante por encima de los 90 grados que suelen indicar una temperatura de funcionamiento normal en casi todos los motores (algunos son algo más fríos y otros algo más calientes).
Que el motor este más caliente de la cuenta es nefasto porque la mecánica tiene una temperatura de funcionamiento y no debe trabajar por encima de esa temperatura, puesto que hay un riesgo muy alto de que se rompan componentes clave, como la junta de la culata, la propia culata o, directamente, de que el motor se gripe y haya que tirarlo porque se produzcan daños irreparables.
Un motor se puede sobrecalentar por múltiples motivos. El más habitual es que exista una figa de líquido refrigerante, el líquido que se encarga de mantener a raya la temperatura del motor. Puede fugar por un sencillo manguito rajado, por el radiador, por la bomba de agua o por el propio bloque de motor. Si al coger el coche ves un charco debajo y no es aceite, sospecha.
El motor también se puede llevar un calentón porque el radiador esté obstruido, porque la bomba de agua se rompa o porque el ventilador no actúe cuando tiene que hacerlo para rebajar la temperatura del motor, por ejemplo, en pleno verano y subiendo un puerto de montaña donde se le exige un extra a la mecánica. También puede fallar el termostato y quedarse cerrado, impidiendo la circulación del líquido refrigerante y provocando que el motor alcance temperaturas muy altas.
Sea como sea, si ves el testigo, lo que tienes que hacer es parar y llamar a la grúa. No se te ocurra abrir el capó para buscar el depósito de refrigerante y abrirlo con la intención de revisar su nivel: con el motor caliente, hacer eso es una locura porque el líquido está hirviendo, puede saltar por la presión y provocarte quemaduras muy graves. Simplemente llama a la grúa para que llevar el coche al taller y, una vez allí, los mecánicos lo revisarán para dar con el motivo del calentón.
Si paras a tiempo, todo puede quedar en una anécdota y hay muchas posibilidades de que la reparación sea barata: si, por ejemplo, es un manguito por el que se pierde refrigerante, no te costará mucho arreglarlo. En cambio, si sigues conduciendo, la avería puede ser carísima, tanto que puede provocar que acabes mandando al desguace el coche.
Imágenes | Unsplash y Gemini
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