El “camino de baldosas amarillas” del reino de Oz era real: una misteriosa carretera sumergida a más de 3.000 metros apareció en Hawái

Estas estructuras submarinas, además de albergar vida extrema, contienen metales críticos que despiertan el interés de la industria y la geopolítica

Camino Baldosas Amarillas
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Irene Mendoza

A más de 3.000 bajo la superficie del Pacífico, la presión es aplastante y la oscuridad absoluta. Lo sabe bien la tripulación del ‘Nautilus’, que no daba crédito cuando en una exploración rutinaria en la dorsal Liliʻuokalani (cerca de Hawái) hace 4 años dieron con un hallazgo asombroso: una especie de camino de baldosas amarillas perfectamente alineadas al más puro estilo de ‘El mago de Oz’.

Este hallazgo, localizado en el Monumento Nacional Marino Papahānaumokuākea, dejó atónitos a los investigadores del Ocean Exploration Trust, quienes llegaron a exclamar por radio que “se encontraban ante el camino hacia la Atlántida”. Sin embargo, detrás de esta sorprendente joya hundida se esconde una realidad fascinante que nos recuerda cuánto nos queda por descubrir aún en nuestro propio planeta.

Estamos más cerca de conocer Marte que nuestro propio abismo

Según datos de la Ocean Discovery League y la Scripps Institution of Oceanography, la humanidad sólo ha explorado visualmente entre el 0,0006 % y el 0,001 % del fondo oceánico. Es decir, hoy en día tenemos mapas más detallados de la superficie de Marte que del lecho marino terrestre.

En este caso, aunque el hallazgo pueda inspirarnos “algo de fantasía” por su estética, lo interesante es que lo que parece un suelo o carretera construido a mano antes de quedar sumergida, como sucedió por en ejemplo en Croacia, aquí estamos antes un acaso de geología pura y dura. Casi extrema.

En concreto, lo que el equipo del Nautilus identificó realmente es un flujo fracturado de roca hialoclastita: una roca volcánica que se forma en erupciones de alta energía donde los fragmentos se depositan en el fondo marino. Según sus datos, las llamativas fracturas en ángulos de 90 grados, que simulan baldosas puestas a mano, son el resultado de tensiones de calentamiento y enfriamiento tras múltiples erupciones en un margen que los científicos describen como una corteza horneada.

Más allá de lo curioso de este hallazgo a nivel visual, estos montes submarinos son laboratorios de vida extrema, pues en estas rocas viven comunidades microbianas que sobreviven en condiciones límite, sin luz. El estudio de estos microorganismos, además de tener aplicaciones biotecnológicas en la Tierra, sirve de puente para que la astrobiología pueda entender cómo prospera la vida aquí y nos da pistas para buscarla en lunas heladas como Encélado.

Un mapa base para proteger lo desconocido

Pero no todo queda en la curiosidad científica. En estas formaciones también se han encontrado basaltos recubiertos por costras de ferromanganeso, ricas en metales críticos. Estos materiales son el motor de la industria tecnológica moderna y la movilidad eléctrica, lo que convierte a estos parajes en puntos de interés no solo para la ciencia, sino para gobiernos que debaten hoy la delgada línea entre la conservación y la explotación minera.

La zona del hallazgo forma parte de una de las mayores áreas de conservación marina del mundo, pero como bien señalan los expertos, “lo que no se conoce no se puede proteger adecuadamente”. Sólo se ha explorado el 3 % de este Monumento Nacional, por lo que estas misiones funcionan como un mapa base esencial para futuras decisiones políticas y ambientales sobre el ecosistema más grande de la Tierra. Así, este camino de baldosas amarillas no nos lleva a una ciudad mágica, pero sí nos guía hacia una comprensión más profunda de la geología y el futuro de nuestro planeta.

Imágenes | EV Nautilus

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