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Circuitos exóticos de la Fórmula 1: Pescara

Circuitos exóticos de la Fórmula 1: Pescara
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Retomando una serie que inicié hace casi dos años con el circuito del Caesar’s Palace, y aprovechando el parón que realiza la Fórmula 1 en verano, hoy le llega el turno al circuito de Pescara. Un trazado que sólo albergó una carrera del gran circo, el Gran Premio de Pescara de 1957. Fue la primera y última vez que la Fórmula 1 recaló en tan pintoresco circuito, cita en la que se congregaron más de 200.000 espectadores.

Este trazado ostenta el récord de ser el más largo que ha albergado un gran premio de Fórmula 1, gracias a sus casi 26 km de longitud. También fue uno de los primeros en tener una chicane por cuestiones de seguridad, para reducir la velocidad de los coches antes de la entrada al pitlane.

El circuito se inauguró en 1924 y la chicane se introdujo en 1934. Su recorrido permanecería prácticamente invariable a lo largo de su vida. Éste estaba compuesto por dos rectas con un giro casi en ángulo recto para conectarlas. Una sección algo más revirada servía de enlace entre ambas. La recta de meta discurría en paralelo a la costa del Mar Adriático durante más de 6 km.

Circuitos exóticos de la Fórmula 1: Pescara

El único Gran Premio de Pescara que se disputó lo ganó Stirling Moss, después de casi 3 horas de carrera en las que dio un total de 18 vueltas. Segundo acabó Juan Manuel Fangio, a casi 3 minutos del ganador. Tanto la vuelta rápida como la pole se realizaron en poco menos de 10 minutos, buena muestra de la exagerada extensión del circuito de Pescara.

Conviene indicar que en 1957 fue la primera vez que la Fórmula 1 tuvo en su calendario dos pruebas celebradas en el mismo país, el Gran Premio de Pescara y el Gran Premio de Italia, en Monza.

El trazado siempre tuvo fama de peligroso, al igual que Nürburgring-Nordschleife y la antigua configuración de Spa-Francorchamps. El circuito de Pescara albergó su última carrera en 1961, momento en el cual los organizadores decidieron cerrarlo debido a las dificultades existentes para garantizar la seguridad, tanto de los pilotos como de los espectadores.

El circuito de Pescara pertenece a aquella época en la que los pilotos eran auténticos valientes, a veces hasta inconscientes, que literalmente se jugaban la vida en el asfalto.

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