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Citroën ZX Volcane 1.9i, prueba de consumo

Citroën ZX Volcane 1.9i, prueba de consumo
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En esta ocasión toca una prueba un poco menos… rigurosa. El conejillo de indias fue un Citroën ZX Volcane, es decir, la versión más potente de su año, con motor 1.9i (XU9 JA/K) (130 CV) de inyección electrónica. Con ese motor, el ZX tenía unas prestaciones bastante respetables para su época, gracias en parte al poco peso del coche.

Necesitaba transporte para recoger otro coche, así que le dije a un amigo que me dejase el suyo, que lo que gastase, se lo pagaría. Él iría de copiloto hasta el punto de recogida. Llenamos el depósito hasta arriba y me puse al volante. Todo estaba caliente, hacía falta aire acondicionado, pero prescindimos de él.

No fue por repetir mi hazaña con el Dacia Logan (casi 500 km sin A/C en pleno verano) sino porque no tenía cargado el maldito gas. El consumo del coche se supone que son 8 l/100 km en conducción normal (90 km/h ~ 6 l/100 km), y los neumáticos son Toyo Proxes T1R, de dimensiones 195/50 R15. A ver a cuánto lograba bajarlo…

Motor 1.9i Citroen

El coche tiene poco más de 100.000 km, con el motor recién revisado, parto de la base de que está en buenas condiciones mecánicas. Hacía un sol de justicia y se notaba la falta de aire… apenas bajamos las ventanillas, eso estropea las medias, así que ventilación forzada a tope y a aguantar estoicamente el calor.

Procuré no superar los 90-100 km/h, acelerar con mucha suavidad y circular en la marcha más larga posible, en este caso quinta. Con este motor hay “bajos” suficientes para conducir a pocas vueltas, la respuesta del acelerador es ágil a nada que se aprieta. Olvidé decir que es la versión sin catalizar.

Cuando estábamos circulando por la M-30, en dirección Burgos, íbamos acompasados a la velocidad del resto de los coches. El calor empezaba a hacer estragos brutales sobre nosotros, luego nos bajamos con las camisetas totalmente empapadas. Todo parecía marchar sobre ruedas hasta que apareció el peor enemigo del conductor eficiente.

Javier Costas

El maldito atasco de la carretera de Burgos… aliñado con un éxodo masivo de madrileños al norte, justo cuando pasaba por ahí. La odisea empezó a la altura de Alcobendas. En estas condiciones es muy difícil gastar poco… Lo poco que puedes hacer es no tapar los huecos que se abren inmediatamente, sino con algo de demora, y acelerar lo justo.

Acelerar y frenar en primera a los pocos metros es lo peor que se puede hacer para gastar poco además de ir a máxima velocidad. Como estábamos en un atasco, se podía adelantar por la derecha, y como es el carril que más rápido suele ir, algo de tiempo ganamos (minutos más bien). Y el reloj corría, tenía que estar a las 18:00 o no llegaba.

El atasco tiene otro “problemita”, y es que cuando no tienes A/C estás vendido en verano. Bajando las ventanillas a tope no conseguimos mucho, porque el humo caliente del resto de los coches nos rodeaba, así que el remedio no era mejor que la enfermedad. Al menos, algo que se alivió el consumo…

Citroen ZX

Al cabo de 30 minutos recorrimos el mismo camino que en 5 en condiciones normales. Llegamos a tiempo por los pelos y recogí el coche, luego le di las llaves a él, pidiéndole que me siguiera hasta nuestra ciudad. En sentido de vuelta, no había tráfico. Volvimos a la autopista.

Me había llamado la atención que los desarrollos del coche son muy cortos. Pero algo me olió muy mal, ¿cómo era posible que a 3.000 RPM fuese a 100 km/h y a 4.000 RPM solo fuese a 120 km/h? Además, otro factor, mi amigo no pudo seguirme… y le dije que no pasase de 130 km/h.

Ahora es cuando os cuento que el tablero del coche está roto y la aguja del combustible no funciona. Vale, pues la del velocímetro tampoco, porque comprobé que apenas se movía si variaba de velocidad, y dándole un par de golpes secos con los dedos bajó. Pues igual me he llevado una “foto” por culpa del puto tablero.

Citroen ZX

En este coche la sensación de velocidad no se notaba excesivamente, unido a que llevaba las ventanillas levemente bajadas (lo justito), así que me despistó el cálculo subjetivo de velocidad. Mi intención, desde luego, era de no exceder los 120 km/h, sobre todo considerando que en la zona hay un radar.

Mientras me consumía en la incertidumbre de perder mi virginidad “radarística”, intenté ir a la velocidad de los demás y mi amigo acabó dándome alcance. Es posible que haya alcanzado casi 140 km/h en el tramo controlado, y me siento imbécil por no haberme dado cuenta. Encendí el GPS del teléfono móvil y determiné la relación velocidad real/RPM.

El truco estaba en no pasarme de tantas RPM, y tenía la seguridad de no ir más rápido. En la M-30 tuve que hacer el reajuste de nuevo, pues los radares de Gallardón están más afinados que los de Pere Navarro, y no quería pasarme ni un pelo de 90 km/h. Creo recordar que eran unas 2.200 RPM.

7,6 l/100 km

Llegamos a una gasolinera al lado de casa, y llenamos el depósito otra vez. Mi previsión era de unos 6 l/100 km, pero entonces me llevé la enorme “sorpresa”. ¡¡8,7 litros!! Más de uno diría que me llevé un “¡ZAS! en toda la boca”, y no lo voy a negar. Mi amigo me consoló diciendo que no era una mala media. 115 km con ese gasto es en total casi 7,6 l/100 km.

De acuerdo, el atasco, ventanillas algo bajadas y mi exceso involuntario y no percibido de velocidad subió la media un poco, quizás sin atasco y con un velocímetro que funciona bien (os juro que la aguja no pasó de 120 km/h en ningún momento) habría igualado o rebajado 7 l/100 km. Prefiero los motores modernos.

Cambiamos de llaves, ya no quería saber nada más de su coche. Puede que lo intente en otra ocasión, no sin antes comprobar que no me voy a topar con ningún éxodo de fin de semana sumado a vacaciones. Este intento no me ha salido bien. Me llega a pasar lo mismo con un híbrido y de 4 l/100 km no me habría pasado.

¡Córcholis!

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