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La grandeza la observé en la pista; la vileza no la escuché por radio

La grandeza la observé en la pista; la vileza no la escuché por radio
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En las últimas diez vueltas del Gran Premio de Inglaterra, Sebastian Vettel y Fernando Alonso ofrecieron un magnífico espectáculo, mostrando lo mejor de sus grandes talentos sin importar que tanto esfuerzo y riesgo sea apenas por un quinto lugar. Esa pugna electrizante que mantuvo en vilo a los espectadores resultó lo más memorable de la carrera, y de lo que va de temporada. Sin embargo, el personal encargado de supervisar las transmisiones entre pilotos y equipos, decidió publicar las declaraciones tanto de Vettel como de Alonso; el resultado no pudo ser más contraproducente.

Más allá de intentar enaltecer la grandiosa demostración en pista, los responsables de la transmisión expusieron a los pilotos a la vergüenza pública sin detenerse a reflexionar sobre el fragor de la lucha y las reacciones humanas propias de unos deportistas de élite. Al final, la exhibición pasó a segundo plano y resultó mancillada por decisión de un grupúsculo que necesita desacreditar a sus propios campeones para que los fanáticos más furibundos enciendan sus más bajas pasiones y se ataquen verbalmente.

El publicar las trasmisiones de radio ya tiene unos cuantos precedentes nefastos y todavía no hay correctivos al respecto. No niego que la comunicación es importante, pero resulta cuando menos nauseabundo que sean los mismos representantes de la Fórmula 1 y de la Federación Internacional del Automovilismo los que aprueben y además promuevan estas cosas, vaya usted a saber con qué intenciones. Tal vez para devaluar la categoría y renegociar sus derechos a precio de gallina flaca. Porque más allá de regalar la materia prima para que los medios amarillistas más extremos destrocen a los verdaderos protagonistas del espectáculo, incluso pisoteando el legado de aquellos que convirtieron a la Fórmula 1 en la cima del automovilismo, no asimilo la razón de ser de tal estrategia.

Solo habría que detenerse a analizar la situación. El transmitir los mensajes de radio se originó como una medida para evitar las órdenes de equipo, y ya sabemos que no funcionó. Sin embargo, los responsables de la transmisión también sacan al aire aquellas comunicaciones que consideran relevantes, unas hablan de estrategias, otras del estado de la mecánica, la electrónica, los neumáticos, el combustible y diversos asuntos de índole técnico. Hasta allí todo va bien. No obstante, al parecer no existe ni criterio ni respeto para con los pilotos, sino que cada vez se intenta crear polémicas mediante la selección de mensajes para presentarlos como seres vulgares e incorrectos.

Es una vergüenza para el deporte profesional lo que estos encargados de la Fórmula 1 están haciendo. Algo absolutamente absurdo, es como hablar mal de la familia y sentirse orgulloso de ello.

¿Cuál es el interés de convertir a la Fórmula 1 en un reality show?

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