Para gran parte del mundo, el hidrógeno verde es algo anecdótico e incluso tecnología de futuro, pero no para China. El gigante asiático ha decidido tratarlo como infraestructura estratégica y las autoridades del país ya han dado luz verde al primer gasoducto interprovincial dedicado a transportar hidrógeno renovable, una obra pionera que conectará la región productora de Mongolia Interior con Pekín.
Este proyecto, conocido como West Hydrogen East Transmission Pipeline, está liderado por la petrolera estatal Sinopec y nació en 2023 como una iniciativa estratégica dentro del plan nacional del hidrógeno chino para reducir emisiones, abaratar el transporte del hidrógeno renovable y garantizar suministro a industrias de alto consumo energético en la región de Pekín-Tianjin-Hebei. Tras recibir las principales autorizaciones administrativas en 2025, ya ha entrado en fase de construcción.
El gasoducto que puede cambiar el mercado del hidrógeno
La tubería superará los 400 km entre Mongolia Interior y Pekín, con una capacidad inicial de 100.000 toneladas anuales de hidrógeno verde. No obstante, según la propia Sinopec el diseño “prevé una futura ampliación hasta 500.000 toneladas al año”, una escala que convertiría esta infraestructura en una de las mayores redes dedicadas al hidrógeno del mundo.
Una de las claves de esta obra faraónica que situaría a China en otra liga dentro del transporte de hidrógeno es la geografía que atravesará. Mongolia Interior concentra algunos de los mayores recursos eólicos y solares del país, perfectos para producir hidrógeno mediante electrólisis. El problema, hasta ahora, siempre fue moverlo de forma rentable hasta los grandes centros de consumo.
Transportar hidrógeno por carretera en camiones cisterna resulta caro, lento y poco eficiente a gran escala. Un estudio publicado en ScienceDirect dentro del International Journal of Hydrogen Energy concluye que, “para distancias superiores a 300 km, una tubería puede recortar entre un 60 % y un 75 % los costes logísticos frente al transporte terrestre”.
Ese mismo análisis señala algo importante: las 100.000 toneladas anuales serían el umbral mínimo rentable, pero el verdadero salto económico llegaría con 500.000 toneladas. En ese escenario, el hidrógeno verde producido en el oeste chino podría competir de forma directa con combustibles fósiles en Pekín.
El gran objetivo de este proyecto no son los coches de hidrógeno, sino la industria pesada: refinerías, petroquímica, acero, fertilizantes y procesos donde electrificar no siempre es sencillo. Sustituir hidrógeno gris fabricado con carbón o gas por hidrógeno renovable tendría un impacto climático mucho mayor que vender unos pocos turismos o unos cuantos camiones.
China parte con una ventaja difícil de igualar para tener éxito en esta nueva misión: ya es el mayor productor mundial de hidrógeno, con unos 36,5 millones de toneladas anuales sumando todas las tecnologías (aunque la mayor parte todavía procede del carbón y del gas). Al mismo tiempo, según datos oficiales chinos, concentra cerca del 50 % de la capacidad mundial instalada de hidrógeno verde.
Por eso ahora además de producirlo importa poder llevarlo donde realmente hace falta: a los grandes polos industriales. Si se cumplen los plazos anunciados por Sinopec, la primera fase debería entrar en servicio en 2027. Y cuando eso ocurra, China habrá pasado de hablar del hidrógeno como promesa a usarlo como infraestructura real a escala industrial y una estrategia difícil de seguir para el resto del mundo.
Imágenes | Unsplash, Science Direct
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