En el Reino Unido de los años 90, los niños morían entre el quirófano y la unidad de cuidados intensivos. A pesar de haber padecido una operación cardíaca con éxito, muchas de esas pobres criaturas no sobrevivían al traslado hacia la habitación para su recuperación. Eso, en el seno del mismo hospital. Y ocurría incluso en los mejores hospitales del país.
Hasta que un día, a uno de esos cirujanos, viendo un gran premio de F1 en la sala de descanso de los médicos, se le ocurrió pedir ayuda a un equipo de mecánicos de la Fórmula 1, quizá verían algo que estaban haciendo mal.
"Pensaron que eramos unos inútiles"
En los años 90, la tasa de mortalidad infantil entre el bloque operatorio y la unidad de cuidados intensivos, donde deberían recuperarse, se disparó. Una investigación sobre una crisis en el Bristol Children's Hospital reveló que el traslado desde el quirófano hasta la unidad de cuidados intensivos era, en sí mismo, peligroso porque el personal médico hacía que fuera peligroso, a pesar de todas sus buenas intenciones.
La investigación dio con el problema, pero nadie del cuerpo médico daba con una solución. Hasta que un día, el profesor Martin Elliott propuso pedir ayuda a los equipos de Fórmula 1. ¿Cómo unos mecánicos iban a poder ayudar a todo un equipo médico y de enfermería en protocolos postoperatorios? Son dos campos que a priori no tienen nada que ver.
Nigel Mansell, Jerez 1990
“Básicamente, estábamos agotados un domingo al mediodía”, cuenta el profesor Elliott al Sunday Times. “Habíamos operado el sábado, realizado un trasplante el sábado por la noche, otra operación el domingo por la mañana y nos desplomamos frente al televisor. Estaba sentado allí con Allan Goldman, un colega sudafricano, y vimos una parada en boxes de McLaren”.
“Era algo muy rápido, cuando repostaban en aquellos días, y hubo unas cuantas tomas que de repente nos recordaron el problema al que nos enfrentábamos. Básicamente, si miras la parada en boxes desde arriba, ves al piloto en el coche y a toda la gente que cuida de ese preciado paquete, y cuando miras a un bebé en una camilla que se traslada de un lugar a otro, es lo mismo”.
Si los mecánicos de boxes de la F1 pueden cambiar neumáticos y repostar combustible en siete segundos con una comunicación impecable y sin margen para el error, ¿por qué no pueden hacer lo mismo los equipos médicos al trasladar a frágiles recién nacidos?
Profesor Martin Elliott.
Elliott y su colega le pidieron ayuda al mejor equipo de entonces, McLaren. No solamente lo ganaba todo en F1, también en Le Mans y en esa época había lanzado al mercado el McLaren F1, una maravilla de ingeniería cuyos récords se mantuvieron durante décadas hasta la llegada de Bugatti bajo la era Volkswagen.
McLaren dio con una solución muy al estilo de McLaren, una obra maestra de ingeniería. Idearon una mesa de operaciones multifuncional que también era una camilla y una cama de cuidados intensivos. Un todo en uno en el que ya no hacía falta trasladar al infante. Obviamente, el aparato costaba una fortuna y el NHS -el sistema de salud pública británico- no iba a pagarlo. No habían avanzado nada.
Más tarde, en una conferencia, Elliott conoció a un alto cargo de Shell, patrocinador histórico de Ferrari. Este les dio un contacto en la Scuderia Ferrari en Maranello. Consiguieron una beca de investigación que permitió la colaboración entre Ferrari y el Great Ormond Street Hospital de Londres.
A continuación, Ferrari invitó a los médicos a Maranello, donde los ingenieros y el equipo de boxes de Ferrari analizaron vídeos de traspasos de bebés. Compararon procesos en el hospital y procesos en boxes. ¿El veredicto? “Pensaron que éramos unos inútiles”, recuerda Elliott.
Los traspasos eran deficientes, ruidosos y descoordinados, sin un liderazgo claro. La mejora del trabajo en equipo médico se convirtió en una prioridad urgente, y los mecánicos de carreras se convirtieron en los insólitos maestros de la medicina en lo que sería una de las mayores contribuciones de la Fórmula 1 a la vida cotidiana.
En Ferrari se dieron cuenta de que las buenas intenciones del equipo médico eran unos de los problemas cuando se juntaban con la falta de coordinación, de protocolos de actuación y de definición de tareas. Así, por ejemplo, si durante el traslado una sonda o un cable se desconectaba, tres personas se apresuraban a volver a enchufarlo. Tampoco hay una persona que coordine la tarea del traslado.
En una parada en boxes, hay un líder -el que dará la señal al piloto de que puede volver a salir- y cada mecánico tiene un papel y una tarea bien definida, sólo han de preocuparse de su tarea. La disciplina, que impide que el mecánico que está repostando vaya a ayudar a un mecánico cuya pistola hidráulica se ha atascado, hace que la parada en boxes pueda ser un éxito. No hay 12 personas corriendo de un lado a otro del coche como pollo sin cabeza, cada uno tiene una tarea y se ciñe a ello.
Así, la colaboración entre Ferrari y el equipo médico del Great Ormond Street Hospital introdujo funciones de liderazgo claras, protocolos formalizados y supervisión de datos. Al igual que los mecánicos de boxes, cada miembro del equipo médico tenía ahora una función definida con precisión.
Tras poner en práctica las enseñanzas adquiridas en Ferrari, el número medio de errores técnicos por traspaso se redujo en un 42 % y las “omisiones en el traspaso de información” disminuyeron en un 49 %. Los resultados fueron revolucionarios, ya que se salvaron miles de vidas de bebés gracias a la mejora de la seguridad y la eficiencia en la cirugía cardíaca pediátrica en todo el mundo.
Ferrari no fue el único equipo de Formula 1 en ayudar a los hospitales en su funcionamiento. El equipo Williams F1 ayudó posteriormente al Hospital Universitario de Gales, en Cardiff, para aplicar técnicas de parada en boxes a los protocolos de reanimación neonatal.
El equipo del hospital trazó planos estandarizados de las salas de partos, con áreas delimitadas copiando los diseños personalizados que Williams utilizaba en los boxes de los circuitos. Codificaron por colores los carros de equipamiento, implementaron comprobaciones por radio antes de los procedimientos e introdujeron señales manuales para sustituir la caótica comunicación verbal en momentos críticos.
Todo empezó en un hospital para niños, pero esos protocolos de actuación, de coordinación y disciplina se implementaron progresivamente en todos los hospitales del mundo, salvando innumerables vidas. Y todo porque un día, un par de médicos, decidieron que quizá podrían pedir ayuda a unos mecánicos, dejando a un lado su ego y las presiones profesionales de que sólo unos médicos podrían dar con la solución.
Imágenes | Francesco Crippa, United Autosports, Jamesfranklingresham, Alexandre López, Schneiderin72
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