Unos obreros estaban renovando el saneamiento de agua y alcantarillado en una céntrica calle de Skien (Noruega). Una trabajo mundano y rutinario que acabó en hallazgo arqueológico: descubrieron cómo se levantaban los edificios en las ciudades escandinavas hace 400 años.
Picando suelo para acceder a las tuberías, encontraron tres barriles de roble casi intactos. No estaban allí por casualidad: se trataba de un almacén de mezcla de mortero. Resulta que los constructores enterraban los recipientes para conservar los materiales de obra.
De una obra actual a la construcción del siglo XVII
Fue a finales de marzo cuando los operarios dieron con esta cápsula del tiempo enterrada. Lo primero que les llamó la atención fue lo bien conservados que se habían mantenido. Expertos arqueólogos acudieron al lugar. "Nunca antes habíamos visto una colección de barriles tan bien conservados, y teníamos mucha curiosidad por saber para qué se podrían haber utilizado", señaló Kristine Ødeby Haugan, directora de esta investigación arqueológica nacida de una obra civil.
Esos tres barriles estaban junto a un apisonador de madera y recubiertos por voluminosos depósitos de cal. Dentro de los tres barriles había cal apagada a su vez, un material clave para la elaboración de mortero. Esta mezcla de conglomerante era pues el que unía la mampostería para los acabados de los edificios. La cuestión es por qué habían sido enterrados así allí.
Cal para construir y conservar. Tras la investigación, la principal hipótesis de los arqueólogos es que los artesanos constructores escandinavos de la Edad Moderna enterraban los barriles para proteger la cal de las temperaturas bajo cero y así mantenerla químicamente estable para mezclarla posteriormente con agua y arena. Además, dado que encontraron cal compactada en el fondo con restos de escombros, determinaron que era una técnica habitual. Es decir, era un método que funcionaba.
No es casualidad que los barriles se conservaran en tan buen estado tras 400 años. Es cuestión de química: al enterrarlos se reduce su exposición al oxígeno y la cal que los envuelve crea una suerte de cápsula alcalina que protege la madera, postergando su descomposición. Por tanto la cal servía para preservar el barril y también como elemento de construcción.
Un almacén de obra centenario. Este hallazgo pues demuestra una avanzada técnica de cuatro siglos de antigüedad. A la par que sirve para confirmar la importancia de esta ciudad noruega como asentamiento portuario, incluso mucho antes pues hay capas debajo que datan del siglo IX.
En definitiva, esos tres barriles son una ventana abierta a como se construían casas y edificios en las ciudades en la fría y helada Noruega de hace siglos con los recursos que tenían a mano. Hoy, la cal se guarda en sacos y almacenes secos y de temperatura controlada. La forma de hacer lo mismo en el siglo XVII era enterrarla en el suelo.
Imágenes | NIKU (Instituto Noruego de Patrimonio Cultural)
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