Al final de la Guerra Fría, comenzada la década de los 80, Arabia Saudí necesitaba renovar su flota militar con un nuevo tanque para su ejército. Así que realizó una "casting" internacional para evaluar varias propuestas. A esta selección se apuntó inesperadamente una empresa brasileña, fabricando desde cero un carro de combate: el EE-T1 Osório.
Este tanque sorprendió a nivel tecnológico y hasta logró superar en varias pruebas a los tanques europeos y estadounidenses. Pero este David contra Goliat quedó en la nada: finalmente Arabia Saudí optó por el M1 Abrams. Supuso la quiebra de la compañía y que el EE-T1 Osório fracasó, no pasando nunca de prototipo.
Así era el EE-T1 Osório
Engesa fue quien se embarcó en este reto mayúsculo de conseguir imponerse a los tanques de las potencias occidentales. Esta firma especializada en vehículos militares había dado forma a blindados que habían cosechado el éxito, pero no había entrado nunca en el negociado de los tanques. El EE-T1 Osório, fue pues su primera apuesta en el segmento de los tanques principales de combate (MBT por sus siglas en inglés). Supuso su fin.
El Osório era similar en tamaño al Leopard europeo y al M1 Abrams norteamericano, superando los 10 m de largo en su variante más letal incluyendo el cañón principal. Hacía gala de los componentes y tecnología más modernos del mercado en ese momento.
Por ejemplo el blindaje bimetálico, con una combinación de acero, aluminio, cerámica y fibras de carbono. Desarrollado por Engesa, estaba compuesto por varias capas, siendo muy efectivo para detener proyectiles y cargas huecas, sin disparar el peso del tanque. También equipaba una suspensión hidroneumática, diseñada para mejorar su movilidad y maniobrabilidad en terrenos complicados.
Para el motor, en vez de una pesada y "gastona" turbina de gas como la que equipaba el M1 Abrams, Engesa optó por un bloque diésel alemán: el Motorenwerk Mannheim MWM 834. Este motor sobrealimentado de 21,63 litros era un V12 con una potencia de 1.040 CV. Tomaba el combustible de un depósito de 1.380 litros, firmando una autonomía de 550 km. La transmisión escogida fue una ZF Friederichshafen AG automática e hidromecánica de cuatro velocidades: con embrague de bloqueo del convertidor de par, permitía reducir el consumo y limitar calentamientos. Alcanzaba unos 77 km/h en carretera asfaltada y unos 50 km/h en tierra.
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EE-T1 Osório (Brasil) |
M1 Abrams (EEUU) |
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Peso en combate |
~43 toneladas |
~60 toneladas |
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mecánica |
Diésel MWM (1.040 CV) |
Turbina de gas (1.500 CV) |
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Autonomía |
~550 km |
~420 km |
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Evaluación Saudí |
Vencedor de las pruebas dinámicas |
Superado en movilidad y consumo |
También destacaba por su armamento, que daban nombre a las dos versiones del EE-T1 Osório. El cañón principal del más comedido (EE-T1 P1) era el L7 de 105 mm origen británico. Y el del EE-T2 era un brutal cañón francés GIAT G1 de 120 mm de ánima lisa, orientado a competir en el mercado internacional, especialmente el concurso saudí. Con 52 calibres de longitud (L/52), superaba al entonces estándar occidental Rheinmetall Rh-120 L/44, lo que se significaba una mayor velocidad inicial del proyectil.
Humillando a los gigantes occidentales
Con estos ingredientes, el EE-T1 Osório se presentó a la evaluación saudí, basada en exigentes pruebas en terreno real. Se analizó junto al M1A1 Abrams estadounidense, el AMX-40 galo y el británico Challenger 1, estos dos últimos igualmente diseñados para el mercado de exportación.
Estos carros de combate debían completar 2.350 km, de los cuales 1.750 km eran era arena y tierra, superar zanjas de tres metros de ancho, acometer pendientes de hasta el 65 % desde parado, circular en inclinaciones laterales del 30 %, remolcar otro tanque de 35 toneladas durante 10 km, recorrer 6 km marcha atrás o soportar largas horas con el motor funcionando bajo temperaturas extremas. Igualmente se puso a prueba su armamento, contra objetivos fijos a una distancia de hasta 4.000 m o en movimiento (hasta 1.500 m).
Según detalló el entonces director técnico de Engesa, el Osório sacó mejor nota que el resto en varios de estos test. "En las pruebas de tiro y alcance, el Osório superó con creces a su rival estadounidense. En las pruebas de tiro, fue el único en alcanzar un objetivo fijo a 4000 m. También se realizó una prueba con objetivos móviles a distancias de 1500, 2000 y 2500 m, con un total de 12 disparos: el Osório alcanzó ocho; el M-1 Abrams, cinco; y los AMX-40 y Challenger solo uno". Igualmente se impuso en autonomía.
Los finalistas en estos test fueron el Osório brasileño y el Abrams estadounidenses, cumpliendo aún más las expectativas tanque latinoamericano.
La "traición" saudí y el adiós al tanque brasileño
Aunque en 1988, Arabia Saudí llegó a anunciar su intención de comprar 318 unidades del tanque brasileño, bautizado como "Al Fahd", por unos 7.200 millones de dólares, la transacción nunca se hizo efectiva. Y en su lugar en 1990 rubricaron un contrato con General Dynamics acordando la adquisición de 315 del Abrams M-1A2, una variante mejorada del tanque estadounidense que no participó en las pruebas.
Hay analistas que señalan que en realidad estas pruebas de los sauditas fueron un mero movimiento para presionar a EEUU y que les vendiera su variante más moderna del M1 Abrams. Además, cuando estalló la Guerra del Golfo, y ante el despliegue masivo de EEUU, ambos países reforzaron su alianza militar.
Esto supuso la muerte de Engesa, que asumió una millonaria inversión ligada a que Arabia Saudí comprara el tanque. Los números bailan según fuente, pero las cifras apuntan a un gasto de entre 50 y 150 millones de dólares entre desarrollo y fabricación de los prototipos. Sin el contrato saudí la situación fue insostenible para Engesa, que ya arrastró problemas financieros durante el desarrollo del Osório. Al no poder recuperar la inversión, la compañía suspendió pagos en 1990 y finalmente se declaró en quiebra en 1993.
El legado del EE-T1 Osório es que dos de sus prototipos acabaron convertidos en piezas de museo, ya que el resto fue desguazado para vender sus piezas en un intento de Engesa por sobrevivir. Incluso llegaron a incorporarse al ejército, pero sin entrar realmente en servicio y, en 2013, pasaron a ser piezas de exhibición. El prototipo EE-T2 con cañón francés 120 mm está en el Centro de Instrucción Blindada, mientras que el de cañón británico se puede visitar en el Museo Militar Conde de Linhares (Río de Janeiro).
Imágenes | Museo Militar Conde de Linhares, Wikimedia
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